Me encontré con Nuestra Señora de Fátima

22/05/2018

Nuestra Señora nos ayuda a superar las dificultades de la vida

Mi historia con la Madre de Jesús comenzó con Nuestra Señora de Fátima. Yo nací en la Parroquia Nuestra Señora de Fátima del Imirim en la ciudad de San Pablo. Ella me acogió, pues mi parto fue realizado en casa. Yo viví en esta misma casa hasta casar. Nací en el día de San Juan Apóstol, aquel que adoptó Nuestra Señora como madre, después de la muerte de su Hijo Jesús.

Foto: Archivo CN

Foto: Archivo CN

Me recuerdo del tiempo de niña, de las Aves Marías que yo rezaba en las casas, en las calles del barrio o en la parroquia, donde era grande la difusión del Rosario; además, así como nosotros decimos que, en Canción Nueva, fue María quien lo hizo todo. Podemos afirmar que Nuestra Señora de Fátima hizo el barrio Imirim, pues todo comenzó después de la construcción de la Iglesia.

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Momento de dolor: la muerte de mi padre

A los seis años de edad, perdí mi padre, que murió ahogado en una romería que nuestra parroquia realizó en Salto de Itu en Brasil. Padre Constâncio Dalbezio, Vigario Geral, vino darnos la dolorosa noticia. Durante el velorio, me recuerdo, sin entender mucha cosa, que dormí en la casa de la vecina al lado, oyendo las Aves Marías.

El entierro fue a pie, por la avenida principal del barrio del Imirim. Rezando las Ave Marías, el cuerpo de mi padre, llamado Francisco, fue trasladado hasta el cementerio. Antes, aún pasó delante de la Iglesia Nuestra Señora de Fátima. Era el adiós de un hijo, que, muchas veces, fue electricista de la Iglesia y cantó músicas en las fiestas. Él era de la Hermandad del Santísimo Sacramento.

Nuestra Señora de Fátima y la ayuda espiritual y material de los padres misioneros de la Consolata fueron la fuerza y el ánimo para mi madre. A pesar de trabajar de empleada doméstica y cuidar de la casa y de los hijos, mí madre encontraba tiempo para participar de la Legión de María y visitar los enfermos.

Toda mí juventud pase trabajando en esta Parroquia Nuestra Señora de Fátima. Debo mucho a la Madre mí vocación como madre, esposa, educadora y formadora de mis hijos.

Hoy, puedo gritar, con usted de la familia Canción Nueva, a los cuatro rincones del mundo: “¡Soy consagrada al Inmaculado Corazón de Nuestra Señora de Fátima!”

Gracias, Nuestra Señora de Fátima, por su presencia en mí vida desde mi nacimiento.

Marina Adamo
Tradución de ‘Canção Nova’