Testimonio de experiencia con San Juan Diego

09/12/2016

Una viaje a México y la espiritualidad presente en Guadalupe

Hace unos cuantos años tuve una gracia muy especial, pude realizar un viaje a México, y, estando allí, un destino obligado del recorrido, por supuesto, fue Guadalupe; lo hice junto a otras personas en un “tour” y guiado por un hombre del lugar. Llegamos a la plaza frente a la Basílica, escuchamos las explicaciones históricas e ingresamos, tuvimos un momento para recorrer y luego escuchar mas explicaciones sobre la hermosa arquitectura del lugar: inmenso, maravilloso, clásico y a la vez muy moderno, no encontraría muchas palabras para describir bien lo que allí estaba contemplando. El recorrido incluía otros lugares, así que subimos al micro y hacia allá nos dirigimos. De regreso en el hotel me puse a revisar fotos y repensar aquella experiencia… fue una sensación muy extraña: aquello que había anhelado conocer durante tanto tiempo, tenia “sabor a poco”.

¡Esto no se podía quedar así!, al día siguiente, bien temprano, pregunté que transporte público llegaba hasta la Basílica y allí me fui, mochila al hombro, un mapa en el teléfono y las ganas en el corazón de “reivindicar” esta experiencia.

San Juan

Foto: Archivo personal

Llegué tempranito y consulté en que horario podía concelebrar la Eucaristía, y así comenzó la aventura de redescubrir el “fenómeno guadalupano” del que tantas veces había escuchado hablar.
Recorrí los lugares con mucha tranquilidad, me dejé llevar por las “cintas” frente a la imagen bendita, una, dos, tres… no se cuantas veces crucé frente a ella (ya que uno no se puede quedar parado en ese lugar). Su belleza llena de imperfecciones y defectos es cautivante. Un poco mas tarde, al celebrar la Eucaristía la tenía un poco mas cerca, la miraba de reojo, le sonreía… y le pedía insistentemente por esta querida América tan bella en sus imperfecciones y defectos.

La experiencia de mi visita ya había cambiado, pero aún faltaba lo mejor, subir a la capilla del Cerrito, ese lugar que nos recuerda el encuentro, ese encuentro tan fecundo con Juan Diego… perdón… ¡San Juan Diego!

Y allí estaba, recorriendo los escalones que me llevaban a esos santos lugares, como reza uno de las placas en las paredes: “La tierra que pisas, peregrino, es sagrada, pues también la pisó María cuando en esta colina se apareció a Juan Diego”, cuando leí esta inscripción encontré en parte la respuesta a lo que venía pasando, no basta pasar por el santuario como turista, hay que convertirse en peregrino, solo así podremos comprender plenamente lo que llevó Juan Diego a confiar en esta bella dama que le transmitía un mensaje y le encomendaba una misión.

Estuve allí en la tierra donde, entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531, la Mujer vestida de Sol se mostró a Juan diego y le dijo: “¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?”; allí, donde vivió Juan Diego a sus pies, hasta 1548.

Fijémonos en este día en su figura, en la del mensajero, la del pequeño, “Juan Dieguito”.

Traigo a estas líneas las palabras de otro santo, Juan Pablo II, que en el día de la beatificación lo nombraba como “el confidente de la dulce Señora del Tepeyac”, que hermosa imagen esta, confidente de su madre, quien le presta el oído y el corazón, en aquella celebración (6 de mayo de 1990) destacó algunas de su virtudes cristianas: “su fe sencilla, nutrida en la catequesis y acogedora de los misterios; su esperanza y confianza en Dios y en la Virgen; su caridad, su coherencia moral, su desprendimiento y pobreza evangélica”, en resumen, fe, esperanza y caridad vividas profundamente.

El camino recorrido por Juan Diego no fue sencillo, no voy a relatar aquí lo que ya múltiples biografías suyas nos recuerdan sobre las idas y venidas de sus encuentros con la Señora del Cielo, ni de las experiencias de “fracaso y frustración” en sus diálogos con el obispo, solo será bueno recordar que ese camino es el camino de la santidad, no es un camino en línea recta, ni tampoco está sembrado de rosas (las que aparecen las encontramos en los lugares menos pensados), pero verdaderamente es el camino que nos conduce al lugar donde debemos estar, al regazo donde reposamos, al hueco del manto donde nos acurrucamos.

.:San Juan Diego, el águila que habla

El mismo Juan Pablo II fue quien presidió la ceremonia de canonización, en ella recordaba otras virtudes de este gran santo de nuestro tiempo cuando decía aquel 31 de julio 2002: “En el nuevo santo tenéis el maravilloso ejemplo de un hombre de bien, recto de costumbres, leal hijo de la Iglesia, dócil a los pastores, amante de la Virgen, buen discípulo de Jesús”, no son simples características las que se nos recuerda, son las notas esenciales de la vida cristiana. ¡Qué buen examen de conciencia podríamos hacer con estas seis notas que nos regaló Juan Pablo II!

La vida y la santidad de este hombre de Dios, Juan Diego, deben ser un llamado permanente para todos nosotros y recordarnos la responsabilidad que tenemos “en la transmisión del mensaje evangélico y en el testimonio de una fe viva y operante”, Juan Diego fue dócil a la voz de Dios que se manifestó en la persona de María, la Madre del Cielo, así también deberá ser nuestro camino de santidad, un oído atento a lo que Dios tiene para decirnos y unos pies dispuestos a cumplir su voluntad.

¡Amado Juan Diego, “el águila que habla”! Enséñanos el camino que lleva a la Virgen Morena del Tepeyac, para que Ella nos reciba en lo íntimo de su corazón, pues Ella es la Madre amorosa y compasiva que nos guía hasta el verdadero Dios. Amén. (san Juan Pablo II)

¡San Juan ruega por nosotros!

Padre Martin Daniel Gonzalez
Arquidiócesis de Corrientes – Argentina

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