Madre de la Misericordia

María es Madre de la Misericordia

Necesitamos la gracia y la misericordia de Dios, la cual fue proclamada por el Papa Francisco. Y la misericordia de Dios tiene un nombre: ¡Jesús!

¿Cómo entraron en este mundo la gracia y la misericordia de Dios? Es importante que comprendamos el inicio de la miseria para acogernos a la misericordia.

Por causa de Eva, entró el pecado en el mundo, pero por causa de María vino la salvación

Les hago una pregunta basada en cinco aspectos importantes, para que puedas responder:

 Un día existió una 1) mujer 2) virgen 3) inmaculada 4) novia de un hombre y 5) visitada por un ángel. ¿Cuál era su nombre? ¿María? ¡No! Su nombre era Eva. Si, ella poseía todos esos atributos, pero el ángel que la visitó fue la antigua serpiente. Dios permitió que el camino de salvación para la humanidad fuese semejante al de la perdición, o sea, por medio de una mujer la miseria entró a la humanidad, y por medio de otra Mujer, la salvación vino al mundo.

Padre Paulo Ricardo _Dentro

Foto: Wesley Almeida/cancaonova.com

Jesús es el único intermediario entre Dios y el hombre, imaginen un gran puente, bien cimentado, y ese cimiento está en el hecho de que Él es verdadero Hombre y verdadero Dios, pues vino al mundo por una mujer y es hijo de Dios. Cuando el Padre inició ese proyecto para la construcción de un puente que reconectase el hombre a Él, golpeó la puerta de Aquella que daría las licitaciones humanas para ese puente: María.

Si deseáramos que Dios entre en nuestra vida, necesitamos abrir nuestro corazón a Él y a María. Interesante la providencia, que providencio este sábado del Encuentro PHN, en el cual hablaremos de la misericordia de Dios, en que coincide con el día de Nuestra Señora del Carmen.

La espiritualidad carmelita nos enseña algo típico de la espiritualidad cristiana: si tú estás en estado de gracia, en amistad con Dios, sin pecado mortal, El habitara en tu corazón como un amigo.

Nuestros corazones deben ser jardines de Dios

Si volvemos al libro de Génesis, veremos que después que el hombre pecó, Dios descendió al jardín para pasear por el paraíso al caer la tarde. Miren ¡qué privilegio! Lo interesante es que cuando somos salvos y santificados, Dios igual que en el Edén, viene a estar con nosotros en nuestro corazón. Con el bautismo, recuperamos aquello que Eva perdió.

Si el corazón del que es salvado se asemeja al Edén, y Dios viene a habitar y a pasear con nosotros, ¡imagina el corazón de María, el corazón de la mujer que fue elegida para participar del proyecto de salvación de Dios para la humanidad! Busca en la Biblia: ¿Cuántas veces vemos a un ángel exaltando a un ser humano? Generalmente, vemos a los ángeles tranquilizando a las personas, pero ese no fue el caso de María, pues el ángel se le apareció y exaltó su virtud.

Dios podría simplemente salvar a toda la humanidad, pero, como por una elección nuestra vino la perdición para toda la humanidad también debía ser una actitud nuestra la que acepte la gracia de Dios. Lo interesante es que todo se hizo por un ser humano que vivió de la fe. Eva es la madre de la miseria, María es madre de la Misericordia. Jesús hizo de ella Madre de los miserables, que somos nosotros.

María no tiene asco de sus hijos

Cuando Jesús estaba en el Calvario, miró y vio allí a su Madre, y junto a ella a su discípulo amado. Cuando vio a San Juan, Jesús vio en él nuestro rostro, por eso dijo: “He ahí a tu Madre”. María tuvo a su Hijo santo y puro, pero no tiene asco de recibirnos a nosotros, hijos leprosos y sucios.

Jesús es el Dios de la misericordia, pero tenemos miedo de Él. Dios quiere pasear en el jardín de las delicias que es nuestro corazón. ¿Quién ya hizo una oración renunciando a los placeres de este mundo y entregándole su vida a Él? Racionalmente, podemos entregar nuestras vidas a Dios, pero, dentro de nosotros, hay una complejidad de pasiones y sentimientos que nos hacen sentir miedo.

El amor de Dios es infinito, y el amor de María es como un átomo comparándose a él. Pero si comparamos nuestro amor con el de ella, es como si comparáramos el tamaño del planeta Tierra con el sol. Nuestro problema está en el hecho de que tenemos un miedo irracional de Dios, un miedo injusto, porque Él no quiere que le tengamos miedo. Cuando decimos “que sea haga la voluntad de Dios”, en el fondo terminamos con miedo de que esa voluntad sea mala para nosotros. Dentro de nosotros hay un Adán y una Eva, que nos hacen esconder detrás de los arbustos y temer la voluntad del Padre.

En el capítulo 3 del libro del Génesis, cuando Dios vio a Adán y a Eva escondiéndose atrás de los arbustos, Él ya comenzó su proyecto de humanidad, por eso dijo a la serpiente: “Haré que haya enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Ella te pisará la cabeza mientras tú herirás su talón.» (Gn 3,15).

Se recorremos la Biblia hasta llegar al Apocalipsis, veremos que María es presentada como la Madre de Aquel que vendrá a juzgar a las naciones, revestida de sol. Ella es proclamada Bienaventurada. En el capítulo 3 de Génesis vemos que es impuesta la enemistad entre la descendencia de la serpiente y la de la mujer, en el capítulo 12 del Apocalipsis, vemos la lucha entre esas descendencias.

María no roba la gloria de Dios, así como la luna no roba la del sol. Ella se limita a reflejar la gloria del Sol. Cuando miramos directamente el sol, rápidamente necesitamos desviar nuestra mirada, porque nuestros ojos no soportan la intensidad. Por otro lado, podemos pasar toda la noche contemplando la luna.

¿Cuándo miramos nuestro corazón, vemos un jardín florido y verdoso, o un suelo árido y pedregoso? Cuando miro la imagen de la Virgen María, veo su corazón que tanto amó a Jesús, y eso me provoca vergüenza de la pequeñez de mi amor por Él, veo que mi corazón necesita ser reformado.

La misericordia nos hace agentes de Dios

Cuando pecamos, decimos que queremos mendigar y arrastrarnos junto a las cosas bajas de este mundo, en vez de buscar acercarnos a Dios. Todo pecado coloca, ante nosotros, una elección: o las cosas de lo Alto, o las cosas de este mundo. Tenemos que elegir entre Jesús o Barrabás, ¡y cuántas veces escogemos a Barrabás!

¡Jesús es la misericordia! Que este sea el primer día, del resto de tu vida, en el que eliges la misericordia. Abandona los miedos y los apegos a las cosas de este mundo; arrójate a los brazos de la Madre, pues la Virgen María es Madre de la misericordia. Ella va a cambiar tu corazón, ella es la puerta, porque el que ama a Jesús es amado por ella.

Si tienes personas en tu familia, que quieres que alcancen la conversión, entrégalos a las manos de María.

Una persona misericordiosa necesita tener tres características:

1.Sentir, en el corazón, dolor por la miseria del otro, porque si lo único que te causa incomodo es tu propia miseria, eres un miserable;

2.Sentirse motivado para hacer algo por el otro, para sacarlo de la miseria;

3.Es necesario hacer algo por las personas. ¿Qué podemos hacer por las miserias de los miserables?

Lo más importante es nuestra salvación, y también celar por la salvación de las personas que nos rodean. Permitámonos ser agentes de misericordia, entreguémonos a la Virgen María, haciendo de nuestro corazón las delicias por las cuales Dios tenga placer, y llevamos la salvación a los demás.

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.:Dios es rico en misericordia
.:La misericordia revela la verdadera belleza
.:Peregrinos de Bolivia habla de la expectativa del #PHN2016
.:Calma tu agitación y ponte a pensar
.:La misericordia de amar
.:Yo quiero misericordia, no sacrificios
.:Conozca, jóvenes de Paraguay que participa en el PHN
.:PHN es un estilo de vida rumbo a la santidad

Padre Paulo Ricardo
Sacerdote de la Arquidiócesis de Cuiabá – MT
Prédica durante el Campamento PHN 2016

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