¿Hago realmente a mi prójimo lo que deseo de él?

“Nuestra vocación es la de ir a inflamar el corazón de los hombres, hacer lo que hizo el Hijo de Dios. Él, que vino a traer el fuego al mundo para inflamarlo con su amor. ¿Qué podemos desear nosotros, sino que arda y lo consume todo?

Es verdad, por tanto, que he sido enviado no sólo a amar a Dios, sino a hacer que sea amado.

No me basta amar a Dios si mi prójimo no lo ama también. Tengo que amar al prójimo como imagen de Dios y objeto de su amor y hacer de todo para que los hombres a su vez amen a su Creador que los reconoce y los considera como a sus hermanos, que los ha salvado; y tratar de que, con mutua caridad, se amen entre ellos por amor de Dios, el cual les ha amado hasta el punto de abandonar a la muerte, por ellos, a su propio Hijo. Este es entonces mi deber.

Ahora bien, si es verdad que estamos llamados a llevar lejos y cercano el amor de Dios, si tenemos que inflamar con él las naciones, si nuestra vocación es la de ir a esparcir este fuego divino en todo el mundo, si así es, digo, si así es, hermanos, ¡Cómo debo arder también yo mismo de este fuego divino!

¿Cómo daremos la caridad a los demás, si no la tenemos entre nosotros? Observemos si existe, no en general, sino si cada uno la tiene en sí, si existe en el debido grado; porque si no está encendida en nosotros, si no nos amamos los unos a los otros como Jesucristo nos ha amado y no hacemos actos símiles a los suyos ¿Cómo podremos esperar difundir un amor tal en toda la tierra? No es posible dar lo que no se tiene.

El exacto deber de la caridad consiste en hacer a cada uno lo que con razón quisiéramos que nos hicieran a nosotros. ¿Hago realmente a mi prójimo lo que deseo de él?

Observemos al Hijo de Dios. Nadie como Nuestro Señor se ha visto arrebatado por el amor hacia las criaturas hasta el punto de dejar el trono de su padre para venir a tomar un cuerpo sujeto a enfermedades.

Y ¿Por qué? Para establecer entre nosotros, mediante su palabra y su ejemplo, la caridad con el prójimo. Es éste el amor que le ha crucificado y que ha cumplido la obra admirable de nuestra redención.

Si tuviéramos un poco de este amor ¿Nos quedaríamos de brazos cruzados? ¡Oh, no! La caridad no puede estar ociosa, ella nos empuja a procurar la salvación y el alivio a los demás.”

De las “Conferenze ai Preti della Missione” de san Vincenzo de’ Paoli ( ) (Conferenza 207).

Oración

¡Oh, Salvador, que nos has dado la ley de amar al prójimo como a nosotros mismos, que la has practicado tan perfectamente para con los hombres, sé Tú mismo, Señor, tu eterna acción de gracias!

¡Oh, Salvador, cómo soy afortunado de encontrarme en un estado de amor por el prójimo! Dame la gracia de reconocer mi fortuna, de amar este estado beato y de contrubuir a que esta virtud se manifieste ahora, mañana y siempre. Amen (de S. Vincenzo de’ Paoli)

Movimento de los Focolares

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