La pornografía por un click

Por medio de la Internet, se han abierto las puertas a un mundo emocionante. En este espacio cibernético, los accesos al conocimiento y a la facilidad de comunicación no podrían pasar desapercibidos. A diferencia de cualquier otro medio, la Internet, ejerce una gran influencia en los jóvenes, niños y adultos, ofreciendo a todos el poder de la elección y decisión sobre el consumo de su contenido.

Así como no se puede negar el poder de la formación y de la facilidad de conocimiento ofrecidos por este flamante medio de comunicación, tampoco podemos dejar de hacer alusión a la popularidad de los portales pornográficos multiplicados por la Internet.

Cabe recordar que la pornografía siempre estuvo presente en las revistas, la TV, cines, entre otros. Y se trasladó a algunos hogares por medio de videos y, actualmente, con el acceso a la Internet, muchas personas se ven presas del consumo de estos contenidos. Obviamente que no podemos culpar a la Web por el aumento de este tipo de “servicios” sino a las personas que se dedican, de una u otra forma, a viciar a otras, que se dejan llevar por el deseo lascivo y por la fantasía. El dispositivo (Internet) que fue creado con el fin de facilitar nuestros respectivos trabajos e intercambiar informaciones, muchas veces, es reducido a un objeto de mero “entretenimiento”, al cual ningún padre permitiría que su hijo tuviera acceso, o ninguna empresa permitiría que sus funcionarios merendaran delante de los mencionados portales.

La interactividad propuesta por los softwares, se desvirtúan en las salas de Chat , pues muchas veces, participan personas que, en función de sus carencias, buscan en la fantasía virtual, saciar aquello que, antes más bien debería ser curado.

Creo que los efectos “alucinógenos” causados por la pornografía son tan nocivos como cualquier otra droga. Algunas personas, por sentirse protegidas detrás de sus computadoras, se permiten consumir contenidos cada vez más bizarros, en comparación con otros disponibles 20 años atrás.

A través del sonido y video, la pornografía violenta el derecho de privacidad del individuo exponiéndolo como un objeto de abuso, disminuyendo su dignidad y subyugándolo a consecuencias bochornosas.

En contrapartida, aquellos que consumen estos productos, estimulados por la curiosidad sucumbiendo ante deseos desenfrenados, podrían provocar la inestabilidad de sus relaciones en un intento por experimentar lo que han visto. Además de comprender el verdadero valor de la expresión sexual humana, desvirtuando el verdadero propósito de la intimidad conyugal.

Así como para un químico dependiente, que, al percibir su debilidad, busca ayuda, creo que también se hace urgente para los que se arriesgan en visitar contenidos de los cuales se avergonzarían si fuesen sorprendidos por sus patrones, esposas, hijos o padres, sometiéndose a los reclamos de la pornografía.

José Eduardo Moura
Comunidad Canción Nueva
webenglish@cancaonova.com

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