Aprenda construir una relación saludable

Una relación sana es fundada en una personalidad sana, cosa que solo los años y la experiencia de vida llevan a la excelencia

¿Quien nunca vivió una relación desajustada en el cual gustaría simplemente de pasar una goma? Seguramente, si haces una pequeña retrospectiva de su historia, podrá constatar lo mucho fue feliz, lo mucho se frustro, sufrió, supero y maduro en sus relaciones. Eso porque tener relaciones sanas significa seguir un camino de madurez personal, lo que exige una buena dosis de conocimiento de sí, tiempo y paciencia.

Abajo, profundizar algunos aspectos importantes para una relación sana. En realidad, estos puntos están relacionados entre sí, divido solo para una lectura didáctica.

Foto: Daniel Mafra/cancionnueva.com.es

Conocimiento de sí

Este es un principio básico para toda la vida, pero fundamental para una buena relación. Conocerse es tener la capacidad de mirar para dentro de sí y reconocer las virtudes y los valores, principalmente las debilidades. El individuo que no tiene coraje de enfrentar e integrar sus sombra va acabar proyectando en las personas. Solo alguien que se conoce puede poseer, y así no se convierte rehén de sus sentimientos ni de los de los demás.

En este sentido, hablando sobre sí la relación amorosa, Papa Francisco advirtió los novios sobre las heridas que las parejas llevan para el matrimonio: “Muchos terminan su infancia sin nunca tener sentido amados incondicionalmente, y eso compromete su capacidad de confiar y entregarse. Una relación mal resuelta con sus padres y hermanos, que nunca fue sanada, reaparece y damnifica la vida conyugal. Entonces, es necesario hacer un camino de liberación, que nunca se enfrento” (Amoris Laetitia – 240).

¿Eso significa que necesito conocerme antes de comenzar una relación? No necesariamente, porque, muchas veces, es en el convivió con el otro que las cuestiones internas mal resueltas van apareciendo. Si la persona tiene la sensibilidad de darse cuenta y la coraje de enfrentar tus “fantasmas interiores”, entonces estará en el camino de la madurez y crecerá en la relación.

Tomar consciencia de las idealizaciones

Cuando comenzamos una relación, sea él amoroso o una amistad, tenemos dentro de nosotros un modelo de hombre o mujer “ideal” que acabamos proyectando en el otro. A los pocos, con los conflictos y las crisis – que son inevitables en toda relación humana – esta imagen va ruinando, y entonces se pasa do ideal para lo real. En el inicio de toda relación hay un componente erótico y profundamente emocional que llamamos de pasión. La pasión esta llevada de idealizaciones, y en esta fase que las personas construyen sus castillos de arena para abrigar las fantasías de una relación “perfecto” (y infantil).

¿Cuando tomamos consciencia de las ideologías? Tomamos consciencia cuando aquella imagen endiosado ya no corresponde más al comportamiento del otro. En otras palabras, son justamente las decepciones del día a día que ponen por tierra el cuento de hada de la relación perfecta. Esta es la diferencia básica entre pasión y amor. La pasión se base y va fondo en proyecciones e idealizaciones. El amor tiene sus bases en lo que es real. Cuanto más la persona diferenciar las idealizaciones de la realidad, más saludable va ser en las relaciones.

De la tolerancia a la frustraciones

No es fácil decepcionarse con las personas, especialmente, aquellas que nos juraran amor eterno e incondicional. En este sentido, el desarrollo de una relación saludable dependerá de la capacidad de los involucrados de lidiar con frustraciones, y así aprender a lidiar con las propias heridas y también las de los demás.

Cuando, en una relación, las personas no soportan las frustraciones, entra en juego la la relación de poder, y la relación se transforma en una competición del tipo “quien manda más” o “quien se daña más”. Aquí, dejo una frase del psiquiatra suizo C. G Jung: “Donde impera el amor no hay deseo del poder. Donde hay deseo del poder no hay espacio para el amor. Un es la sombra del otro”.

La tolerancia a la frustración hace con que la relación se convierte resistente y no desanima a cualquier viento. Es también la base para el perdón, sin el cual ninguna relación sobrevive.

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Respetar las individualidades

Libre de la imagen idealiza y absorbida por la frustración, es el momento de reconocer el otro por lo que es. Una persona saludable en sus relaciones sabe que cada persona es única y no esta condicionada a las cosas que creen, tampoco a sus mecanismo de control. Una relación saludable da espacio para que la persona sea ella misma, que tenga libertad para poner en practica sus dones, practicar sus hobbies y, principalmente, relacionarse con otras personas.

Respetar la individualidad del otro no significa aceptar su individualismo, cuando este se encierra en su mundo particular o, en el opuesto, cuando quiere una relación demasiada abierta y sin responsabilidad. El bien estar de una relación depende de equilibrio, sabiendo el momento de ceder y de oponerse, pero siempre con el pensamiento de que el otro no es una “mí prioridad” ni debe ser aquello que creo que él debe ser.

Respetar las individualidades también significa no dar condiciones al otro, es decir, la persona nunca puede ser un medio para que yo tenga mis placeres individuales satisfechos. Cuando, en una relación, las personas se utilizan mutuamente para lograr sus placeres, hay una dinámica perversa y patológica que seguramente terminará en tragedia.

Tiempo y paciencia

No existe una magia que transforma una relación de la noche para el día. Muchas veces, cuando nos vemos envueltos en inmadurez – sean nuestras o de los demás – es necesario paciencia y tiempo. Si tienes 30 años hoy y mirar para las relaciones de cuando tenía 15, seguramente vendrá que no solo (o por lo menos no deberían ser) los mismos. Eso porque relaciones sanas son basadas en personalidades sanas, cosas que solo los años y la experiencia de vida puede llevar a la excelencia.

Sin sombra de duda, el tiempo es el mejor amigo de una relación. Generalmente, relaciones saludables sobreviven a las probaciones que años les imponen. El tiempo también permite que corrijamos algunas imperfecciones que fueron desgastando una relación verdadera, eso si tenemos el coraje de enfrentar la difícil tarea de madurar. Por otro lado, el tiempo es cruel con quien estaciona. No es difícil depararnos con las personas que quedaran presas en sus disgustos. Son como aquellas placas de estalactita formadas por goteo de agua en los interiores de las caverna, del cual se convirtieron una especie de roca del calvario con el pasar de los años. Las personas que no se dejan moldar por el tiempo son castigadas por él, se transforma en estructuras rigidas impossibles de corrección.

Si te identificas con algunos de estos pasos arriba y, de alguna forma, ya estas poniendo en practica en tus relaciones, se puede considerar una persona que camina para el suceso en esta aventura de ser para el otro.

Daniel Machado
Natural de San Bernardo do Campos – SP (Brasil), es miembro de la Canção Nova desde 2002. Psicólogo formado pelo Centro Universitario Salesiano de San Pablo, también hizo filosofía por el Instituto Canção Nova. Actualmente es coordinador del Núcleo de Psicología Canção Nova que tiene por objetivo asesorar y auxiliar la formación de los miembros de esta institución.

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