Aprenda a ser una madre eucaristica y adoradora

Para convertirse madre eucarística es necesario dedicarse a la adoración; afinal, como enseñó Santo Afonso de Ligório, grande devoto de la Eucaristía, los “buenos amigos encuentran placer en la compañía uno del otro. Vamos conocer el placer que nos ama además de nuestra medida. En él Santísimo Sacramento podemos conversar con Él directamente del corazón”. Es necesario ver a Jesús como un amigo. Santa Teresa D’Ávila ya decía eso sobre la oración, y sólo así ella se sentía libre para estar en la presencia de su amigo. La adoración eucarística es una fuente de unión con Cristo. Ella es importante para una madre eucarística, pues engendra varios beneficios.

Primero, es una gran oportunidad en la vida espiritual, pues modifica los corazones y, consecuentemente, la vida personal, familiar y profesional de quien la hace, es decir, las personas son transformadas para poder amar mejor.

El segundo beneficio es aprender a cultivar el silencio en un mundo con mucho ruido, callarse delante del misterio, de los pensamientos humanos, sentencia y emociones conturbadas y escuchar la voz del Señor. Otro beneficio es poder quedar desprovido del orgullo y de la vanidad, desabafar todas las debilidades y dificultades personales y entrar en contacto con Aquel que ama con amor infinito.

Foto ilustrativa: Bruno Marques/cancaonova.com

Ejemplo de mujer eucarística

La importancia de la adoración es aprender a cultivar una vida interior que sana las heridas y transforma vidas, porque, cuando la madre es sanada, los hijos son restaurados. ¡Pero cuidado! Pues hemos visto posturas escandalosas delante del Rey de los reyes. Hay personas que exageran delante de Jesus Eucaristico y se olvidan de que el padre usa el manto para no tocar en el ostensorio. Siendo así, ellas comienzan a tocarlo, olvidando que basta mirar o tocar la orla del manto para que la gracia ocurra, como aprendemos con la mujer cananea. Lo mismo ocurre en el momento de comulgar, en la misa. Algunas personas hacen muchos gestos que no son necesarios, intentando demostrar actitud piadosa, que pierden la esencia del momento, cuando lo importante no son los gestos, sino un corazón contrito y agradecido. Por eso , las oraciones después de la comunión son siempre de acción de gracias y precedidas de un profundo silencio.

Lo que proponemos en este capítulo puede parecer desafiador, e incluso imposible, pero la Iglesia colecciona historias de várias mujeres que, en la vida, supieron ser “Eucarísticas”, como, por ejemplo, Santa Catalina de Génova, que decía: “El tiempo pasado delante del Sagrario es el mejor tiempo empleado de mi vida”. En especial, recordamos a Santa Juliana de Mont Cornillon, de Bélgica, una monja agostiniana que tuvo una visión en su adoración que motivó la institución de la Solemnidad de Corpus Christi para toda la Iglesia. Ella murió contemplando a Jesús Eucaristico en la celda del monasterio. Además, hay muchas otras que no entrarán en la lista de los santos. Conocemos mujeres en nuestras iglesias que, siendo ministras extraordinarias de la Sagrada Comunión, llevan una vida de cuidado y adoración a la Eucaristía, transmitiendo santidad y paz y siendo verdaderas madres eucarísticas.

No podemos dejar de recordar a María, la Madre de Jesús, que fue la primera a comulgar, el primer sagrario de la historia y ostensorio de Jesús. María es Mujer “Eucarística”: Para más allá de su participación en el banquete eucaristico, se puede delinear la relación de María con la Eucaristía indirectamente, a partir de su actitud interior. María es mujer ‘eucarística’ en la totalidad de su vida. La Iglesia, viendo en María su modelo, es llamada a imitarla también en su relación con este misterio santísimo.

Lee más: 
.:La transformación está en la adoración
.:Adoración, el camino para la sanación
.:Por medio de la adoración ganaremos la batalla contra el enemigo

Existe sacrificio en la Eucaristia

Imitemos María, que nunca abandono su Hijo, participo de la primera adoración con los Reyes Magos en la Gruta de Belen y vivió otra dimensión eucarística. Muchas veces olvidamos la dimensión sacrificial de la eucaristia, anunciada por Simeón en el tiempo y vivida en el Calvario a los pies de la Cruz. Con María, aprendemos que la Eucaristía no es solo fiesta y banquete, pero sacrificio y prueba de amor. Muchos padres viven con sus hijos en el mundo de la drogas o en otras realidades de sufrimiento. Ellos están viviendo la dimensión sacrificial de la Eucaristia y en ella hay el alimento para seguir en pie, así como María quedo a los pies de la Cruz. En el momento del sufrimiento y del dolor, necesitamos de Jesucristo para no desanimar.

En la aparición de María en la Salette, se observa también su identidad Eucarística, en el mensaje guiada a los dos videntes, Maximino y Melania, en 19 de septiembre de 1846, por dos veces, al hablar del séptimo día y de la misa, ella habla de la Eucaristia. Primero ella habla: “He dado a vos seis días para trabajar. He reservado el séptimo, y no me quieren conceder”. Nuestra Señora de la Salette asume para sí las palabra del Hijo y pide que la Eucaristia dominical sea valorizada y vista como el día del descanso y de la familia. Muchas son las familias que tiene en su programa dominical la celebración eucarística como evento más importante del día.

En un segundo momento, María dijo: “Durante el verano, solo algunas mujeres de cierta edad van a Misa. Los demás trabajan en el domingo, durante todo el verano. Durante el invierno, cuando no saben lo que hacer, solo van a Misa para burlarse de la religión”.

Vemos aquí la preocupación de la Madre con los hijos que no respetan el precepto eucaristico y que hacen de la Eucaristia motivo de burla. Eso explica, en parte, porque durante su discurso no paraba de llorar. Podemos decir que Nuestra Señora llora cada vez que dejamos de alimentarnos de la Eucaristia para entregarnos a los placeres del mundo, dejando Su Hijo en segundo plano.

Inmaculados

En la exhortación apostólica después del sinodal Sacramentum Caritatis, del Papa Benedicto XVI, al hablar de María, él asegura: “De Ella” debemos aprender a convertirnos personas eucarísticas y eclesial para poder también presentarnos, según la palabra de San Pablo, ‘inmaculado’ delante del Señor, tal como Él nos quiso desde el principio”.

Ser Madre Eucarística es buscar ser inmaculada en el camino de la santidad, y ese camino esta abierto para todos que desean una vida más santa y justa; por lo tanto, necesitamos de mujeres eucarísticas, hombres eucarísticos y hijos eucarísticos para tener familias eucarísticas.

Como ese propósito, el Movimiento de Madres que Rezan por los Hijos ha rescatado los Sacramentos en la vida de las familias. El grupo fundador, en Victoria, en el Espírito Santo, ha vivenciado una experiencia muy fuerte. A partir de la conversión de la madre, la gran mayoría fue catequizada y recibió el Sacramento de la Crisma. ¡Han dado cuenta como la practica cristiana y los conocimientos comienzan a despertar el interés de los familiares para conocer Jesús!

¡Ir y evangelizar!

En la primera turma de Crisma masculina, 63 maridos fueron catequizados y recibieron el Sacramento de la Crisma; la segunda fue una turma mezclada de 58 personas, con predominancia masculina; y la tercera fue formada por 90 personas que vinieron por medio de los crismados de la turma anterior. En las tres turmas, la edad va entre 40 a 60 años. Muchos fueron bautizados para hacer la primera Eucaristia, algunos tuvieran que buscar la nulidad del matrimonio para regularizar la vida sacramental, así como las parejas que vivían sin haber recibido ese Sacramento.

Despertados por el entusiasmo de los padres que estuvieran o están siendo catequizados, los jóvenes buscan también hacer la Crisma con la equipe del Movimiento de Madres y descubrieron que ser cristiano de fe y tener compromiso con la misión del “Ir y Evangeliza” y hacer la diferencia en el mundo en que cada uno vive. Y así vamos formando familias Eucarísticas para a Iglesia y para el mundo, que necesita de nuestro testigo de que recibir Jesús nos fortalece y nos hace ser personas mejores, construyendo la civilización del amor.

Referencia bibliograficas:

4 Eclesial de Eucaritia, 53.
5 Sacramentum Caritatis, 96.

Texto extraido del libro “Eucaristia: camino seguro hacia al cielo”.

Deja un comentario