¿Cómo aprender a rezar con María?

Antes de todo necesitamos recordar que, rezar con María es contar con la Mujer agraciada por Dios, es decir, estamos unidos con Aquella que es llena de gracia. Ella tuvo el merito de Dios y por la acción del Espíritu Santo engendro, en su vientre, el Salvador de la humanidad, Jesucristo.

Foto: Wesley Almeida/cancionnueva.com.es

Rezar con María es rezar con la Madre, con la Madre celestial, pero que vivió la vida terrena en nuestro medio., que participo de la vida de tu hijo Jesús, desde la concepción hasta Su subida al cielo. Ella te acompaño en todas las fases de la vida y, en el momento más difícil, en Su agonía, Ella estaba al pie de la cruz, vio Su pasión y muerte, estuvo en Su sepultura y la espada traspaso Su corazón del lamentable dolor. Pero la muerte no fue el fin de Tu hijo, Ella testimonio Su resurrección y, en pentecostés, reunida con los apóstol que estaban desfallecidos y con miedo, tenga coraje en la fe y perseverar en el camino cristiano.

Para aprender a rezar con María es necesario hacer memoria de Su vida terrena, porque es modelo para nosotros. Ella es una mujer de fe que ama a Dios sobre todos las cosas, Él es único, es el centro y el sentido de Su vida. Su fe es activa y impulsaba a buscar medios para corresponder Su religión hebraica. Frecuentaba la sinagoga, se dedicaba en la lectura de las sagradas escrituras buscando decorar los Salmos y el profeta Isaias, porque, era en la Palabra que estaba Su esperanza y vivía la feliz expectativa del cumplimiento de la promesa de Dios que enviaría el Salvador para libertar Su pueblo de la esclavitud.

Rezar con María es dejarse guiar en todo por el Espíritu de Dios

Rezar con María es ser humilde, porque la humildad es reconocer que nada puede ser realizado sin la ayuda y la gracia divina. El humilde depende de Dios reconocer su pequeñez, su incapacidad, entonces, se entrega totalmente a la voluntad de Él, abandonando al cuidado de Su providencia, que tiene siempre el mejor para nosotros; es la garantía de que recibiremos es mejor y mayor que nuestros planes, sueños, voluntades y deseos.

Rezar con María es dejarse guiar en todo por el Espíritu de Dios, que nos ayuda y ve los corazones para rezarnos como conviene a Dios (Rm 8, 26-27).

Rezar con María es rezar la vida, delante de lo que se vive día a día, desarrollar una escucha activa a Dios que nos habla en los acontecimientos, sean cualquier uno, tal vez, el dolor y aflicción, alegría o preocupación.

Delante de estas realidad, somo invitados a a contemplar la luz de Dios, es decir, por medio de nuestra visión espiritual y no humana, de esta forma, vamos ver el verdadero y el real sentido de estos acontecimientos. Para la contemplación y reflexión se espera que hagan silencio exterior e interior, pero, se aún hubo inquietud en el alma impossibilitando comprensión inmediatos de los hechos ocurridos, somos invitados a dar una respuesta a Dios como Maria hizo. Ella dijo “Que se cumpla en mí lo que has dicho” (Lc 1, 38).

Al decir “sí” a Dios, significa la aceptación total de Tu voluntad, en un total abandono a Él, creyendo que, por haber criado a nosotros, no nos deja a la deriva, Él esta con nosotros todos los días y para siempre (Mt 28,20). Lo que no es comprensible a la naturaleza humana, así como María, guardemos todo en el silencio del corazón.

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Rezar con Ella es asumir la postura de intercesor

Aprender a rezar con María es tener un corazón en Dios y que se extienda a toda la humanidad, un corazón materno, maternidad espiritual que no centra en sí mismo, pero que esta atenta a las necesidad de los hijos, y, por eso, es intercesora, es decir, rezar con Ella es asumir la postura de intercesor. Ser intercesor como María es estar atento a las necesidades que nos rodean en el ambiente en que vivimos, donde estamos o dentellea de las situaciones que llegan hasta nosotros e incluso las que desconocemos podemos, con María, presentar todo a Dios. Es tener corazón y oídos atentos a la voz de Dios, y estar conectado para recibir una señal, es decir, es estar disponible para rezar en todo el tiempo y lugar, creyendo que no rezamos solo, porque tenemos la ayuda del Espíritu Santo y de la Virgen María. Así como Ella hizo en las bodas de Caná también se anticipa delante de nuestras necesidades.

María agradecida por Dios, Ella es la Madre de las gracias y, con el titulo de Nuestra Señora de las Gracias, puede concedernos todo lo que necesitamos. Rezar con Ella es tener la garantía que seremos oídos y atendido en la voluntad de Dios. Y, al encontrarnos debilitados en la fe, sin fuerzas para rezarnos y seguirnos el camino de Cristo, nos lancemos en el regazo de la Madre porque Ella va rezar, cuidar de nosotros y va extirpar los males de nuestra vida, porque a Ella fue dado el poder de protegernos de la serpiente infernal. (Ap 12, 14).

Nilza y Gilberto Maia
Son casados y misioneros de dedicación integral en la Comunidad Canción Nueva. Nilza es miembro de la comunidad desde 1999; y Gilberto, desde 2000. Nilza es graduada en Comunicación Social por la UFMT posgraduado en counseling por la IATES/Curitiba. Gilberto también es counselor por el IATES/Curitiba y graduado en Gestión Comercial. Los dos actuaron en sus propias parroquias en las pastorales, movimientos y acciones sociales. La pareja vivió en Portugal por siete años, donde realizaran la misión directamente en el Santuario de Fátima, por medio de la transmisión diarias, para la TV, de la Eucaristía y de la Oración del Rosario de la Capilla de las Apariciones. Actúa también en el apostolado como anunciadores de la Palabra de Dios, y en la formación y acompañamiento de parejas.

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