Castidad: Corona del amor

14/04/2009

Nuestro Señor nos dice: En Romanos 12, 1-2: “Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que os ofrezcáis a vosotros mismos como un sacrificio sacrificio vivo, santo, agradable Dios, tal será vuestro culto espiritual. Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos por la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cual es la voluntad de Dios, lo bueno, lo agradable, lo perfecto”. ¿Qué es bueno, y agradable a Dios? “Por lo demás, hermanos, todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y valor, tenedlo en aprecio”(Fil 4, 8).

De una manera muy particular, quería decir: es la castidad la corona del amor. La castidad es un escudo para nuestras relaciones. Más que un escudo es una expresión del verdadero amor. Ella nutre y potencia el amor. Cuando falta la castidad, el amor pierde la fuerza en nosotros y nos hacemos presas fáciles del desamor, de la violencia y de la degradación. La castidad es un secreto que los jóvenes cristianos tienen para su vida. Vemos como el mundo de hoy desprecia la castidad. El mundo de hoy perdió la belleza de la castidad. La castidad es vista como un tabú, moralismo, precepto, obligación. Quién es casto ama por entero, no se da por partes. ¿Sabes por qué el mundo perdió el sentido de la castidad? Porque el mundo perdió el sentido de quién es Dios y qué es el amor.

Como el mundo no sabe quién es Dios – y Dios es amor – no sabe lo que es amor. Y como no sabe quién es Dios, no sabe quién es el hombre. Porque sólo Dios puede revelar quién es verdaderamente el hombre. Una de las críticas injustas que se hacía al cristianismo era de que Él no valoraba el cuerpo. “El Verbo se hizo carne”. Se hizo cuerpo humano por amor y para el amor. El cristianismo nunca despreció el cuerpo a punto que Jesucristo desposó el cuerpo. Esa carne y esos huesos que componen su cuerpo también Jesucristo asumió. Y Él mostró toda la belleza del hombre. El hombre no está dividido. Es eso lo que el mundo hace hoy. Comienza a usar el cuerpo con un principio utilitarista, como si mi cuerpo no fuera yo. “Ahí yo puedo usar mi cuerpo para autosatisfacerme egoístamente, que es el pecado de la masturbación, como si aquello no hiriera lo que soy por entero. Ahí yo puedo también usar el cuerpo de los otros para mi placer, en relacionamientos amorosos sin compromisos, sólo por una noche. Mi cuerpo es sólo algo que yo uso como un borrador o un lápiz”.

Parece que nos engañamos. Cada unión íntima de cuerpos es como un pedazo de ti dado al otro, porque tu cuerpo está íntimamente conectado a tu alma. En cada relación sexual que es hecha fuera del matrimonio, no pienses que estás dando y recibiendo placer. ¡Engaño! En cada relación sexual estás dando un pedazo de ti para siempre a aquella persona. La castidad es un gran don, que hace que comprendamos la unicidad de nuestro ser. Ese abrazo, esa boca y ese beso soy yo. Si yo vivo en el pecado, yo me destruyo y destruyo a los otros. Por eso, mi hermano, tu cuerpo y el mío no fue creado para un placer egoísta, para la sensualidad que hiere tu ser.

Mi generación ya es una generación muy herida, pero cuando hablamos hoy con un joven de 15, 16 años parece que se está hablando con una persona de 50 años, que ya vivió todo, que ya fue ultrajado y ultrajó. Cuando la castidad es herida genera placer en el acto, pero genera dolor en la vida. Como corren lágrimas en los ojos de los jóvenes heridos en la castidad. La presencia de la castidad genera felicidad, dignidad, una capacidad para amar, para donarse no por pedazos, sino para donarse por entero, como Jesús se dio en la cruz. Hoy, vemos un mundo que desprecia la belleza de la castidad. Por eso, las consecuencias son tan graves. La castidad genera ojos transparentes, revela al propio Cristo y aquella que es “toda bella”, la Virgen Maria. Pero la ausencia de la castidad va afeando al hombre. Ahí la mujer necesita arreglarse cada vez más y la vida va volviéndose más fea, vacía e infeliz.

Esto no deja de ser un tipo, un cierto nivel de prostitución. En los noviazgos avanzados valoramos más la relación física. Sin una relación profunda de amistad en el noviazgo no existe matrimonio verdadero y feliz. Y ahí como no priorizamos en el noviazgo la amistad, se llega a tener matrimonios inmaduros, inseguros, muchas veces generados por relaciones sexuales prematrimoniales. Vamos viendo los frutos en nuestra casa, en nuestra familia. Vamos viendo una sociedad que reivindica la regularización y aceptación del adulterio. La sociedad va diciendo que esa realidad hombre y mujer ya fue, que tú escoges y vas negando la naturaleza, el dato inicial que Dios le dio. Dios te hizo hombre, no te hizo otra cosa y tú vas a ser feliz siendo hombre. Muchachos ustedes son verdaderamente hombres. El mundo necesita de testimonio de virilidad, con Tus capacidades, con tus dones que complementan a una mujer. La masculinidad es un don de Dios. Ustedes son verdaderamente hombres, enteramente hombres.

Puede ser que traigan algunas heridas, pero no se dejen engañar por el mundo. No se arrastren por las modas que arrasan la masculinidad, la virilidad. Sean hombres por entero, como Cristo lo fue. Si hay heridas, dejen que Él, el Hombre que es Cristo, por su gracia, por la castidad los armonicen y los cure. Ustedes serán felices siendo quienes son. Cuando en Cristo dejamos ser aquello que Dios nos creó, somos felices.

Mis queridas hermanas, quiero pedirles en Nombre de Cristo, de la Iglesia y del mundo que no pierdan el don mayor que Dios les dio: La feminidad. Su feminidad nos hace más hombres. La feminidad – no la sensualidad – hace a sus esposos, sus hijos más hombres. Su sensibilidad, que es capaz de hacer notar hasta cuanto un rostro muda. Ustedes son capaces de hacer que el mundo sea más humano.

No dejen de ser como Dios las hizo: mujer por entera, toda bella. No caigan en las mentiras del mundo de hoy, que quiere que ustedes compitan con el hombre. No se dejen engañar con la sensualidad, con la negación de su sexualidad como mujer, como si pudieran ser otra cosa sin ser mujer. Mujer que complementa al hombre, que hace al mundo más humano. En ustedes veo a mi madre, mis hermanas, a mi cofundadora. No dejen de ser lo que son por las mentiras del mundo.

¿Dónde comienza esa deformación del mundo? Cuando se desprecia la castidad. ¿Cómo podemos ser amigos de la humanidad, de una sociedad que desprecia la castidad? Como amigos de Dios y como amigo de los hombres, yo soy llamado a testificar y a proclamar la belleza de la castidad.

¿Cómo es que nosotros podemos testificar y proclamar la belleza de la castidad? En primer lugar con matrimonios castos, abiertos para la vida; necesitamos de jóvenes que se dispongan a vivir noviazgos castos. ¿Dónde están los noviazgos castos, la juventud casta? Necesitamos de célibes, jóvenes inflamados por el amor que digan: “Dios me llama a la soltería consagrada en favor de la humanidad”. Soy célibe y soy un hombre plenamente feliz.

Necesitamos de sacerdotes castos. ¿Dónde están los jóvenes dispuestos a dar el Cuerpo de Cristo con su cuerpo? Para que haya vocaciones castos, matrimonios, célibes, sacerdotes castos: “Maria, ayúdanos”. Necesitamos pedir la gracia de Dios. Aquellos jóvenes que viven una lucha desigual en relación a la castidad, vengan al encuentro de ella (Maria), que es toda bella. Ella dio a Jesús al mundo por su virginidad. Ella puede hacer de ti un joven casto, virgen, puro, dando a Jesús al mundo por la mirada, por las manos, por la Palabra. Si quieres ser un joven casto, ven hasta los pies de ella.

“Maria, santa y fiel, enséñanos a vivir como escogidos”.

Moisés Azevedo
Fundador de la comunidad Shalom

2 comentarios para “Castidad: Corona del amor”

  1. Síntesis de la nueva encíclica Caritas in Veritate at Canción Nueva Dice:
    14/04/2009 às 18:08

    […] de la acción moral: la justicia y el bien común. (…) Todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la polis. Ésta es la vía institucional del […]

  2. ursula Dice:
    14/04/2009 às 19:10

    ..Todo lo que dice Moises es totalmente cierto ..La castidad te hace tener una mirada pura,, gracias a la castidad tus pensaminetos son mas limpios e inocentes,,nos volvemos como niños ,,eso es lo que quiere Maria,,!!!hay que ser ciegos sordos y mudos para no darse cuenta el poder de la castidad
    ..La castidad es un escudo invisible pero muy poderoso contra cualquier mal ,,mos acerca mucho mas a Dios ,,es un canal limpio para poder comunicarnos con Jesus.. Está visto que solos no podemos ,,un secreto para lograrlo es rezar el rosario todos los dias y tratar de ir a misa diaria,,cosa que yo personalmente lo hago,,y me siento capaz de controlar a mi cuerpo y mente y me siento superdigna y mucho mas femenina a pesar que casi nunca uso maquillaje ni para ir al trabajo

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