Combatientes de Jesús en la tierra

Son muchas las situaciones que atravesamos como cristianos inmersos en el mundo, y que intentamos, sin embargo, no ser de él; tan diversas como difíciles.

Nuestro Señor Jesucristo, vino a desinstalarnos por completo, y sabemos, de hecho, que en su vida terrena, fue un gran revolucionario, si consideramos la definición que dice que un revolucionario, es aquel que produce un cambio brusco e innovador y bien conocemos toda la novedad de la radicalidad presentada por Jesús.
Es Jesús, sin embargo, tan humano y tan divino, que se hace bautizar por San Juan Bautista, su primo profeta, aquel de quien Isaías dijo: “Envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino. Voz del que clama en el desierto: preparad el camino del Señor”(Mc. 1, 3) Fue él quien saltó de alegría en el vientre de Santa Isabel al oír el saludo de su tía, María Santísima.

Este hombre, profeta, nos enseñó a ser valientes anunciadores de la Buena Nueva, se hizo a un lado para dar lugar a Aquel a quien anunciaba, invitó a hacernos pequeños para que Jesús se haga grande, nos dio un ejemplo de santa osadía al denunciar lo injusto, nos enseñó a ser penitentes y finalmente, nos enseñó a dar la vida por la causa del Evangelio, convirtiéndose así, en un mártir.
El Monseñor Jonas Abib, fundador de la comunidad Canción Nueva, nos dice que las palabras “profeta” y “mártir”, son sinónimos y si es así, pues es hasta casi un desafío.

¿Quien está dispuesto a ser mártir hoy?

Sepamos, hermanos que Dios nos santifica a través de nuestros martirios cotidianos, los llamados “maririos blancos”, es decir, a través del sufrimiento, de la enfermedad, de lo duro del trabajo, el hogar, el mundo, en la sencillez de nuestra cotidianeidad, soportando las pruebas con valor.Este llamado al martirio cotidiano, es un llamado a dar lo mejor de nosotros, desgastarnos en el amor, sin medir esfuerzos para la oración, el trabajo y la convivencia con las demás personas, al final de cuentas, como dice el salmista: “Aunque uno viva setenta años, y el más robusto hasta ochenta, la mayor parte son fatiga inútil porque pasan aprisa y vuelan”(Sal 89, 10)

Por lo tanto, para que escatimar energías y malgastarlas en cosas que no edifican?. Seamos valientes, mártires contemporáneos, que saben sufrir sin dejar de amar, saben que cada día es una nueva oportunidad para recomenzar y prepararnos para la vida eterna, y alegres al saber que lo que no nos salva, no nos sirve!

Quiero pedir a Dios, en este día del nacimiento de San Juan Bautista, que Dios renueve en nostros el espíritu de ‘guibor’, es decir, “guerreros valientes”, para poder luchar sin desanimarnos, en el anuncio de la segunda y definitiva venida de Jesús, así como San Juan Bautista, sin temor, ni desánimo, sino con la fuerza del Espíritu Santo que actúa en nosotros.

Marisa Reyes Franco
Misionera de la Comunidad Canción Nueva

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