Comprenda el amor entre los hombres y los animales

Entienda el vínculo de los hombres con los animales

El hombre descubrió por los animales, y el perro fue, posteriormente, elegido “el mejor amigo del hombre”. Mientras algunas especies de animales coren el riesgo de extinguirse en nuestros bosques, otros se multiplican dentro de nuestras ciudades y casas. Es común caminar en las ciudades y ver los dueños paseando con sus animales.

La relación del hombre con los animales es muy antigua. Parece que la más remota es con los auroques (especie de bovinos ya extintos), que servían para la supervivencia del hombre. Esta relación fue profundizándose y surgió el “habitar el mismo ambiente”, con la domesticación de algunas especies como ovejas, aves y gatos. La domesticación de los caballos trajo un gran progreso para la humanidad. Más recientemente, proyectos científicos mostraron y elaboraron formas de relación que traen beneficios psicólogos e incluso físicos para el hombre, como es el caso de la equitación.

Foto ilustrativa: Daniel Mafra/cancaonova.com

Foto ilustrativa: Daniel Mafra/cancionnueva.com.es

Humanos X animales

Los animales, entonces, servían para el alimento, para los servicios generales, y seguramente amistad diseñada en la imagen del perro. En la idea del dominio natural del hombre sobre los animales, el término usado para referirse a los animales que alguien cuida, en su prioridad, es “creación”. Siempre, por más que amase un animal, él nunca va ser más que una “creación”. Además, en el éxtasis del individualismo de la posmodernidad, los animales están ganando un nuevo significado y status en la relación con sus dueños. Es el estatus amoroso.

En un mundo en el cual el hombre desiste de los hombres, soplan los animales. Cualquier tipo de relación afectiva con una persona humana es exigente, porque la perseverancia en el afecto pide el amor, y este es exigente. Para evitar ese riesgo, muchos decidieran quedar sola y mantener una relación distantes, poco comprometidos. En esta lógica, muchas parejas resolvieron no tener hijos, o, cuando mucho 1 o 2, que para ellos es demasiado. Eligieron por el individualismo institucionalizado. Pero la soledad es el fruto indeseable de ese individualismo institucionalizado. Pero la soledad es el fruto indeseable de ese individualismo, y el hombre no fue hecho para vivir solo. Entonces, ¿cómo ecuacionar la crisis de la soledad individualista?

Los animales y la soledad del hombre

¡El “amor” a los animales es la solución! Es simple: compro un animal y paso a tener una relación amoroso con él. Él pasa a ser el amigo, el hijo, el confidente. Él satisface mis carencias, es una compañía, pero camina segundo mis determinaciones y obedece mi estilo de vida, porque soy dueño de él. Aún mejor, él nunca va exigir mi amor, simplemente porque, no siendo libre, hay pocas voluntades y, así, nuestro amor nunca pasara de un gran afecto. Es una buena solución, pero en realidad, no soluciona el problema de la soledad, pues esta solo es vencida en la grandeza del amor entre dos personas.

La persona humana solo es plenamente humana, solo es feliz, cuando persigue el verdadero amor. Por supuesto, es más fácil el afecto que el amor. Aún más con animales, que, no poseyendo libertad, subyugan a los sabores de su dueño. La cuestión es que la relación de amor entre seres humanos – sea de amistad, unión, entre padres y hijos, o otros (hermanos de una misma fe, profesional, amigos etc). – tiene la grandeza de hacernos libres a partir de la libertad del otro.

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Saber diferenciar afecto y amor

Ese costumbre generalizado en la sociedad, de sustituir el amor que nos hace libres por algún afecto, trae el peligro de una cultura pseudohumana. No es necesario más perseguir la grandeza de la sexualidad y del amor humano, las virtudes, la capacidad de dar por alguien, la libertad de ser bueno cuando el otro es malo. Las relaciones se limitan la uniones afectivas, y el modelo de amor dentro de una familia se convierte solo más una opción, pero indeseable, porque es muy exigente y dificil y, es una mera opción.

Los animales son criaturas de Dios, por lo tanto, tiene una dignidad propria. Deben ser respetado y pueden recibir de los hombres un gran afecto que, vulgarmente, llamamos “amor”. El Catecismo de la Iglesia Católica 2418 dice: “Se puede amar los animales, pero no se debe orientar para ellos el afecto debido exclusivamente a las personas”. Las bellas historias de amistades entre personas, niños y animales, si convirtieron falacias en el día en que eses amores fueron, a la medida del amor humano, el máximo de amor que un humano puede dar a alguien. Si es así, nos reduciremos a la dignidad de los animales.

¡Amemos mucho más los hombres, para que seamos plenamente humanos!

André Botelho
Casado y padre de tres hijos. Con formación en Teología y Filosofía Tomista, André es fundador y moderador general de la Comunidad Católica “Pantokrator”, a la cual se dedica integralmente. www.pantokrator.org.br

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