Conságrate a María

Consagrate a María todos los dias

El título más lindo con que nuestros hermanos de la Iglesia oriental saludan a Nuestra Señora es Santa Madre de Dios. Hay quienes dicen que “Santa Maria”, la segunda parte de la oración del Ave María, es un invento de la Iglesia. Llegan a decir que ni se debe rezar. Puedo afirmar, sin embargo, que es un invento bien aventurado de la Iglesia. Pero entienda bien el sentido que quiero dar a la palabra “invento”.

¿No te parece lindo el invento de la radio o televisión? ¿El descubrimiento de la cirugía del corazón? Cuánta gente ya estaría fatalmente muerta si no se hubiesen descubierto todos los procedimientos de la cirugía del corazón y si no se inventasen los aparatos adecuados para realizarla? Podrias decir: ¡santos inventos! Hasta el invento de la penicilina y de todos los antibióticos.

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¿Qué es lo que sucedió? Nestorio, patriarca de Constantinopla, afirmaba que María Santísima no era la Madre de Dios, sino solo la madre de la persona humana de Jesucristo. En el concilio de Éfeso, la maternidad de la Santisima Virgen y la unidad de las dos naturalezas en una sola persona en Jesucristo fueron definitivamente proclamadas: Jesus Dios y hombre. San Cirilo, obispo de Alejandría y presidente del Concilio de Éfeso, defendió esa verdad en el cristianismo contra los ataques de los herejes en el año 431.

En el dia de la clausura del Concilio, se leyó el decreto Dogma de la Maternidad Divina de María Santísima. El papa Celestino I, que estaba presente, emocionado y con lágrimas en los ojos se arrodilló y respetuosamente saludó a Nuestra Señora así: “Santa María, Madre de Dios, rogad por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.”

.: El significado de cada parte del Ave Maria 

Todo el concilio escuchó y respondió con un gran :Amén. Este fue el origen de su segunda parte del Ave Maria. ¿Fue o no fue un invento lindo? Al anochecer llevaron el resultado al pueblo. Apenas todos supieron la conclusión del Concilio, salieron en procesión con velas, antorchas, por la ciudad de Efeso. Lo que el pueblo más proclamó auqella noche fue: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte”. Nunca más se dejó de unir la primera parte del Ave María con la segunda.

Fui al seminario muy jóven, con trece años, pues en aquel tiempo esa era la costumbre. Al llegar me deparé con aquella vida de pureza, justa, vivida con la insistencia que era necesaria para que viviésemos así. Lamentablemente había traido todas las consecuencias de mi infancia de muchacho de la periferia de San Pablo. Gracias a Dios tenía una buena familia, pero al lado de mi casa, de mi colegi, habían muchos chicos con quienes aprendí cosas malas. Y fue asi como fui al seminario, con muchas tonterías en la cabeza.

Tenía una dificultad enorme de vivir la pureza y no lo hacía por maldad, era por debilidad. Cuando mi director, observando mi sinceridad aún en aquel primer año me dijo: “Consagrese a Nuestra Señora y todos los dias, antes de acostarse, al pie de su cama, rece tres Ave Marias y verás como ella les dará la victoria”.

Con esa simplicidad de niño, pero de niño que quería vencer y no tenía fuerzas, hice exactamente lo que mi director dijo. Doy gracias a Dios que con trece años me consagré a Nuestra Señora.

Yo no conocía esta frase que después, Juan Pablo II usaría: Totus Tuus, que quiere decir: Todo Tuyo. Pero aún sin saberlo me habia consagrado todo a ella, en mi simplicidad de niño. Comencé a partir de aquel dia, todas las noches, antes de acostarme, a rezar tres Ave Marias.

Fue como si primero pasasen una escoba en mi vida. Después un paño húmedo para limpiarlo todo. “Aquellas cosas” desaparecieron durante un largo tiempo. Solo mucho después, cuando entré en una época de crisis esas cosas volvieron a atacarme. Pero durante todo ese tiempo de muchacho en el seminario, de adolescente, de jóven, nada más me alcanzó.

¡No fue por merecimiento ni por mis fuerzas, no! Yo pude experimentar aún siendo niño, la eficacia de aquello que mi director me indicó. Hoy, es lo que puedo decir a todos los que quieren luchar y vencer. A todos los que se sienten solos y no son capaces de vencer. Te digo a ti: no dejes para después. Haz esto hoy, haz como Juan Pablo II hizo: Totus tuus – soy todo tuyo. Será como un nuevo nombre que asumimos: “Todo tuyo”.

Conságrate a ella. Hoy, consagrarse es justamente colocarse a su lado y entregarse a ella. Ser como un niño que se confía a su corazón, que se lanza en sus brazos, que se pone debajo de su manto. Como un niño asustado, como un niño necesitado que viene corriendo para su mamá, que se lanza en su regazo, en su corazón, que se pone debajo de su manto. Un niño guardado, protegido, Que vence bajo su manto.

¡Tenga la seguridad de que vencerá! Yo aprendí, gracias a Dios, mucho antes: realmente, ella es la Auxiliadora de los cristianos. La victoriosa de las batallas de Dios. En su lucha personal contra el pecado, en su lucha para ser ciudadano del cielo, para inmunizarse de todo pecado, la necesitas como a tu Madre, tu protectora y tu abogada.

Tu hermano,
Monseñor Jonas Abib

Retirado del libro: Maria, mujer del Génesis al Apocalipsis

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