Conservar la vida en la gracia para obtener frutos sobrenaturales

La semilla, una vez sembrada, crece con independencia, de forma que el dueño del campo duerma o vele, y sin que sepa como se produce. Así es la semilla de la gracia que cae en el alma; si no ponemos obstáculos, permiten crecer, dar su fruto inmediatamente, no dependiendo de quien siembra o quien riega, pero sí de Dios que da el crecimiento (Cor 3, 5-9).

Así es el apostolado: la doctrina, la mensaje que tenemos de propagar, tiene una fecundidad propria e infinita, que no es nuestra, pero de Cristo (Josemaria Escriva de Balaguer, “Es Cristo que pasa”). El Señor nos ofrece, constantemente, Su gracia para ayudarnos a sernos fieles, cumpliendo los pequeños deberes de cada momento, en que se manifiesta a nosotros Su voluntad. Nuestra parte consiste en aceptar Su ayuda y cooperar con generosidad y docilidad.

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Una gracia lleva a otra

La docilidad a las inspiraciones del Espíritu Santo es necesaria para conservar la vida de la gracia y para obtener frutos sobrenaturales. Las oportunidades de Dios nos esperan: llegan y pasan. La palabra de vida no espera; si no apropiarnos de ella, va ser llevada al demonio (Cardeal J. H. Newman, Sermón para el Domingo de la Sexagésima: Llamadas de gracia). La resistencia a la gracia produce sobre el alma lo mismo efecto que el sal (R. Garrigou Lagrange, Las tres edades de la vida interior). Una gracia lleva otro contigo: a lo que se tiene, y el alma se fortalece en el bien y en la medida en que se practica, cuanto mayor la parte a recurrir. A cada día el Señor hace un nuevo para que correspondamos repletos de amor a Él, contando con las dificultades y obstáculos, y con el impulso divino para superarlo y convertirlo en motivos de santidad y apostolado. Todo es bien diferente cuando lo realizamos por amor y para el Amor.

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La vida interior necesita tiempo, crece y madura con el pan en el campo. “Hay que tener paciencia con todo el mundo, pero, en primer lugar, contigo mismo (San Francisco De Sales Carta). Nada es imposible para quien espera en el Señor; nada esta totalmente perdido; siempre hay posibilidades de perdón: humildad, sinceridad y arrepentimiento.. Y recomenzar, correspondiendo al Señor, que esta empeñado para superar los obstáculos. Pidamos a Nuestra Madre la paciencia para nosotros y para los demás, y perseverancia en nuestra lucha.

Francisco Fernández Carvajal

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