Coraje y fortaleza, dos caminos para vivir la fe en los días actuales

Son muchas las dificultades y las persecuciones que se presentan en el camino de santidad en nuestras vidas, presentes en Coraje y fortaleza, dos caminos para vivir la fe en los días actuales-dentrolas características de nuestro tiempo. Sin embargo, es en este tiempo que debemos brillar como luces de esperanza cristiana a fin de que iluminemos el mundo. Querer ser santo implica la necesidad de vivir la radicalidad del Evangelio:

‘Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Marcos 8,34).

Debemos mirar para el horizonte, ampliar la tienda de nuestro corazón, transformar nuestra fe intelectual en una fe expectante, una fe que nos envuelve, que nos coloque en movimiento, a un encuentro personal con Jesús. Nuestros ojos deben estar fijos en el Padre ante las trampas y persecuciones del enemigo; con Dios nuestro diálogo debe ser constante para permanecer en Su amor y en sus enseñanzas, inclusive en medio de los intentos de ridiculizar  nuestra fe.

Necesitamos permanecer en el amor de Dios. En los días actuales, en la sociedad en que vivimos, cada minuto es más difícil ser un cristiano católico. Existe una inversión de valores muy grande, un esfuerzo humano de transformar lo sagrado en mundano, y está claro que este combate ataca directo a la juventud, que resiste y persiste en ser cristiana en un mundo tan desapegado a la obediencia, a las orientaciones de la Santa Iglesia Católica y a las infinitas muestras de amor y misericordia que Jesús nos dejó y nos presenta en cada Santa Misa, cuando su santo sacrificio para la remisión de nuestros pecados es actualizado.

¡Cuántos jóvenes, hoy, luchan, todos los días, para ser luz del mundo y sal de la tierra! ¡Cómo esa batalla es, personalmente e íntimamente, difícil y animadora, porque sabemos que el sufrimiento es necesario para nuestra santificación y para llegar a la morada celeste! Sin embargo, lo que se propaga por las redes sociales y que afecta directamente a nuestros jóvenes es la propuesta de la felicidad terrenal, traducida en las acciones de los propios hombres. Hoy, en las universidades, en las escuelas, en las ruedas de amigos, poco se habla sobre la fe católica, cuando no es para criticarla y presentar ideas reformadas para una Iglesia más moderna y que sea “genial” a los ojos del mundo.

“¡Vivimos en el mundo, pero no pertenecemos a él!”

Nuestra juventud cristiana es aplacada por miradas desconfiadas sobre nuestra postura de vida, si es real o solo una pintura hermosa sobre un cuadro viejo. Dios desea que poseamos una santidad dinámica, alegre, responsable y decidida, porque estos son los aspectos que participan de la definición de personalidad del joven que “busca las cosas del Alto”. ¡Vivimos en el mundo, pero no pertenecemos a él! Y para ti, te doy un consejo: sea, en la vida de los jóvenes, dones preciosos del cielo, viva la obediencia, el amor, la pureza y el respecto en todas las ocasiones. Somos llamados como cristianos para anunciar el Evangelio aún con las dificultades que nos asolan.

No nos quedemos esperando que las personas cambien, que el mundo cambie del día para la noche. Siéntate desafiado a cambiar, acoja en su corazón, la seguridad de que Cristo camina con nosotros principalmente en los momentos de las persecuciones. Recuerde: Jesús es nuestra fortaleza. Cuando estás desanimado, ridiculizado, recuerda de la vida de los santos que siempre seguían adelante y retoma el camino, porque “el camino se hace cuando queremos caminar”.

¡Láncemos la semilla del coraje! ¡ Emanuel, Dios conozco, cuidada de nosotros. ¡Ánimo!

Traducción: Thaís Rufino de Azevedo

Por: Leonardo Monlevade

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