El Covid-19 expone la sociedad a grandes lecciones

La pandemia del COVID-19 expone, al mismo tiempo, delirios y lecciones. Los delirios se convierten evidentes en los descompaso sociales, a ejemplo de descaso con los pobres, o a partir de las inhabilidades de los representantes del pueblo. Situaciones que piden cambio, a partir del aprendizaje de muchas lecciones. Ese aprendizaje requiere renovación de mentalidades, de practicas y de estilos de vida. Un reconocimiento de equívocos en determinadas elecciones que inciden no solo en el mundo de la política, pero también en el campo de la cultura y, lamentablemente, incluso mismo en la parte religiosa. Delante de la necesidad de aprenderse muchas lecciones, oportuno es recordar que la eficacia en la aprendizaje depende de un importante aspecto: las personas, indistintamente, asumieren la condición de discípulos, una matiz compartida por Jesús en su maestría.

Enseña mucho y bien quien se pone en la condición de aprendizaje. Esta condición permite el compartimiento de convicciones y experiencia. Y la actitud de compartir es vector de cambio, camino para lograr metas capaces de responder al clamor del pueblo sufrido. Por eso, necesitan estar matriculados en la condición de aprendices, propietariamente, los que votan sus nombres en elecciones, pues es lamentable constatar el desespero de representantes del pueblo en el ejercicio de sus funciones. Falta substrato humanístico y hay indiferencia en relación a la meta de edificar una sociedad solidaria. Cuando se análisis el conjunto de situaciones de la actualidad, evaluando el desempeño de lideres de diferentes lugares del mundo, se llega fácilmente a una conclusión: cambios son necesario. Se percibe que la humanidad esta aprisionada en entendimientos equivocados. Y la calidad de entendimientos es importante termómetro para evaluar la condición de una civilización.

Foto: Rattankun Thongbun by Getty Images

Las elecciones de la covid-19

Esta calidad depende de los procesos educativos responsables por la formación del ser humano. Por eso mismo es preocupante cuando un país convive con el descuido del campo educacional, confiando las manos inhábil, en personas poco lucidos. La consecuencia de ese mal es la desconsideración y el desperdicio de la capacidad humana para promover el desarrollo y el desperdicio de la capacidad humana para promover el desarrollo integral de la sociedad. Urgente es, pues, investir en educación en el desarrollo de entendimientos adecuados, de personas capaces de guiar la sociedad a partir de valores que sostienen la vida, promoviendo relaciones sociales, políticas y culturales justas. Estos procesos educativos cualificados exigen una condición fundamental: cada persona se pone en la condición de aprendiz.

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Nadie puede creer que todo sabe, particularmente en el mundo contemporáneo, caracterizado también por la velocidad de los cambios y por sus muchas complexidades. Se percibe, permanentemente, como aprendiz es también camino para vencer delirios, que se propagan especialmente en este tiempo de pandemia, afectando mentes, vidas y corazones. Hay los que creen omnipotente. Otros se convierten victimas del miedo. Y muchos se apegan a convicciones equivocadas, que pueden llevar a graves debilitamientos institucionales a partir de extremismos, por ejemplo.

Que seamos aprendices

Creerse la única referencia o exclusiva fuente para lograr soluciones es no percibir como aprendiz. Eso lleva a equívocos en los diferentes campos de la vida, incluso en contextos institucionales. Se trata de una postura que debe, urgentemente, ser substituida por la humildad. Solo así es posible seguir un camino que va posibilitar diálogos y, consecuentemente, permitir encontrar la solución más eficaz para diferente desafío. Se reconoce aprendiz, siempre y de forma humilde, es una actitud indispensable para ayudar a recomponer los tejidos socioculturales, políticos y religioso de la civilización contemporánea, sanando delirios, mientras son aprendidas nuevas lecciones.

Dom Walmor Oliveira de Azevedo
El Arzobispo Metropolitano de Belo Horizonte (Brasil), Monseñor Walmor Oliveira de Azevedo, es doctor en Teología Bíblica por la Pontifica Universidad Gregoriana. Actualmente miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Congregación para las Iglesias Orientales. En el Brasil, es obispo referencia para los fieles católicos de Rito Oriental. http://www.arquidiocesebh.org.

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