¿Cuáles los reflejos que la pandemia del Covid-19 trajo para la sociedad?

Hay consenso que la pandemia del Covid-19 apunta para la necesidad de cambios. Los agotamiento de modelos económicos, políticos culturales, e incluso religiosos amenazan la casa Común, sacrifican, de forma criminoso, el medio ambiente. Con la pandemia, percibimos con más claridad, la velocidad impresionante con que estos sacrificios impactan, frontalmente, todas las personas, en cada lugar del planet. Nuevas respuestas a muchos desafíos contemporáneos son urgentes y, hoy, lo que se tiene, es la expectativa definida por una expresión, en muchos discursos, consolida, cada vez más, una importancia de comprensión: no habrá retorno a lo que se llama de “normalidad”.

Para si vivir el “nuevo normal”, muchas lecciones deben ser aprendidas – no solo cultivar convicciones morales en una perspectiva conceptual, pero traducirlas con la adopción de una nueva forma de vivir. Sin este cambio, el mundo sigue pagando un alto precio, intensificada por la fragilidad que toma cuenta de las instancias gubernamentales. En estas instancias, faltan gestores comprometidos con un solido humanismo y capaces de aprovechar, mismo que sea poco, los avanzos científicos y tecnológicos de la contemporaneidad para promover nuevos pasos civiles. Varios sectores – a ejemplo de los contextos académicos, científicos y religiosos están desafiados a lograr nueva epistemología capaz de cualificar la ciudadanía, posibilitando adecuado discernimiento etico, moral sobre practicas y sistemas políticos.

Foto: by Getty Images / AndreyPopov

¿Cuáles los reflejos de la pandemia?

En la ausencia de adecuados cambios, permanecen los colapso agravados en los últimos meses con la pandemia, no solo en los sistemas de salud, por falta de solidez, como también en la dimensión normativa que guía la sociedad. Hay orientaciones de conflictos, poco eficaces, que viene de varias situaciones del poder publico. Una situación que constituye un verdadero “falta de organización” entre autoridades: falta dialogo entre instancias de decisión, lo que, consecuentemente, inviabiliza apertura de nuevos ciclos capaces de superar la actual situación de falta de organización. El momento se convierte más grave aún porque valores innegociable de la democracia, indispensables para promover el bien común, sufren atentados. Una realidad triste, que pide el fortalecimiento de coro de los lucidos, capaz de impedir elecciones oscurantista, antes que sea tarde. El sistema buenos necesita avanzar en este momento para ayudar la democracia y todos los valores y principios que no pueden desaparecer. Imprescindible también es configurar el tejido cultural y los hábitos, de forma superar escenarios de exclusión social y desigualdad.

Desgraciadamente, hay una lentitud en los necesarios procesos de cambios civilizadoras especialmente urgentes en el actual momento. Contribuye para esta inercia a la insistencia perversa que viene de segmentos sociales que no ven nada más que la lógica del dinero. Estos grupos están en la dirección contrario de un nuevo humanismo, esperanza para superar los desafíos establecidos por la pandemia y por otros males. El desafío de la tarea educativa para se cultivar nuevos hábitos necesita, pues, contar con el servicio y la participación de instituciones serias, a ser siempre fortalecidas.

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La transformación de la sociedad

A partir de un gran cambio cultural, cambiar mentalidades y promover la adopción de habitos no son tareas fáciles. Eso exige cultivar convicciones renovadas que llevan a la lucidez. La fuerza educativa necesita engendrar inspiración para transformar desde las situaciones sencillas hasta las realidades más complejas, con incidencia en la infraestructura de la sociedad. Es necesario conquistar lo que es esencial para vivir adecuadamente y descartar lo que amenaza la vida.

Las innovaciones en campos tecnológicos de alta complejidad necesitan inspirar un fenómeno similar en situaciones cotidianas hasta aquí tratadas con displicencia, sin claridad sobre los impactos en la rutina. Tratase de un desafío para la civilización contemporánea, exigiendo adecuada respuestas de cada contexto social. Todos unidos en un para lograr, al mismo tiempo, urgentes correcciones políticas y una Ley pedagógica, capaz de promover nuevos hábitos.

Dom Walmor Oliveira de Azevedo
El Arzobispo Metropolitano de Belo Horizonte (Brasil), Monseñor Walmor Oliveira de Azevedo, es doctor en Teología Bíblica por la Pontifica Universidad Gregoriana. Actualmente miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Congregación para las Iglesias Orientales. En el Brasil, es obispo referencia para los fieles católicos de Rito Oriental. http://www.arquidiocesebh.org.

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