Cuando los hijos llegan

20/10/2008

Dentro del matrimonio, con la llegada de los hijos, la pareja experimenta el paso del estado de vida de marido y mujer para el de padre y madre. Con el nacimiento del hijo, la vida tranquila establecida entre cónyuges puede parecer, para los más carentes, que se está dejando de ser amados, pues ya se tiene la misma atención de antes. Para otras parejas, la presencia del niño roba toda la atención y el cuidado del mundo, y creen que, justamente por causa del bebé, la relación se está enfriando.

Entre las muchas adecuaciones que necesitamos vivir con nuestro cónyuge, la paternidad nos impone cambios en aquello que antes era vivido tan sólo por dos personas. Lo que era necesario para la promoción de la armonía y de la convivencia de a dos, pasa a ser una exigencia dentro de un triángulo amoroso – padre –madre – hijo.

El cambio repentino de pareja de novios para familia hace que los cónyuges se sientan, momentáneamente, perdidos sobre cómo administrar las nuevas tareas. Nuevos hábitos deberán ser asimilados por la pareja, pues aumentan los quehaceres y el día continúa con, sólo, 24 horas. El niño recién llegado ya establece en los padres las obligaciones de cambiarle los pañales, prepararle el biberón y el horario para dormir y despertarse, además, de interrumpir con frecuencia el sueño durante la madrugada.

Durante las 24 horas del día, el “bebito” exigirá de los padres una atención dedicada. Todo lo que era vivido entre marido y mujer – los momentos de enamoramiento, las actividades de fin de semana, los compromisos sin horario marcado – pasa a ser, ahora, vivido en función de los horarios permitido por el bebé. Consecuentemente, todas esas nuevas actividades, fácilmente, van a alterar los ánimos, y, la relación conyugal podrá quedarse muy limitada, hasta que sean establecidas nuevas fórmulas para compensar tantos cambios.

Algunas parejas, ante esta novedad, pueden sentirse abandonadas o no amados, por falta de atención o solidaridad del compañero para el cumplimiento de las nuevas tareas.

Antes de hacer un diagnóstico y condenar la relación conyugal es interesante recordar que en la propuesta del casamiento están implícitas la aceptación y la educación de hijos. Así, si la pareja no está unida en el mismo compromiso o considera que los cuidados del hijo caben sólo a la genitora, problemas, ciertamente, surgirán. Nuevamente la pareja se ocupará de descubrir en el marido, el padre y en la esposa, la madre, que, aunque se hayan convertido en padres, continúan siendo las mismas personas, enamoradas y apasionadas como antes de los nueve meses.

Si deseamos tener el mismo cariño y la misma atención de antes debemos manifestar la disposición para enfrentar otros cambios, que empezarán con la división de las tareas, con la paciencia y con la flexibilidad de los conceptos para lo nuevo que la paternidad y la maternidad conllevan.

Con la llegada de la “cigüeña” muchos nuevos hábitos deberán ser asimilados por la pareja, sin que necesiten abandonar el cariño de marido y mujer.

Dividir las obligaciones alivia la responsabilidad del cónyuge, por lo tanto, propicia el tiempo suficiente para vivir el momento de padre, ahora apasionado por la madre.

Un abrazo

Dado Moura

www.dadomoura.com

Un comentario para “Cuando los hijos llegan”

  1. Dado Moura em outras mídias « Comportamento Dice:
    20/10/2008 às 21:12

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