Cuando vienen las pruebas

Cada momento tiene un significado para hacernos crecer

¿Cómo defines tu vida?
Existen muchas respuestas diferentes para esta pregunta.

He preguntado para algunas personas y me dijeron: la vida es un rompecabezas, un juego de ajedrez, una señal de esperanza, una fiesta, un circo, una montaña rusa, una carrera de fórmula 1 y todavía, un carrusel. Algunas veces estamos bien y otras mal, dando vueltas y vueltas.

El apóstol Santiago, en su epístola, nos propone la pregunta:

“Pero ustedes no saben lo que será el mañana. ¿Estarán con vida todavía? Pues no son más que humo que se ve por unos instantes y luego se disipa” (Sant. 4,14).

Es muy posible que basemos nuestra vida de una forma equivocada, diferente de los propósitos que Dios tiene para nosotros, pero si seguimos nuestra vida en la Palabra de Dios, podemos encontrarnos con la siguiente metáfora: la vida es una prueba.

Dios prueba la fe, la obediencia, el amor, la fidelidad y el carácter de las personas.

Dios probó a Abraham, cuando le pidió a su hijo Isaac como sacrificio y tantos otros ejemplos bíblicos como David, José, Daniel. Ester, Ruth, que pasaron por alguna prueba.

El carácter se manifiesta por medio de las pruebas, toda nuestra vida es una prueba. Siempre vamos a ser probados.

No conocemos todas la pruebas que Dios nos da, pero sabemos que somos probados cuando nuestras oraciones no son respondidas, cuando sufrimos cambios drásticos, tragedias sin sentido, críticas injustas.

He experimentado en mi vida, como Dios prueba mi fe en los problemas, prueba mi amor a través de las personas, prueba mi esperanza a través de las necesidades y dificultades.

A veces parece que Dios se ausenta, no siento su presencia. Son momentos cruciales, donde él quiere probar mostrar mi carácter y mi debilidad, para prepararme para algo más grande.

Cuando entendemos que la vida es una prueba, nos damos cuenta que nada es insignificante. Cada día es importante, cada momento  tiene un significado para crecer y profundizar nuestro carácter, para mostrar amor y ejercitar nuestra dependencia de Dios.

Algunas pruebas son difíciles, otras ni siquiera sentimos. Sin embargo, todas ellas tienen implicaciones eternas.

Lo bueno es que Dios nos permite que pasemos por la pruebas de la vida, pero Él nunca permite que ellas sean mayores que la gracia que nos da para vencerlas. Cada vez que superamos una prueba, Dios toma nota para recompensarnos en la eternidad.

Por lo tanto, no podemos negar las pruebas, cuando ellas vienen, lo contrario, vamos enfrentarlas con dignidad de hijos de Dios.

“Feliz el hombre que soporta pacientemente la prueba, porque, después de probado, recibirá la corona de vida que el Señor prometió a los que lo aman” (Sant 1-12).

Simoni Cavazani
Misionera de la Comunidad Canción Nueva

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