¿Cuanto cuesta tu paz interior?

Jesús supo tener paz interior

Hoy, me he dado cuenta con una pasaje bíblica que me pareció cómica. Es la pasaje en que Jesús, después de un tiempo fuera de su ciudad, vuelve a Nazaret, donde había crecido. En el sábado, él me enseño en el Tiemplo como de costumbre, cuando las personas comenzaron a dudar de Él, y Jesús soltó: “Un profeta no es admirado en su patria”. Aquel pueblo se enfureció y llevó el Señor al alto del monte con la intención de tirarlo de allí. ¿Qué hace Jesús? ¿Gastó energía con rabia? ¿Quedo queriendo vengarse? ¿O preocupado con su imagen? ¡No! “Jesús, además, pasando en medio de ellos, siguió su camino”. Sencillo así, ¡vida que sigue!

Foto ilustrativa: Bruno Marques/cancionnueva.com.es

Jesús sabia cual era el camino

Él no estaba caminando como un andariego, que no sabe para donde va, que cualquier camino sirve. Él sabe muy bien donde quería llegar. Había inteligencia, estrategia en las cosas que Él hacia. Además, solo había camino, porque existía meta. Y aquí es el punto más importante: ¡cuando se tiene una meta, las pequeñas distracciones del camino no roban nuestra energía ni nuestra atención! Una persona inteligente elige por cuales causas vale la pena gastar tiempo durante el camino.

Existen personas que es terco consigo y con los demás, e implican con todo, muestran que siguen la ley, exhiben una perfección vana, una santidad vacía y referencia. Tiene también aquel tipo que colecciona rencores y tristezas, que todo tiene que ser de su forma, del contrario, no presta. Todo eso los convierte en juzgar, competitivas y petulante. Son personas que tiene alto consumo de energía y vitalidad; y todo lo que el otro hace de contrario le roba la paz.

Papa Francisco, en la Exhortación Apostólica Gaudete et Esultate, dice que si miramos los defectos y limites del otro con ternura y mansedumbre, sin sentirnos superiores, podemos darle una mano y aún evitamos gastar energía en la lamentaciones inútiles. Podemos aplicar esa mirada de misericordia también sobre nosotros, con nuestros limites. Cuantas veces necesitamos dar una mano a nosotros mismo y decirnos: ¿vamos intentar más una vez?

Nada vale nuestra paz

No podemos parar en todos los obstáculos que aparecen delante de nosotros. Aún que nuestro obstáculo seamos nosotros mismo o el otro con su forma diferente de hacer las cosas, sus defectos, su envidia, su hablar mal de los demás, su deseo de matarnos. Nada de eso vale nuestra paz.

Mira la actitud de Jesús delante de quien quería tirarlo de un monte: “pasando en medio de ellos, siguió su camino”. A veces, solo necesitamos de eso, pasar, dejar las cosas para tras, no dar valor a quien no merece, parar con las tempestades y pedir perdón, perdonar y concentrarnos en lo que vale la pena. En aquello que definimos como meta de vida.

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Gente sin meta queda parado

¿Tú tienes alguna meta de vida? Sin meta quedas parado. En la exhortación aquí ya citada, el Papa dice: “¿Cuáles son las dos riquezas que no desaparecen? Seguramente dos: el Señor y el projimo”. Mira que no podemos ser una riqueza para nosotros mismos. Por lo tanto, ahora, sabemos donde debemos tener la coraje de investir la vida.

¡Si vivimos así, nada nos quitara la paz!

Rogéria Nair, misionera de la Comunidad Canción Nueva

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