Debemos reconocer el don de Dios en nuestra vida

Dios nos da el don de la vida, por eso es necesario vivirla de acuerdo con Sus enseñanzas

La responsabilidad de conducir la propia vida, reconociéndola como de Dios, es muy seria y desafiante. Una tarea que contempla responsabilidades profesionales, familiares y ciudadanas. Pensar y juzgar, de forma adecuada, esta entre los mayores desafíos existenciales. El apóstol Pablo, en su carta a los Romanos, muestra que superar dinámicas viciadas y oscuras en las formas de pensar y juzgar es “regla de oro”. Un desafío a ser asumido por todos. Al final, el ejercicio de pensar y juzgar determina procedimientos y elecciones que orientan el conjunto de la vida, la competencia para superar crisis y encontrar nuevas respuestas para los desafíos cotidianos.

Foto Ilustrativa: Wesley Almeida/cancionnueva.com.es

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Frecuentemente, ese ejercicio esta enmarcado de forma rígida, por cierta mentalidad vigente. Por eso mismo, hay dificultad para admitir la necesidad de transformaciones en la propia forma de pensar y juzgar. La tendencia es la cristalización – con poca abertura para lo diferente, para otras perspectivas que aporten nuevas percepciones. Se pierde, consecuentemente, la oportunidad para enriquecer la propia vida, conocer más y madurar la mundividad. En la sociedad brasileña, el precio que se paga por ese aprisionamiento a la mentalidad vigente, es la carencia de nuevos lideres, además de la falta de credibilidad que se desdobla en el caos político. Se repiten esquemas y dinámicas, porque no hay amplio compromiso en un permamente proceso de renovación existencial.

La espiritualidad en nuestras elecciones

Es verdad que la capacidad para pensar y juzgar, discernir y escoger, depende de las propias vivencias, de la influencia cultural, familiar y de muchas instituciones. Pero, sobre todo, ese proceso es una experiencia eminentemente espiritual. Sin reconocer la importancia de la espiritualidad, la tendencia es encastillarse en las propias convicciones, sin la necesaria disponibilidad para permanentemente reevaluarlas. Son perpetuados vicios y formas equivocadas de lidiar con problemas, que exigen soluciones urgentes. Todo se convierte más fácil.

Cuando la dimensión espiritual no ilumina la capacidad de pensar y juzgar, las personas se prenden a la mediocridad. No consiguen proporcionar sus instituciones el aliento de la renovación. En lugar de eso, ganan espacio a la corrupción, la mezquindad y la ganancia sin limites. Se desconsidera la sabiduría que alimenta la lucidez. Es fácil constatar que la carencia de nuevas formas de pensar y juzgar es problema común a gobernantes, lideres y muchas personas que integran el contexto social. Gente que presenta un discurso articulado, pero que se revela equivocado del punto de vista ético – moral. Hombres y mujeres que no se valen de criterios que objetivan el bien, la justicia y la paz para interpretar, discernir y hacer elecciones.

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Salud física y mental

Investir en la espiritualidad es imprescindible. Además, el momento en que todos van a reconocer la importancia de la espiritualidad en la fecundación de nuevos modos de pensar y juzgar es realidad lejana. Eso porque, la cristalización de convicciones obsoletos, perpetúa en los individuos, sentimientos malos. Reconocer que la espiritualidad es fundamental para la salud física y mental, se debe, también, considerar que la dimensión espiritual tiene fuerza para hacer florecer la sabiduría. La espiritualidad permite ver incluso la invisible. Es un fundamental remedio para romper con los parámetros de la mediocridad, que son hegemónicos en la sociedad brasileña.

El secreto para mejorar la realidad no es abrazar, incondicionalmente, convicciones que ya están cristalizadas, discursos políticos, partidarios e ideológicos. Se debe conquistar la libertad que sobrepasa el apego al dinero, porque, la ganancia aprisiona consciencias. La espiritualidad es remedio que sana la enfermedad de las mentiras y del egoísmo. La dimensión espiritual alimenta nuevos que cura la enfermedad de las mentiras y del egoísmo. La dimensión espiritual alimenta nuevas formas de pensar y juzgar. Todos son convocados para una autoevaluación, observando las propias convicciones y formas de ver el mundo. Vale acoger la orientación espiritual y humanística del padre José Tolentino, escritos português: “Que nuestros ojos, hechos para mirar las estrellas, no mueren mirando para nuestros zapatos”.

Dom Walmor Oliveira de Azevedo
El Arzobispo Metropolitano de Belo Horizonte (Brasil), Monseñor Walmor Oliveira de Azevedo, es doctor en Teología Bíblica por la Pontifica Universidad Gregoriana. Actualmente miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Congregación para las Iglesias Orientales. En el Brasil, es obispo referencia para los fieles católicos de Rito Oriental. http://www.arquidiocesebh.org.

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