¿Dios, donde estás?

En la Navidad, muchos se recuerdan del Papa Noel, pero se olvidan de Jesús.

En tiempos de Adviento, de preparación para las fiestas de Navidad, del nacimiento de Jesucristo, existe una pregunta que380 provoca algunos cristianos perplejidad: “¿Donde estás?” (Gn 3,9). ¿Donde esta Jesucristo en el contexto navideño, si Él no es más el enfoque para ser celebrado? Las atenciones no se encuentran dirigidas a la espiritualidad cristina.

Los datos de la cultura revelan, teniendo en cuenta los numerosos errores cometidos, que las personas se esconden de Dios. Hacen de todo para anularlo, porque su presencia implica responsabilidad, cobranza y seriedad en la realización de las cosas. La presencia del Señor se entiende como aquello que dificulta el uso de la libertad, por no poder actuar de cualquier forma.

No es muy diferente en Navidad. Jesucristo ha sido menos conocido y menos citado como el niño de Nazaret que la imagen comercial del Papa Noel. No importa el corazón, la transformación interior y una espiritualidad renovada, sino la participación del comercio, la facturación y el regalo material como una de las primeras preocupaciones.

Eliminando a Jesucristo de la Navidad, aumentamos la distancia entre el Creador y la criatura. Con esto, las personas se convierten en dueños de si mismas, queriendo convertirse en diosas de si mismas. Por lo tanto, pueden caer por tierra toda dimensión ética, el sentido de responsabilidad en relación a los demás y la propia naturaleza. Es la perdida de referencias.

¿Dios, donde estás? Fue la preocupación de los antepasados, viendo en Él la realización de un proyecto, teniendo a las personas como colaboradores. Es un proyecto que continua, hoy, y refleja las acciones de la cultura, de la ciencia y del desarrollo de la sociedad. Pero el autor del proyecto no ha sido notado y hasta obligados a estar lejos para no dificultar.

En el espíritu de la Navidad, todos nosotros estamos llamados a un camino de perfección, y armonía con aquello que es capaz de proporcionar felicidad completa. Eso, difícilmente, sucederá sin la confianza en Dios. Es una conquista, con gran determinación, siguiendo el ejemplo de muchos en la donación de vida.

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Traducido: Thaís Rufino de Azevedo

Monseñor Paulo Mendes Peixoto

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