Dirección Espiritual: Las probaciones

La Cruz no es la excepción, es la regla. No es posible seguir a Jesús sin ella

Las dificultades y los sufrimientos de la vida son, en general, las razones que llevan a las personas a buscar una dirección espiritual. El Sacerdote es iluminado con la luz del Evangelio en estas situaciones tan delicadas, buscando darles un sentido.

El famoso terapeuta Viktor Frankl, fundador de la Logoterapia, declaró que el sentido de las cosas es fundamental para lograr el equilibrio psíquico y, para eso, cita al filosofo ateo Friedrich Nietzsche que decía que “el ser humano es capaz de soportar cualquier como, desde que tenga un porque”.

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Siendo así, es necesario antes de nada, entender lo que significa la probación. En griego πειρασμός (peirasmos), se traduce de dos formas: tentación y probación. Ambos tienen el mismo contenido semántico, pero a lo largo del tiempo, hubo una diferencia técnica entre ellas. La tentación se utiliza cuando el sujeto es el Diablo, y probación cuando el sujeto es Dios. Hubo un cambio de finalidad, como se ve.

El Diablo solo tiene un objetivo, por el cual no descansa: hacer que el hombre pierda su alma. Así que, cuando el sufrimiento tiene origen demoniaco, la finalidad es siempre esta: llevar el hombre para el fuego del infierno, para la muerte eterna. En este sentido, no siempre es interesante para el Diablo tentar al hombre por el sufrimiento, más fácil es mantenerlo en el conforto, disfrutando las comodidades de la vida material, porque así estará caminando hacia al abismo.

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Dios, al contrario, no tienta el hombre, como lo demuestra la Sagrada Escritura: “Que nadie diga en el momento de la prueba: Dios me manda la prueba. Porque Dios está a salvo de todo mal y tampoco manda pruebas a ninguno” (Sant 1,13). Eso no significa, ademas, que Dios no permita que la probación ocurra. Él tiene otra finalidad. Él prueba a sus elegidos porque quiere ver que el amor y la santidad florezcan en su amigos.

Enseña San Pablo, en el famoso Himno de la Caridad (I Cor 13, 1-13) que si no se tiene amor, no existe nada. Lo que santifica al hombre es el AMOR. Así que, no es una cuestión de rezar o no rezar, sufrir o no sufrir, sino de amar o no amar. Y queriendo promover el amor, Dios permite las pruebas.

El ejemplo de San Padre Pio es contundente. Él tenia tentaciones, promovidas por el Diablo, a fin de que él vacile en su fe y se pierda. Las probaciones, a su vez, Dios las permitía para fortalecer al santo en el amor.

Pero, ¿por qué Dios promueve el crecimiento del amor por medio del sufrimiento? Por una razón muy sencilla: la Cruz no es la excepción, es la regla. No es posible seguir a Jesús sin ella. “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga” (Lc 9,23). Por lo tanto, la cruz es la condición para seguir a Cristo.

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¿Por qué Dios quiso que sea de este modo? Porque en el mundo donde reina el egoísmo y el pecado, solo por la purificación (cruz) es posible hacer florecer el amor. “Sine sanguinis effusione non fit remissio”, es decir, sin derramamiento de sangre no existe redención (Hb 9,22), porque es así que el amor manifiesta su verdadera naturaleza. Él es un pacto de sangre, en el que se afirma “derramo mi sangre, pero no desisto de ti”.

Dios quiere que el hombre crezca en amor hasta la estatura de Cristo. Muchos cumplen con su obligación, realizan todo con celo, son buenos cristianos, pero son cometidos repentinamente por la vanidad y por la soberbia. Se creen mejores que los demás, porque están “haciendo todo lo correcto”. En este momento es que Dios entra para “contrariar”, para empezar la purificación. Y como es Dios que actúa,recibe el nombre de purificación pasiva.

Importante es recordar que en el crecimiento espiritual existen tres fases: 1- purgativa (inicialmente); 2-iluminativa (avanzados); 3-unitiva (perfectos). En el pasaje de la primera para la segunda fase, entra la fase de la cruz. Es ella que promueve la purificación, porque la persona ya ha hecho todo que podía sola y no es más capaz de avanzar espiritualmente, por eso Dios da la oportunidad de que la persona avance y se purifique

Ese proceso es diferente entre las personas de vida activa y contemplativa. Los contemplativos son purificados por medio de la aridez espiritual, o como San Juan de la Cruz llama de “noche oscura de los sentidos”. Ya en los activos esta “noche” se manifiesta en probaciones reales: enfermedades, persecuciones de fracasos pastoral, que Dios permite que ocurran.

La purificación es importante, porque prepara la persona para Dios. Y va ocurrir en esta vida o en el purgatorio, eso es cierto. Santo Tomas enseña que la mayor de las penas en esta tierra equivale a la menor de las penas en el purgatorio, es decir, es mejor sufrir aquí que en el purgatorio.

El sufrimiento debe ser visto como una gracia, un don de Dios. Padre Reginald Garrigou-Lagrange, famoso actor espiritual, cuando habla sobre la santificación de los sacerdotes en su obra “Las tres vías y las tres conversiones”, cita el ejemplo de un padre francés, muy bien relacionado, que fue calumniado y suspendido injustamente. Delante de eso, postraron ante él a Cristo crucificado y agradeció por la oportunidad de amarlo.

Por lo tanto, delante de las probaciones o de las tentaciones, es necesario reflexionar sobre el motivo por el cual Dios esta permitiendo una o otra. Y si Él lo permite es porque desea crecimiento espiritual de tus hijos, por lo tanto, solo resta arrodillarse delante de Él y repetir, como el padre francés: “¡Dios mío, que oportunidad maravillosa de amarte!”

Traducción y Adaptación: Thaís Rufino de Azevedo

Fuente: Padrepauloricardo.org

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