El amor conyugal

No desistas en la primera crisis

Estamos llamados a ser sal y luz para este mundo. Si existe un amor conyugal, debe ser harmónico y concreto, pues, a partir de esos sentimientos, todo marcha bien.

San Francisco de Sales nos dice “los hijos beben del amor entre el marido y la mujer”. ¿Qué amor tus hijos están bebiendo en tu casa?

Hoy, traemos la reflexión de lo que construye y destruye al amor conyugal.

En el matrimonio, no basta mirar a los ojos y decir “te amo”, sino que es necesario estar dispuesto a vivir las consecuencias del amor.

Una cosa que destruye el casamiento es el egoísmo, una palabra que proviene del ego = yo. ¿Cuántas veces has pensado solamente en ti? Reflexion Piensa en los momentos en que has colocado tu ego en las diferentes situaciones.

En la relación matrimonial, la sexualidad es divina, por eso las parejas deben tener buena relación entre sí. La santidad de los dos es importante para la unión de la pareja, porque, si la relación se enfría, automáticamente, la relación va terminando. Y la primera causa de la separación es el enfriamiento de la pareja.

El antídoto para nuestro egoísmo es el altruismo, que quiere decir donarse a los demás. En vez de pensar solamente en sí, uno se abre para ver la voluntad y la necesidad de la otra persona. Es necesario buscar la felicidad del otro.

Dios es amor y fuimos creados a su imagen y semejanza. Nuestra vida en la tierra nos da el deseo de buscar siempre el amor auténtico y verdadero, que es una gracia, un don.

Cuando nos enamoramos, amamos gratuitamente. Cuando amamos nos donamos a la otra persona y esta no necesita hacer algo por nosotros. Así es el amor de Dios, el amor divino.

El amor conyugal para la Iglesia es un amor humano, pues sale de una persona y va hacia otra. A través de la generosidad conquistamos y nos donamos, pues la felicidad está en donarse al otro.

Quien ama siempre tiene algo que ofrecer.

El individualismo es la segunda cosa que dificulta la relación, porque la vida de una pareja deja de ser vivida de a dos. Y, en una relación, el cónyuge no tiene más un individualismo y no realiza sólo lo que quiere, pues su “sí” matrimonial lo abre a la otra persona.

¿Quién es la persona más importante de tu vida? ¿No es tu marido o tu esposa? Entonces, ¿por qué tratarlo tan rudamente? Basta que seas sólo tú. Coloca siempre el “nosotros” entre ustedes y sana la herida causada por el uso del “yo”. Construyan el “nosotros”, que sea hoy el día del matrimonio de a dos.

El matrimonio está constituido por el encuentro del “tú” para formar el “nosotros”. Se debe compartir todo. Es lo que prometimos vivir durante toda la vida, en el dolor y en la alegría.

A nadie le gusta ser maltratado¿Cuántos matrimonios terminan en una crisis financiera, en una discusión, por no estar preparados para las dificultades?. Después de los sufrimientos siempre nos velvemos más humanos.

No desistas en la primera crisis. Dios eterniza la unión matrimonial. No basta sólo tu amor, es necesario el de Dios para que el matrimonio se mantenga.

Diacono Paulo y Mara Lourenço
Consagrados Agregados de La Comunidad Canción Nueva
financeirocn@cancaonova.com

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