El corazón de Dios esta siempre a la espera de nuestra vuelta

Dios, en Su infinita misericordia, esta siempre dispuesto a acogernos

¡Es hermoso ver como Dios actúa con nosotros! Ella deja las noventa y nueve ovejas para venir a nuestro encuentro. “Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse” (Lucas 15, 7).

Foto ilustrativa: Paula Dizaró/cancionnueva.com.es

Es maravilloso saber que Jesús y el Padre buscan, cuidadosamente a cada uno de aquellos que se perdieron; y después nos invitan a alegrarnos con Ellos, porque consiguieron de vuelta a aquel que estaba perdido. Glorifico a Dios, porque, un día, yo estaba “perdida” y Él me rescató.

La parábola del padre misericordioso y sus dos hijos, es una de las mas bellas pasajes bíblicas, donde me identifico con el hijo pródigo, pues con el hijo más viejo. Cuantas veces decimos al Señor: “Padre, dame la parte de herencia que me corresponde”. Y el padre les repartió sus bienes. (Lc 15,12). Reconozco que, por muchos momentos, quise llevar mi vida; y Dios, que es un Padre amoroso, me dio la libertad. ¡En todos estos momentos, sin embargo, yo sufrí mucho, por eso aprendí que necesitamos pedir al Espíritu Santo el equilibrio, la templanza y la sabiduría, para estar siempre en la voluntad de Dios, sabiendo que Su voluntad es lo mejor para nosotros!

Es triste ver como perdemos todo lo que poseemos, lo que el Señor nos da. Debemos usar bien los dones, los talentos que Él nos concede, no podemos más perder. Muchas veces, llegamos al “fondo del pozo” y nos asemejamos a los animales, perdemos la dignidad. Pero mirando para el hijo pródigo, percibimos que, cuando él “cayó en sí” y vio todo lo que había dejado, no tuvo dudas en volver para su padre (Lc 15,17).

¡El retorno fue maravilloso y siempre sera!

¡Es así que el Padre nos acoge! Cuando volvemos para Él, el Padre nos cubre de besos, de cariño, amor, bendiciones, en fin, de todo aquello que buscamos allá afuera, en el mundo, más que solo en la casa del Padre, “junto” de Dios, podemos encontrar.

Es interesante también observar que el Padre siempre esta a nuestra espera. A todo momento, el corazón de Dios espera a nuestro alrededor. En esta hora pensamos: ¿cuantos sufrimientos causamos a tu corazón amoroso?

No tengo duda de que esta pasaje: “…Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó” (Lc 15, 20), se refiere al momento en que resolvemos “cambiar de vida”, de la decisión de nuestro corazón, estábamos muy lejos de Dios, pero Él ya “avistaba” esta intención en nuestro interior y sabía que eso era el más importante, y es aquí que Él se llena de compasión y corre al nuestro encuentro, nos envuelve con un abrazo, que nos sana y garante el perdón. Es una señal de que Él se olvido de nuestro pasado. Él ya ni oye nuestros argumentos, pero, por el contrario, nos da una nueva ropaje, hace con nosotros una Nueva Alianza y celebra nuestro retorno a la vida:

“Porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado”. Y comenzó la fiesta” (Lc 15, 24).

No nos acostumbramos con el amor de Dios

¡La reacción del hijo más viejo es hasta comprensible! Él estaba con el Padre hace tantos años y se rebeló al ver la fiesta preparada para su hermano. ¡Cuantas veces también nosotros no acogemos aquellos que se desviaran, pero, un día, resuelven volver para Dios, no abrimos nuestro corazón para el perdón ni para la acogida!

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Al oír la respuesta del Padre al hijo más viejo: “Pero el padre le dijo: “Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado” (Lc 15, 31-32). Percibimos lo mucho que necesitamos aprender a amar y reconocer el amor de Dios presente constantemente en nuestra vida.

¡Pidamos al Señor, a partir de hoy, que no nos acostumbramos con Su amor y Su gracia, pero sepamos vivir intensamente cada momento que Él nos concede, pues la vida es muy preciosa y necesita ser vivida en Dios, en el amor!

Patricia Mendes, misionera de la Comunidad Canción Nueva

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