El llamado a la vocación sacerdotal

Responder a este llamado fue un camino de discernimiento entre la vida sacerdotal y la vida de un joven de Dios

El llamado de Dios, en mi vida, ocurre desde cuando yo era niña. Pero, después de la adolescencia, hubo un momento en que tuve que dar una respuesta. Seguir Jesús más de cerca es maravilloso, además, no hay como seguirlo sin renuncia. “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga” (Lc 9,23).

Después de 18 años, seguí mi vida cristiana en la sencillez de la vida cotidiana, es decir, participaba de la Misa y de los grupos de oración, rezaba el rosario, etc. Era un buen cristiano. Naturalmente, la espiritualidad que vivía no era desvinculado de mis acciones. Yo era un buen hijo, trabajador, músico y noviazgo. Fue en el noviazgo que, específicamente, tuve que dar una respuesta concreta para Dios.

Vocación

Foto: Wesley Almeida/cancaonova.com

Decidir por el llamado de Dios

Viví un noviazgo santo, sabiendo amar y respetar la niña que estaba a mi lado. Todavía, aún que oculto, el llamado de Dios, Su voz, estaba en mi interior. Interesante la frase de San Agustín: “Nos criaste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto mientras no descansar en ti” De hecho, mí corazón caminaba inquieto toda vez que me acercaba de Dios, porque sabia que Él me llamaba. ¿Existía un dilema dentro de mí: continuar con noviazgo o seguir esta voz que me llama a ser padre?

Al completar un buen tiempo de relacionamiento, tuve que dar un gran paso, o sea, renunciarlo para seguir a Jesús, porque no era posible continuar de aquella forma, huyendo del llamado de Dios y engañando la chica a mi lado. Me recuerdo la pasaje bíblica: “Jesús, al irse de allí, vio a un hombre llamado Mateo en su puesto de cobrador de impuestos, y le dijo: Síguime. Mateo se levantó y lo siguió” (Mt 9,9). Es necesario dejar el relacionamiento, porque yo no estaba dando por entero a él. Tenía que obedecer a la voz de Dios. No fue fácil, porque obedecer a Jesús es dar pasos en la fe. Entonces, en aquella época, yo me decidí dar mí ‘sí’ al llamado de Dios para ser padre.

Siga tu vocación

Hoy, experimento que “solo es feliz quien realiza tu vocación”, como afirma monseñor Jonas Abib. Muchos jóvenes encuentran esta felicidad en otro estado de vida, en el cual somos llamado. Quien es llamado al sacerdocio no consigue negar que solo el amor de Dios sana los anhelos del proprio corazón. Monseñor Rafael Cifuentes enseña que “no existe amor humano que este amor divino puede igualar, porque la vida eterna sabe”.

Si tu joven tiene miedo de seguir Jesús más cerca, porque tiene miedo de renunciar al noviazgo, trabajo y familia, si escuchas la voz de Cristo que llama “¡Sígueme!”, no tengas miedo de donar tu vida y corresponder al llamado de Dios. No es fácil, yo sé, pero testimonio que vale la pena!

“Quien hace entrar Cristo nada pierde, absolutamente nada de aquello que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Solo en esta amistad se abren, de par en par, las puertas de la vida. Solo en esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana [..] Él no quita nada, él da todo” (San Juan Pablo II).

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Ricardo Cordeiro
Candidato a las Órdenes Sacras en la Comunidad Canción Nueva. Licenciado en Filosofía por la Comunidad Canción Nueva, Cachoeira Paulista (SP) y pos graduado en Bioética por la Facultad Canción Nueva. Trabaja en el Departamento de Internet de Canción Nueva y en el Santuario Padre de la Misericordia.

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