El Matrimonio: arma en el combate espiritual

El enemigo sabe que al destruir la familia, destruye el lugar donde todos nosotros experimentamos el amor gratuito

Hoy, para nosotros hijos de Dios es un día especial por ser Domingo. Es un día de fiesta, en que celebramos la victoria de Jesus sobre todo mal. El resucitó, venció la muerte, el pecado y a todo mal. Nosotros, tenemos que celebrar el domingo pues es un día de fiesta. Entonces puedes esforzarte, anda a Misa con ropa de fiesta.

El pasaje de hoy está en Mateo 19,3-12: “Se acercaron a él algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le dijeron: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?».El respondió: «¿No han leído ustedes que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer; y que dijo: “Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne”?
De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido». Le replicaron: «Entonces, ¿por qué Moisés prescribió entregar una declaración de divorcio cuando uno se separa?». El les dijo: «Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón de ustedes, pero al principio no era sí. Por lo tanto, yo les digo: El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio». Los discípulos le dijeron: «Si esta es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse». Y él les respondió: «No todos entienden este lenguaje, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido. En efecto, algunos no se casan, porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!”

Hoy vamos a meditar los dos últimos sacramentos que faltaron: el matrimonio y la orden. La palabra comunión es muy cristiana, Dios es comunión de personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios nos invita a entrar en comunión con El y con el prójimo. Así será la vida eterna y así comienza ya en esta vida, cuando entramos en comunión con Dios. Es el ministerio de la comunión de los santos.

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En ese pasaje los fariseos para probar a Jesús le preguntaron si era lícito divorciarse de su mujer. En el tiempo de Jesús el divorcio era permitido a través de una concesión dada por Moisés a los judíos. ¿Qué dijo Jesús? Que el hombre no separe lo que Dios unió. Ya no son dos, sino uno solo. Este es el misterio del sacramento del matrimonio. El matrimonio es algo natural en la vida del hombre que viene desde el inicio de la creación. Si puedes tomar el libro de Génesis verás que Dios creó hombre y mujer, la primera pareja, y bendijo ese amor. Fue Dios quien creó el matrimonio. En algunos paises están cambiando la definición del matrimonio en el código civil. Ya no es solo un pacto entre hombre y mujer sino que puede ser entre dos hombres. Están queriendo colocarse en el lugar de Dios.

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Dios bendijo el amor humano y Jesús elevó esa realidad natural a la dignidad de sacramento. Y ayer vimos que los sacramentos son señales eficaces de la gracia de Dios, capaces de transformarte. El matrimonio es uno de los 7 sacramentos instituídos por Jesus que eleva y santifica el amor humano de los esposos. Los hace participar y ser señal del amor de Jesús por su Iglesia. Jesús ama la Iglesia con un amor esponsal y la Iglesia es llamada a responder a ese amor con una fidelidad total. El sacramento del matrimonio es señal de ese amor en el mundo y así lo santifica.

En el día de tu matrimonio Dios tomó tu amor humano y lo elevó a una dimensión nueva, porque derramó en él el amor esponsal de Cristo y su Iglesia. Y nada puede hacer tambalear ese amor pues es el amor de Dios Por ese amor, Jesus resucitó de los muertos. San Pablo ya dijo que nada nos puede separar del amor de Dios. Pero el demonio hoy tiene un blanco principal sobre el cual dispara sus bombas. Ese blanco es la familia. La familia está siendo atacada continuamente por el enemigo de Dios. Sabe que al destruir la familia, destruye el lugar donde todos nosotros experimentamos el amor gratuito. Es ahí que recibes y das el amor gratuito. Nada nos hace crecer más como personas, a imagen y semejanza de Dios, que recibir amor y aprender a amar. La vida eterna es esto: amar y ser amado por siempre. Esto comienza en la familia y también en la gran familia de Dios que es la Iglesia Católica.

=>Matrimonio, herramienta de santificación

¿Cuáles son las bombas más peligrosas que el enemigo está lanzando en las familias?

Una de ellas es hacer que los esposos piensen que los hijos son un problema. Hoy quien puede tener hijos dice que ya no se puede porque hay que trabajar, que primero hay que establecer la vida profesional y es complicado. Entonces a través de la catequesis del demonio (novelas, películas, músicas, etc) él va convenciéndonos que la fecundidad es un problema. Por eso vemos a tantas parejas jóvenes diciendo que no quieren tener hijos. Solo tienes que ver la cantidad de abortos por año en el mundo. Más de 40 millones de niños son asesinados por sus padres cada año.

Otra bomba con que el demonio está seduciendo nuestro mundo es el vicio de la lujuria: la idolatría del placer sexual, hacer del placer sexual tu dios. Fíjate como la pornografía se difundió por todos lados, internet está lleno de pornografía. Cuántos programas incitando a la sensualidad, incluso en los niños. Ahora los estados están imponiendo en las escuelas la educación sexual, la cual debería llamarse, perversión sexual. Están enseñando a niños de 5, 6 años que la masturbación es buena, que la homosexualidad es buena. Están imponiendo en varios estados un programa de perversión sexual para destruir al hombre. Esos pecados de desorden de la sexualidad son altamente destructivos porque impiden el amor verdadero. Porque no amas sino que usas a la otra persona.

Y lamentablemente eso sucede también dentro de los matrimonios. Muchos matrimonios practican la contracepción (que son todas las acciones que antes, durante y después del acto conyugal tiene como intención tornar ese acto voluntariamente infecundo – preservativo, las pastillas anticonceptivas, etc).

La lujuria es como la droga, la pruebas y ahí vas, consumes, consumes, consumes y después quieres siempre más. Tantas esposas reclaman mucho que sus maridos están viciados en pornografía de Internet o que están siendo engañadas. Pero yo te pregunto, ¿como fue tu noviazgo? ¿Fue un noviazgo casto, que aprendió a amar al otro verdaderamente o fue un noviazgo lleno de libertinaje? Quien no se controla en el noviazgo, no conseguirá controlarse en el matrimonio. El problema viene de atrás. Ustedes no lucharon en permanecer en la castidad, en el dominio de si mismo. No respetaste a tu novia, a tu mujer, y ahora vienen las amargas consecuencias. Pero Dios te concede la gracia de recomenzar, porque para Él nada es imposible. Existen muchos estudios que dicen que la relación entre los matrimonios que practican la contracepción y el divorcio es grande. Aquellos que practican la contracepción tienen una gran chance de divorciarse, justamente lo contrario que pasa con los matrimonios abiertos a la vida, donde el índice es casi cero.

Y hoy el demonio está consiguiendo destruir las familias a través de la contracepción y el divorcio. En Portugal cada 4 casamientos, 3 terminan en divorcio. Y cada vez son más las personas que no se casan y solo se juntan, viviendo en la fornicación. Existen cada vez más aquellos que se divorcian civilmente y se vuelven a casar una, dos y tres veces. ¿Cuántos hijos no se sienten amados porque su madre está con otro y su papá con otra? Que destructivo es eso para un niño. Qué va a ser de esos niños que no fueron amados en las familias. ¿Dentro de poco se van a casar y cómo van a amar si nunca experimentaron el verdadero amor? El demonio sabe que si destruye la familia, destruye la humanidad.

Recientemente en Roma tuvimos el sínodo de los Obispos para la familia. Nuestro Papa Francisco percibió que tenemos que ayudar a las familias. Hermanos, tenemos que rezar, tenemos que reunirnos para pensar en cómo podemos ayudar a salvar a nuestras familias.

Pero las los periodistas, enemigos de Dios, lanzaron una feroz campaña contra las familias, alimentando confusiones y mentiras sobre el sínodo de las Familias. Has escuchado un montón de locuras en esos días, como por ejemplo, que la Iglesia va a cambiar y va a pasar a dar la comunión para los matrimonios en segunda unión. Mentira. La Iglesia no va a cambiar mi hermano. Imagina, Juan Bautista, perdió la cabeza por acusar a Herodes de estar con la mujer de su hermano. Tú conoces la historia. Y acabamos de escuchar en la palabra de Jesús: no separe el hombre lo que Dios unió.

Si tomas el Catecismos de la Iglesia Católica en el número 1640, leemos lo siguiente: “Por tanto, el vínculo matrimonial es establecido por Dios mismo, de modo que el matrimonio celebrado y consumado entre bautizados no puede ser disuelto jamás. Este vínculo que resulta del acto humano libre de los esposos y de la consumación del matrimonio es una realidad ya irrevocable y da origen a una alianza garantizada por la fidelidad de Dios. La Iglesia no tiene poder para pronunciarse contra esta disposición de la sabiduría divina”. O sea la Iglesia no puede alterar nada de aquello que es la Palabra de Dios. Debe transmitir fielmente sus enseñanzas.

Y en el párrafo 1650 vemos: “Hoy son numerosos en muchos países los católicos que recurren al divorcio según las leyes civiles y que contraen también civilmente una nueva unión. La Iglesia mantiene, por fidelidad a la palabra de Jesucristo (“Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio”: Mc 10,11-12), que no puede reconocer como válida esta nueva unión, si era válido el primer matrimonio. Si los divorciados se vuelven a casar civilmente, se ponen en una situación que contradice objetivamente a la ley de Dios. Por lo cual no pueden acceder a la comunión eucarística mientras persista esta situación, y por la misma razón no pueden ejercer ciertas responsabilidades eclesiales. La reconciliación mediante el sacramento de la penitencia no puede ser concedida más que aquellos que se arrepientan de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo y que se comprometan a vivir en total continencia”.

Pero y si estás divorciado y quieres volver a comulgar ¿que debes hacer? En la medida de lo posible, si estas con otra persona y no tienes hijos, debes cortar con esa personas, pues no es tu marido, no es tu esposa. Después de separada de esa persona tienes que confesarte. Y ya no estando en una unión ilícita, no estando en adulterio, habiéndote confesado, puedes comulgar y retomar tu camino rumbo al cielo.

Padre Duarte Lara
Encuentro de Sanación y Liberación

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