El sacerdote en la sociedad

El concepto que se tenga del sacerdote será distinto en quien tiene fe y en quien no la tiene. En quien pertenezca a la Iglesia Católica y en quien profese otras creencias. Dentro de ella en quien se esfuerza por conocer su fe y practicarla, o en quien vive dentro de la tibieza espiritual. Y por último, en quien ha tenido experiencias positivas en el trato con sacerdotes o en quien desafortunadamente ha tenido experiencias negativas.

Por otra parte, somos testigos de una campaña periodística a nivel internacional de desprestigio en contra de los sacerdotes –con fundamento real, tristemente, en algunos casos-.
No es una casualidad que todas las baterías estén enfocadas contra la Iglesia Católica, respetando a otras instituciones religiosas, aparatos educativos, y ámbitos familiares en los que se cometen la mayoría de los abusos contra menores. El propósito de desautorizar a la Iglesia se debe a que predica una doctrina muy exigente la cual, siendo un muro moral de contención, es interpretada por algunos como un ataque a los derechos de la humanidad.

Vivimos bajo un fuerte influjo liberal. Los sistemas educativos en las diversas escuelas, el mundo del entretenimiento y la diversión, los medios de comunicación, y especialmente el esquema familiar debilitado, y con frecuencia en crisis, han logrado romperle la brújula a la sociedad. Por todo esto no es de extrañar que la figura del sacerdote les resulte antipática a algunos.
Hace varios años iba con un amigo por la calle y al darse cuenta que varias personas volteaban a verme -pues siempre ando vestido con ropa clerical- me dijo: Ustedes llaman más la atención que las rubias. Es cierto, algunos la mayoría nos miran con simpatía, pero no siempre es así.

Si tengo más de treinta años vistiendo como sacerdote me parece que sería una incongruencia dejar de hacerlo por temor a ser mal visto por algunos. Es más, pienso que identificar a los sacerdotes con los delincuentes pederastas sería una gran torpeza. Si tal fuera el caso, las autoridades deberían someter a juicio a quienes formamos parte del clero por ese mismo hecho. De forma semejante se podría encarcelar a los policías en base a que algunos de ellos cometen delitos haciendo mal uso de sus uniformes.

No cabe duda que sería interesante hacer trabajos serios y objetivos de investigación sociológica para descubrir los beneficios y posibles daños que los sacerdotes hemos hecho y hacemos a la sociedad en sus diversos ámbitos. Aunque sin duda, los resultados más importantes son aquellos que sólo Dios conoce: Los beneficios espirituales que no son posibles de cuantificar con nuestros baremos.

Padre Alejandro Cortés González Báez
Nuestro columnista desde México

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