El secreto de María nos profundiza en el amor de Dios

12/04/2017

El secreto de María de nada nos sirve si no conseguimos vencer para nuestra vida

Para que una persona hable de sus secretos, es necesario haber cierto grado de intimidad con otra. Aún si tenemos lazos familiares entre ellas, es necesario tener intimidad. Así también ocurre entre madre y hijo. Cuando pedimos que Nuestra Señora nos revele, hable de tus secretos, haz necesario que nos pongamos de pies descalzos o, porque no, de rodillas, como quien pide: “¡Nos revela, muéstranos tu corazón!” Solo así vamos ser capaces de recibir, o mejor, compartir tu secreto.

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Foto: Archivo CN

Secreto de María

Hagamos silencio. Aquel silencio que para en el mundo en sus orígenes y que paro en el vientre de María. Hagamos silencio. Hablemos con nuestra alma: ¡Silencia tu alma! ¡Calla el ruido de tu voluntad! ¡Silencio, mundo que me atrae! Alguien que amo me va contar un precioso secreto. Este, se no cambiar el mundo, con seguridad cambiara tu mundo, si permites. Madre, contame tu secreto.

Es en el abismo de la buena voluntad que comienza el secreto de María. ¿Qué significa eso? Nuestro punto de partida se encuentra en el relato del anuncio del Ángel Grabriel (Lc 1,26-38). En esta pasaje, nos damos cuenta que la iniciativa de la oración siempre parte de Dios. Él es, de cierto modo, el mendigo de Amor, porque se encuentra a llamar a la puerta de nuestro corazón. En una constante actitud de espera, de suplica, esta siempre listo para ir a nuestro encuentro y invitar para el banquete. No importa el estado en que nuestra alma se encuentra ni por cuales caminos tortuoso tengamos caminado. Él esta siempre a esperarnos, dispuesto a enlazar en su brazo de Padre.

Ternura del amor de Dios

El secreto de María consiste en dejarse constantemente abrazar y en ser alcanzar por ese amor. Consiste, aún, en permitir que las torrentes de la infinita ternura de Dios la sorprenda, como en enumeras veces en su historia. Por eso, las generaciones la conocen como la Bien amada, bienaventurada, la inmaculada María.

Necesitamos descubrir en nosotros, en nuestra vida, que somos bien amados. La verdadera oración consiste en, antes mismo de amar, sentirnos amado. Más que sentir, sabernos ser amados, reconocernos amados. En la primera Carta de San Juan (I Jo 4, 10) esta escrito: “En esto consiste el amor: no fuimos nosotros que amamos a Dios, pero fue Él quien nos llamo y nos envió su Hijo”. La experiencia inicial y incondicional para cualquier llamado autentico y esencial es la de ser amado. Soy amado y por eso respondo con amor.

Al sumergir aún más en el secreto de María, la profundidad la que llegaremos solo el Espíritu Santo podrá medir. Pensamos que otra características de la iniciativa divina es la libertad. Dios eligió quien quiere. Él es libre, ama siendo libre y liberta, porque ama. En este ámbito, miramos para la Inmaculada.

Dios quiso hacer María sin mancha de pecado, porque Él es libre. Ese amor la liberto una vez y para siempre, se convirtió sin mancha, purifico y la hizo participante por primero de los meritos de Su Hijo. Su amor profundo crea la Arca de Nueva Alianza. Quiso dejarnos marcados no más por el recuerdo de aquella humanidad que quería ser deseado como Dios, y sí, por la mujer que supo encantarlo al se hacer esclava para hacer la voluntad del Padre y convertirse la madre del Salvador. ¡Ese mismo Dios, en su libertad, te eligió para ser hijo de María, para ser su bien amado!

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Vencer las dificultades

El secreto de María de nada nos sirve si no conseguimos vencer en la vida. Podemos encontrar la presencia del amor de Dios en los acontecimientos simples del día a día, sea al recibir una palabra de conforto de un hermano o su oración por nosotros. Son pequeños mimos de un Dios que ama. Muchas veces, eso ocurre no solo en aquello que nosotros deseamos, pero en cosas que nosotros ni sabíamos que necesitábamos. Ocurre en dificultades por veces ni conocidas o en realidades que ya conocemos, pero delante de las cuales no tendríamos coraje de seguir delante debido a las renuncias que nos serían exigidas. Es necesario amar mucho para renunciar, para aceptar la corrección y para tener la coraje de corregir, de educar el alma. Dios nos envía probaciones, porque nos ama.

A veces, estamos esperando espectáculos del Señor. María sabía el secreto: Dios es maravilloso, no mágico. Es poderoso, no es fantasía. Él se revela en gestos constantes de amor, presentes e inesperado. ¡La voluntad de recomenzar que tenemos es Dios amando! ¡Es como el amanecer que nace todos los días! No importa el tamaño de la dificultad que tenemos en rezar, Dios esta nos amando nuevamente. Yo soy tu bien amado, tu bien amada. Él esta tomando la iniciativa. Es el silencio de la luz que resurge rompiendo la tinieblas, no importando lo mucho que dure la noche.

Érika Vilela
Fundador y moderadora general de la comunidad ‘Hijos de María’

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