El ser humano es una obra prima de las manos de Dios

Dios nos muestra la sacralidad de la vida humana

El ser humano es una obra de las manos de Dios, porque cada persona es querida por el Creador. Enseña el salmista que nosotros fuimos tejidos por Dios en el vientre de nuestra madre (Sal 138, 13). Él nos muestra, de esta forma, el cariño de Dios al crearnos. Como somos tejidos en el seno materno, en el vientre se convierte en un lugar sagrado, lugar de vida y no de muerte. Es un jardín donde la vida florece; jamás puede ser un cementerio donde la vida es deshecha.

El autor del libro de Genesis, de forma poética, describe como el hombre fue creado por Dios. Todas las cosas creadas no tiene un arquetipo, son creadas “según su especie” (Gn 1, 21; 24; 25). Por su vez, el ser humano se distingue de esta realidad, Dios lo hizo mirando para sí mismo, es decir, su propria imagen y semejanza (Gn 1, 26). Luego, la dignidad del ser humano es superior a todas las otras cosas creadas.

Foto Ilustrativa: Wesley Almeida/cancaonova.com

Un otro aspecto que puede ser visto es que todas las cosas creadas son puestas en el mundo; el ser humano, por su vez, además de ser puesta en el mundo, puede dominar lo que existe en él. “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que tenga autoridad sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo, sobre los animales del campo, las fieras salvajes y los reptiles que se arrastran por el suelo. Y creó Dios al hombre a su imagen. A imagen de Dios lo creó. Varón y mujer los creó” (Gn 1, 26-27). El dominio sobre la creación hace con que el hombre participe de la gloria de su Creador. El hombre, mientras imagen de Dios, es su representante.

Valorización de la vida

Por lo tanto, la vida humana es sagrada e inviolable. San Juan, en tu Evangelio, dice sobre la misión de Jesús para con la humanidad: “El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia”(Jn 10, 10). A partir de esta palabras de Cristo, entendemos que nadie tiene el derecho de atentar contra la vida de nadie, especialmente, de los inocentes. La vida debe existir siempre de forma abundante.

Necesitamos superar esta visión equivocada del mundo actual, donde el dios dinero tiene más valor que la persona humana. Así como el bienestar de la mujer tiene más valor que el niño que ella lleva en su vientre. Eso muestra una inversión total de valores, y por eso motivo el ser humano esta siendo excluido.

Ese descarte del ser humano es fruto de una comprensión equivocada del valor de la persona. Nadie puede ser sustituido, así como ningún ser humano es más importante que el otro. Cada vida es única, exclusiva e insustituible. Cada persona tiene valor propio, porque es creada por las manos de Dios.

Partiendo del principio que el ser humano es obra de las manos de Dios, él es, por lo tanto, lo que es de más noble y valioso existe en el universo. Solo conociendo el verdadero valor de cada persona es que seremos capaces de valorizarnos, así como, dar el debido valor a los demás. Esta consciencia es fundamental para defendernos la vida desde la concepción a la muerte natural.

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Sacralidad de las vida humana

Vivimos en una sociedad, no raramente enferma y adormecida, delante del valor de la vida. Las personas, muchas veces, son valorizadas no por los que son en sí, sino por el papel que desempeñan en la sociedad. ¡Eso es absurdo! Porque nadie debe ser valorizado, en primer lugar, por la función que ejerce en la sociedad, por su poder adquisitivo, por el tanto de dinero o privilegio que tiene. Sin faltar con el debido respeto por su profesión y posición social el valor y el respeto que antecede es lo de persona. ¡La persona es siempre lo más importante! Quien comprende esta lógica jamás va ser irrespetuoso con quien quiere que sea.

Vivemos en una época donde el obvio necesita ser explicado. Por eso mismo, la necesidad de hablar sobre la belleza, el valor y sacralidad de la vida humana. Ella que debería ser protegida, ha sido amenazada. Pero a todos nosotros, en primer lugar a nosotros cristianos corresponde salvaguardar el mayor don de Dios, a la vida, en particular, de los inocentes que aún no nacieron.

El ser humano es obra de las manos de Dios. La vida humana es sagrada y inviolable. Es por eso que, aun nadando contra la corriente, no podemos desanimar y muchos menos desistir. Necesitamos caminar con la esperanza y seguridad, como afirma San Juan II, que la vida vencerá, “sí, la vida vencerá, porque del lado de la vida están la verdad, el bien, la alegría y el verdadero progreso. Del lado de la vida esta Dios, que ama la vida y da en abundancia” (Dignitas Personae, n 3).

Elenildo Pereira
Candidato a las Ordenes Sacras en la Comunidad Canción Nueva. Licenciado en Filosofía por la Facultad Cancção Nova [Canción Nueva], Cachoeira Paulista – Brasil (SP). Licenciatura en Teología por la Facultad Dehoniana, Taubate – Brasil (SP) y pos graduando en Bioética por la Facultad Canção Nova. Actúa en Departamento de TV de Canção Nova [Canción Nueva], en el Santuario Padre de las Misericordias y Confesionarios.

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