El tesoro de la fe y su vivencia diaria

El tesoro de la fe, con su fuerza sostiene, es indispensable basada para la humanidad, aún que las asimilaciones de las practicas religiosas y políticas hayan desvirtuado de la vivencia de la fe. Así, lo que debería ser una rica experiencia se alejo de la esencia de la verdad y del amor, propios de ese tesoro, causando prejuicios y perdidas de credibilidad.

El retorno a las fuentes de la fe, su vivencia testimonial, lejos de las peligrosas divisiones y tendencias ideológicas, comprueba la retomada de un camino iluminado capaz de cualificar la condición existencial de cada persona y, consecuentemente, su ciudadanía, guiando la condición existencia de cada persona y, consecuentemente, su ciudadanía, guiando la humanidad dirección del amor y de la verdad.

Foto ilustrativa: Wesley Almeida/cancionnueva.com.es

La inteligente referencia a la imagen simbólica del vaso de barro, que guarda el tesoro de la fe, es un recurso con fuerza pedagógica, utilizado por el apóstol Pablo, en su misión desarrollada en contextos urbanos semejantes a los actuales. Un tiempo marcado por las polarizaciones y arriesgada relatividad de valores y principios. A ejemplo de lo que se ve hoy, grupos y segmentos combatían, provocando preocupado alejado del tesoro de la fe.

Los argumento ideológicos en la defensa de la fe se acercan, por los extremos, de la conducta de aquellos que la operan por interés político – partidarios. Guían las situaciones, acelerando el debilitamiento de las relaciones entre los que creen. Incapacitan o impiden que la fuerza de la fe direcciones los caminos de la humanidad en la dirección del amor de Dios. En este horizonte, lamentablemente, los cristianos gastan mucho tiempo con disputas a partir de sus diferencias. Dejan tragar por dinámicas hegemonías, de carácter partidario, acentuando más aún los alejamientos.

El tesoro que trae luz

El hecho que las disputas Crecente y las resistencia multiplicadas no contribuyen para la construcción de un nuevo tiempo, y retardan la recepción de lo que es genuino de la fe, por la Palabra de Dios, con la fuerza propria de la tradición. Así, se puede darse cuenta que el punto de partida de las divisiones no es la autenticidad de la fe, pero la disputa a partir de lugares que evidencian la caída de brazo entre ideologías de matices diferentes. El contexto revela un confronto que no encontrará la solución del entendimiento y del fortalecimiento, a ejemplo que requiere la construcción de una sociedad asentada en las dinámicas del desarrollo integral – con crecimiento sustentable y relaciones ciudadano en parámetros oscilante que permitan el dialogo.

Tenemos que pensar el propio constitutivo de la fe a partir de la escucha que impulsiona al indispensable dialogo, capaz de hacer de las diferencia la riqueza y consecuente creativa de reconstrucción. Pero, al contrario, se habla mucho sin escuchar integralmente el otro y a sí mismo. Discurso autodestructivo que se configura por descompás, rigidez, acusaciones.

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Es fundamental tener presente el discernimiento que la palabra del cristiano, inspirada por el Espíritu Santo, debe ser edificante, incluir la corrección, la critica necesaria y, especialmente, compartir de nueva comprensión, que construyen y desarrolla nuevas conductas a la luz de los valores del Evangelio. El cristiano es morada del Espíritu Santo, luego, lo que dice y lo que ha de ser movido por ese mismo Espíritu. En contramano de esta dirección y de estas dinámicas, ya no es Dios quien actuá.

Por eso mismo, la ciudadanía civil necesita de la cualificada ciudadanía cristiana. Algo que se construye en la vivencia de la fe y tiene su punto de partida en el retorno a la fuente de esta misma fe. Pero de la asistencia de esta fuente viene el riesgo de las disputas intensas sin solución, llevando individuos al contexto de criminalización por falta de respeto a la inviolable dignidad de toda persona. El momento cultural y sociopolítico, como también religioso, indica la importancia de asimilación y practicas que, diariamente, devuelven las personas a necesaria conexión con la fuerza transformadora de la fe, recibiendo de ese tesoro una sabiduría con claridad propia para entendimientos, correcciones y alineamiento en búsqueda del bien y de la verdad.

Obliga la purificación de los intereses partidarios hegemónicos, con la transparencia de propósitos y la estrecha fidelidad a los valores cristianos con la fata de negociar, para el retorno a la fuente inagotable de la fe y, así, beber de su agua con toda la humildad. La luz de la fe es la única que posibilita ver el invisible y tiene en sí las propriedades para hacer de cada cristiano una fuerza de amor en esta configurada crisis, abriendo el ciclo de contribución que solo el Evangelio puede ofrecer, en diálogos constructivos, entendimientos en la búsqueda de la verdad y de la fraternidad solidaria.

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Dom Walmor Oliveira de Azevedo
El Arzobispo Metropolitano de Belo Horizonte (Brasil), Monseñor Walmor Oliveira de Azevedo, es doctor en Teología Bíblica por la Pontifica Universidad Gregoriana. Actualmente miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Congregación para las Iglesias Orientales. En el Brasil, es obispo referencia para los fieles católicos de Rito Oriental. http://www.arquidiocesebh.org.

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