El tiempo de Dios es ahora

Con el cambio de estaciones, somos llamados a un nuevo tiempo

 

Así como las estaciones, tenemos un ciclo en nuestra vida. Un tiempo para cada sentimiento. Incluso cuando estamos en un invierno en nuestra vida, seco, sin mucha vida, desanimados, después viene la primavera y con ella la esperanza, la fuerza de voluntad y el ánimo.

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Estamos en un tiempo de recomienzo, de vida nueva, de retomar y reestructurar nuestra vida, comenzar una nueva primavera, un tiempo nuevo. Somos llamados a un nuevo período, una lucha nueva, una conversión.

Con este tiempo nuevo, con este impulso, tenemos que continuar luchando, tenemos que continuar convirtiéndonos, pues Dios ha llamado a los buenos y no podemos pensar que falta mucho para Jesús regresar. No podemos quedarnos estancados, tibios, sin hacer nada, porque Dios puede volver o nosotros podemos ir a su encuentro.

Dios nos llama a establecer nuevas metas, nuevos proyectos; no grandes proyectos, sino reales, que aun cuando sean pequeños proyectos, estén de acuerdo con nuestra vida, con nuestra realidad. El Señor nos da la gracia, pero necesitamos buscar y dar pasos concretos en dirección a Él; y a pesar de que encontremos obstáculos, Él nos dará fuerzas.

En Isaías 43,18-19, dice: “Pero no se acuerden más de otros tiempos, ni sueñen ya más en las cosas del pasado. Pues yo voy a realizar una cosa nueva, que ya aparece. ¿No la notan? Sí, trazaré una ruta en las soledades y pondré praderas en el desierto”

Tenemos que ver las obras nuevas que Dios realiza, aun cuando estemos pasando por nuestro invierno; tenemos que ver la semilla que Él planta, para que podamos cosechar en la primavera. A pesar de que estemos secos, el Señor nos dice que hay ríos en nosotros, tenemos que estar abiertos a las cosas nuevas que Él nos propone.

El tiempo de Dios

Dios siempre está dispuesto a sanarnos, tanto física como interiormente. En su tiempo, Él nos sanará, pero esperar el tiempo de Dios es un desafío para nosotros.

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Existe la espera y la esperanza. La espera, en el sentido cronológico, causa ansiedad. El tiempo humano nos hace sufrir por anticipación, pero cuando esperamos en el Kairós, que es el tiempo de la gracia de Dios, la espera se transforma en esperanza.

Cuando estamos esperando en Dios, no nos decepcionamos. La esperanza es perseverancia, insistencia. Nos trae alegría, ánimo y vida; no tristeza ni desánimo. Esa esperanza solo dará frutos cuando demos el perdón, la puerta de toda sanación y de toda gracia está en el perdón. Cuando perdonamos de corazón hasta la providencia de Dios se manifiesta.

Robson Luiz
Misionero de la Comunidad Canción Nueva
Prédica durante el Jueves de Adoración Eucarística

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