El valor de un “hijo de Dios” no tiene precio

Aquél que es hijo de Dios sabe que no se puede vender por ningún valor

Foto: Wesley Almeida/cancionnueva.com.es

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El dinero sucio está podrido. Y cuando cae en nuestra mano o en nuestra billetera, pudre el corazón. ¿Cómo podemos entonces llegar delante de Dios? ¿Cómo arrodillarnos delante del Santísimo Sacramento para adorarlo y pedirle las gracias que necesitamos?

Jesús nos hace una pregunta inquietante: “¿De que le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?”. Todo hombre tiene su precio.

Cada cual se vende por el valor de su dignidad. Aquél que es hijo de Dios sabe que no se puede vender, porque su valor de “hijo de Dios” no tiene precio. Al contrario, aquel que se acepta vender y se deja corromper, pierde la dignidad infinita.

En nuestra ambición, no medimos el cómo ganar. Entonces ocurre el robo, la corrupción, la discordia, y no sabemos cómo administrar eso.

Vivimos con miedo de los escándalos y no tenemos paz, porque la consciencia pesa. Podemos engañar y robar a todo el mundo, pero no conseguimos callar la voz suave de la consciencia, que es la voz de Dios. Y si callamos esa voz, nos convertimos en un bicho salvaje, destructivo.

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Tu hermano,
Wellington Jardim (Eto)
Cofundador de la Comunidad Canción Nueva y administrador de la FJPII

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