¿En tiempos difíciles como vivir de la Divina Providencia?

15/08/2017

Cree y confía en la Divina Providencia en los momentos de dificultad

Wesley Almeida/cancionnueva.com.es

Wesley Almeida/cancionnueva.com.es

Actualmente en los últimos días, enfrentar la falta de recursos es algo que no conseguimos escapar. Sea por nuestra propia realidad, por las publicaciones en la Internet o por las conversas a nuestro alrededor, la verdad es que, donde quiere que estemos, el asunto parece inevitable. Y aún que tengamos el deseo de mantener optimismo, acabamos contagiados por las lamentaciones. Con eso, inevitable también es el sentimiento de miedo e inseguridad que la crisis provoca. Por fin, viene la pregunta: “¿Lo que puedo hacer delante de esta realidad? ¿Sera que existe una salida?”.

La buena noticia es que existe sí una salida y ella tiene un nombre: Divina Providencia. Además, ¿tu sabes lo que significa Divina Providencia? Teológicamente, quiere decir el poder y la sabiduría suprema de Dios con la cual él gobierna todas las cosas y personas. En otras palabras, es una experiencia de fe que nos desafía a hacernos lo que esta a nuestro alcance, pero, al mismo tiempo, a abandonarnos totalmente en las manos de Dios, dejándonos guiar por Él en todos los aspectos, seguros de que, “Dios dispone, todas las cosas para el bien de los que lo aman, de aquellos que él llamó según su designio” (Rom 8, 28). En este sentido, vivir de la Divina Providencia significa aún aceptar la voluntad de Dios, aún que ella sea contraria a nuestras expectativas; porque son pruebas que vivimos que nos hacen valorizar lo esencial. Basta recordar, por ejemplo, lo mucho que valoramos la salud después de la enfermedad, el trabajo después del desempleo y podría crear muchas otras situaciones que vivimos en el dolor, pero que nos conviertan personas mejores después de la superación. Pérdidas y ganancias forman parte de la arte de vivir, lo que no podemos es parar delante de desafíos como la crisis financiera, por ejemplo.

Vence la crisis y no desanime

Madre Teresa, al hablar sobre esto, enseñanos que no podemos dejar oxidar el hierro que existe en nosotros. “Cuando no conseguir correr atrás de los años, trote. Cuando no conseguir trotar, camina. Cuando no conseguir caminar, usa bastón. Pero nunca pare”, dice ella con toda sabiduría propia de quien pasó por este mundo haciendo su parte, además, confiando seguramente en los designios de Dios. Creo que esta sea la receta, o por lo menos, una buena sugerencia para quien desea vivir de la Divina Providencia en nuestros días, es decir, hacer lo que compete a nosotros a cada instante – ni menos, porque es negligencia; ni más, porque lo que no esta a nuestro alcance, Dios no nos pide que hagamos -, y confiar seguramente en la acción divina, que puede incluso tardar de acuerdo con nuestras expectativas, pero nunca falla, porque Él es rico en generosidad.

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Otro aspecto que considero importante, en este sentido, es asumir la verdad. No es fácil reconocer que estamos viviendo un momento de crisis, sea ella cual sea, pero sin ese paso no tiene como dar otros. La verdad dicha de la forma correcta siempre liberta. Por lo tanto, si la crisis material engendra la familia, es fundamental que todos, independientemente de la edad, sepa y colaboren con los cambios que ella exige. Necesitamos tener el coraje, por ejemplo, de preguntarnos delante de algo que queremos: ¿va ser que, realmente, necesito de eso? Al mismo tiempo, ayudar nuestros hijos a repensar también sus decisiones, recordando que nadie puede tener todo que desea en este mundo, y saber elegir hoy y condición fundamental para la felicidad futura.

Ser agradecido por lo que tiene también es muy importante para experimentar la acción de Dios. A veces, enfocamos nuestra atención en lo que falta, pero nos olvidamos de dar gracias por lo que tenemos. En realidad, deberíamos dar gracias a Dios siempre, incluso por lo que no recibimos, porque, si tenemos paciencia necesaria con el tiempo, acabamos por percibir que lo que tanto pedimos, en realidad, no sería lo mejor para nosotros. Entonces, en todo caso, es necesario confiar, antes de todo, en el amor de Dios y dar gracias. Por eso, las Sagradas Escrituras nos recuerdan que “Fíjense en las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, no guardan alimentos en graneros, y sin embargo el Padre del Cielo, el Padre de ustedes, las alimenta. ¿No valen ustedes muchos más que las aves?” (Mt 6,26). ¡Y como es bueno saber que tenemos un Padre que nos ama y esta dispuesto a ayudarnos también en nuestro medio a las pruebas que la vida ofrece! Por lo tanto, confiemos en su amor y dejémonos guiar por Él, porque la confianza es importante en todos los sentidos, y para vivir de la Divina Providencia es fundamental.

Dijanira Silva
Misionera de la Comunidad Canción Nueva, actualmente reside en la misión de San Pablo.

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