Entienda por que la Virgen María es llena de gracia

Todas las gracias pasan por las manos de la Virgen María

El Señor quiso realizar maravillas en María. ¿Quien tiene derecho de quitar lo que el Señor quiso hacer?

Cuando un artista quiere hacer una obra de barro, él agarra ese barro y haz de él su obra prima. Dios quiso hacer maravillas en María, que es “barro” como nosotros; por eso tenemos de exaltar el Señor como ella Lo exalto:

“Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador” (Lc 1, 46-47).

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Foto: Archivo/cancionnueva.com.es

María no glorifico a sí misma; ella llamó el Señor de Salvador. Fue Él quien agarro el barro de la humanidad de Nuestra Señora y hizo de él maravillas. ¡Que Dios sea glorificado! Cuando tu exalta las perfecciones, las bellezas y maravillas que Dios hizo en la Virgen Santísima, ¿quien tu exaltas? Aquel que la hizo. Ella mismo declaró eso (…) “porque el Poderoso hizo por mi grandes cosas: santo es Su nombre”

“María dijo entonces: Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora” (Lc 1, 46-48).

Nuestra Señora sabe que es humilde y pobre. El bonito es que ella siempre fue pobre y nunca quiso dejarla de ser, nunca quiso dejar de ser humilde. Ella no se exalto. Llena de Espíritu Santo, Ella proclama la primera y grande profecía de Nuevo Testamento:

“En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!” (Lc 1,48).

Todos aquellos que proclaman María bienaventurada están realizando esta profecía. Todos aquellos que no quisieron proclamar bienaventurada estarán saliendo de esta profecía que no es de iniciativa humana, pero que viene de Dios. Fue el Altísimo mismo quien puso en los labios de ella estas palabras: “En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!”

“El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: ¡Alégrate”, llena de gracia, el Señor está contigo. Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo” (Lucas 1, 28-29).

¿Por que María quedo perturbada pensando en que significaría semejante saludo? Para nosotros que estamos acostumbrados a decir “Ave María, llena de gracia…”, el termo “gracia” no tiene mucho peso, pasa desapercibido. Pero para ella, israelita, que conocía muy bien las Sagradas Escrituras, este termo había un peso enorme; nadie nunca había sido recibido de esta forma. ¡Por eso, cuando el ángel lo llama de llena de gracia, ella queda espantada! Es como si ella dijera: “¡No puede ser! ¿Yo, llena de gracia?” Dios canalizó en María todo Su amor, toda Su bondad y benevolencia. El Señor dio a la Virgen Santa toda Su gracia.

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“Pero el Angel le dijo: No temas, María, porque Dios te ha favorecido” (Lc 1,30-31).
Mira quien es este Jesús: “Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin” ( Lc 1, 32-33).

Él será el Mesías, va ser hijo del Altísimo. Jesús no va ser un cualquier; Él va ser grande, tendrá el trono de David. Eternamente reinará en la casa de jaco y Su Reino no tendrá fin. El Hijo de María es Hijo de Dios, es el Mesías, el Salvador.

San Afonso de Ligorio afirma: “Dios quiere que, por las manos de María, lleguen a nosotros todas las gracias.

Debemos recurrir a la Santa Madre de Dios, para que posamos recibir muchas gracias por intermedio de ella. ¡Amén!

(Pasaje tomado del libro “María – Mujer de Génesis al Apocalipse”, de monseñor Jonas Abib)

Fuente: Canção Nova

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