¿Es noviazgo o amistad?

En la época de mi adolescencia, era muy común esa pregunta en medio del grupo de amigos. Era suficiente que la relación entre un muchacho y una muchacha se estrechara un poco más para que llegara el cuestionamiento casi siempre sarcástico. ¿Es noviazgo o amistad?

Me acuerdo que, cuando esa pregunta me envolvía, tenía mucha prisa para responder que solo era amistad. Cierta vez, casi perdí una amistad, ya que la opinión de él era diferente.

Bien, son cosas que recordamos y que nos ayudan a comprender mejor algunos conceptos que cambian o que permanecen cuando nos volvemos adultos.

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No tiene que ser noviazgo o amistad. ¡Puede ser noviazgo y amistad!

Durante un buen período de mi vida, continué pensando que no podía unir las dos cosas: noviazgo y amistad. Hasta que comprendí, por fuerza de la experiencia personal, pero también por ser testigo de varias relaciones amorosas frutos de la amistad, que, en verdad, es posible dar una respuesta diferente a ese interrogante que perdura hasta hoy.

No tiene que ser noviazgo o amistad. ¡Puede ser noviazgo y amistad! Es más, es bueno que así sea y hasta es necesario. ¿Si la pareja no tiene como base los principios de la amistad, cómo puede construir una relación sana y duradera?

Con la “onda” de los noviazgos virtuales, que lamentablemente crecen mucho en los últimos tiempos, se hace necesario, todavía más, considerar la esencia del noviazgo. El Profesor Felipe Aquino, al hablar del asunto, dice: “el tiempo de noviazgo es, antes que nada, un momento de conocimiento del otro, más por dentro que por fuera. Y para conocer al otro es necesario que se “revele”, que se muestro realmente como es. La reciprocidad es verdadera”.

El noviazgo también es una cuestión de elección, de meta que se tiene para la vida. Ya escuché decir, muchas veces, que el matrimonio es un noviazgo que fue exitoso, de forma que, se la meta es construir una familia sana y bendecida, el noviazgo necesita comenzar así.

Aristóteles, uno de los grandes filósofos de la antigua Grecia, ya decía que “el hombre aspira a dos grandes cosas: conocimiento y felicidad”. Platón y Epicuro creía que la felicidad era tener amigos. Con el pasar del tiempo y el descubrimiento del romanticismo, se comenzó a creer que “la felicidad es haber encontrado un amor”. ¡Espera, un momento! ¿En ese caso, quien no encontró todavía un amor es considerado infeliz? Si fuese así, tendríamos que considerar que todos los religiosos y célibes, que por libre elección permanecen solos dedicando su vida al servicio del Reino de los Cielos, son infelices. Y sabemos que esto no es así.

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Conozco religiosos felices y realizados en su vida célibe; y matrimonios que se declaraban enamorados para siempre, pero, lamentablemente hoy, ya no se aman tanto.

Creo que la felicidad pasa primero por aceptar amarse a sí mismo como persona humana, imagen y semejanza de Dios. Sintiéndose así, libre ante Dios, podrás elegir donarte como amigo o novio/a y ser feliz amando, porque nacemos, sobretodo, para amar.

Dijanira Silva
Misionera de la Comunidad Canción Nueva, desde 1997, reside en la misión de San Pablo, donde se desenvuelve en los medios de comunicación. Presente diariamente programas en la Radio América CN. Es columnista desde el 2000 del portal cancaonova.com. También es autora de libros publicados por la Editora Canción Nueva.

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