¿Existe la oración correcta y una que sea errada?

A fin de responder esa pregunta, comencemos por lo que dice el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) sobre qué es la oración:

“La oración es la elevación del alma a Dios o la petición al Señor de bienes conformes a su voluntad. La oración es siempre un don de Dios que sale al encuentro del hombre. La oración cristiana es relación personal y viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo, que habita en sus corazones” (nº 534)

Podemos concluir en lo siguiente: la oración, por excelencia, es siempre correcta, adecuada y oportuna, porque es “siempre un don de Dios que viene al encuentro del hombre”. Es decir, es siempre una iniciativa de Dios que nos desea, que nos quiere cerca; y nuestra respuesta es corresponder a ese llamado amoroso: “Me sedujiste, Señor; y yo me dejé seducir” (Jer 20,7).

Siendo así, hablar de “oración errada” sería también una expresión incorrecta, porque la esencia es siempre correcta. Tú, sin embargo podrías preguntar: “¿Y si es estoy en pecado, si no estoy concentrado, si estoy sin voluntad de orar o cualquier otro motivo que me aparte del acto de rezar?”.

¿Y mis errores?

Volvemos, entonces, a lo que dice el párrafo de arrima del Compendio del CIC: “la oración cristiana es una relación personal y vivía de los hijos de Dios”. Por lo tanto, si la oración es personal y viva, siempre será apropiada.

No es que seamos perfectos e impecables en el modo de rezar, en las palabras, concentración y en las intenciones; lo que no puede cambiar es tener un corazón sincero. Si comprendemos que rezar significa relacionarnos de modo vivo y personas con el Señor, incluso en medio de mis errores y limitaciones, la oración siempre es acertada.

Además de eso, la oración hace parte de la esencia del hombre, pues es propio del ser humano el deseo de lo transcendente y de lo sobrenatural. Una premisa básica en las diferentes culturas, religiones y épocas de la historia. Existe una vocación espontánea de los hombres y mujeres de oración. En este punto, el Compendio también nos ayuda:

“Existe una vocación universal a la oración, porque Dios, por medio de la creación, llama a todo ser desde la nada; e incluso después de la caída, el hombre sigue siendo capaz de reconocer a su Creador, conservando el deseo de Aquel que le ha llamado a la existencia. Todas las religiones y, de modo particular, toda la historia de la salvación, dan testimonio de este deseo de Dios por parte del hombre; pero es Dios quien primero e incesantemente atrae a todos al encuentro misterioso de la oración” (Nº 535)

Foto: Bruno Marques/cancionnueva.com.es

El Señor, que hizo el cielo y la tierra, formó también su creación más amada: ¡el ser humano! La Santísima Trinidad es la comunión perfecta de amor, y ese amor traspasó a su Creación, especialmente en el hombre y mujer, imagen y semejanza de Dios. Siendo así, la oración nos coloca dentro de esa comunión de la Trinidad. Somos hechos por Dios y para Él, que nos llamó a la vida y también para vivir en el Señor.

Podrías, así, decir que orar es volver a la esencia de nuestra creación, que es vivir en la comunión de Dios Trino Uno y Santo. Se comprendemos eso, nuestra oración siempre será adecuada, pues la cuestión no es si cumplimos, en una actitud legalista. ¡Además, es tener un corazón deseante de Dios de forma ardiente, viva y apasionada! Es comprender quienes somos, esto es, expresión concreta y visible del amor divino y, de este modo, nuestra oración será siempre precisa.

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¿Y cómo y cuándo se realiza? Todos los momentos son indicados para la oración, pero la Iglesia propone a los fieles ritmos destinados a alimentar la oración continua: oración de la mañana y del atardecer, antes y después de las comidas, la Liturgia de la Horas, la Eucaristía dominical, el Santo Rosario, las fiestas del año litúrgico (Compendio Nº 567).¡Nuestra Iglesia es rica en su Liturgia, devociones y tradiciones! No nos faltan los medios, los instrumentos. Si mantenemos el foco en la comunión con Dios, tenemos las prácticas de oración no como el fin, sino como un puente, con el fin de llegar al Señor.

¡Deseamos al Padre, Hijo y al Espíritu Santo, y somos muy deseados por la Trinidad! Una sintonía tan profunda, que mueve la existencia en todas las circunstancias. ¡Eso es oración! ¡Esa es la oración adecuada para los momentos adecuados e inciertos de la vida!

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.:Oración en tiempos de coronavirus
.:Estar delante de la Cruz hace toda diferencia

Gracielle Reis
Misionera de la Comunidad Canción Nueva – Fátima (Portugal)

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