En esta guerra, el tentador es nuestro grande enemigo

En la lucha contra el enemigo es necesario estar preparado para el combate

En el artículo anterior hicimos una analogía entre el cristiano y el soldado. Percibimos que, así como el soldado, el cristiano encuentra, en el ambiente secular, una atmósfera hostil pudiendo ser comparado con una gran batalla. Vivimos, todos los días, pequeñas y grandes luchas. Además de eso, vemos que en una guerra es necesario conocer bien el enemigo quien se esta combatiendo y, el primero de ellos, es el pecado.

En este artículo, conoceremos otro importante oponente: el propio demonio y su tentación. Antes quiero destacar que, sin embargo ese adversario sea poderoso, por el hecho de ser un puro espíritu, el demonio no es infinito, mucho menos invencible (CIC 395). No solo sea invencible, pero ya fue vencido por Nuestro Señor.

Sepamos que, inmediatamente después del bautismo de Jesús por Juan, Él se dirigió al desierto y allá permaneció por cuarenta días sin alimentarse. Al final de este período, Jesús fue tentando, pero no se sucumbió a ella (Lc 4, 1-13). La tradición de la Iglesia Católica nos muestra que la victoria de Jesús sobre el tentador en el desierto, anticipa la victoria de la Pasión. (CIC 539).

Podemos, entonces, afirmar con alegría: ¡Jesús venció! En otras palabras, el tentador fue vencido por Jesús desde el comienzo y en el último combate de Su agonía en la Cruz. La victoria sobre el tentador fue alcanzada, definitivamente, en el momento en que Jesús libremente se entrego a la muerte para darnos a la vida.

Foto: Wesley Almeida/cancionnueva.com.es

Si Jesús ya venció el tentador, ¿por que aún somos tentados?

Esta no es una pregunta tan sencilla de responder. El propio Catecismo de la Iglesia Católica, en el número 395, informa que: la “permisión divina de la actividad diabólica es un gran misterio”. El hecho es que esta lucha contra el poder de las tinieblas va durar hasta el último día, según las palabras de Jesús. Además, el propio Dios permite la existencia de los males para quitar de ellos un bien mayor.

Además, por causa del pecado de nuestros primeros padres, la naturaleza humana quedo debilitada y el tentador conquistó cierta dominación sobre el hombre. Esta situación dramática en que se encuentra el hombre, hace de tu vida un verdadero combate.

La constitución pastoral “Gaudium et Spes” (Alegría y Esperanza), que trata de las relaciones entre la Iglesia Católica y el mundo coterraneo, expresa que la historia universal de la humanidad esta posando por una lucha ardua contra el poder de las tinieblas. Una vez que, esta lucha va ser trabada hasta el último día, inserido en esta batalla, el hombre debe luchar siempre y sin desanimar. Según la “Gaudium et Spes”, el hombre jamás lograra la unidad interior, sino con grandes esfuerzos. Él debe, por encima de todo, contar con la ayuda de la gracia de Dios (GS 37, 2).

Dios transforma el mal en bien

Delante de toda esta tensión y cansacio causados por la lucha contra el mal, es un gran error pensar que todo esta perdido o que el ser humano fue abandonado por Dios. Sobre esto, el Catecismo de la Iglesia Catolica nos asegura, en el parrafo 410, que se engaña quien piensa que Dios abandono el hombre después de la caída, por el contrario, Dios llamo y anuncio que vencería el mal y se levantaría de la caída.

Puede, entonces, surgir la siguiente pregunta: “¿Por que Dios no impidió el primer hombre de pecar?. San Leão Magno responde: “La gracia inefable de Cristo nos dio bienes superiores a los que la envidia del demonio había quitado”. (CIC 412). Efectivamente, Dios permite que los males ocurren para de ellos pueda quitar un bien mayor. De ahí la palabra de San Pablo: “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rm 5, 20).

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No estamos en este mundo a paseo

Todo soldado, cuando va para la guerra, sabe antes que, la cautela y el permanente estado de alerta puede ser el elemento determinante para salvar tu vida o dejar perderla. Así, haciendo una puente con el asunto que estamos tratando, es esencial tener en mente que nosotros no podemos ponernos en este campo de batalla, como si estuviéramos haciendo un paseo en el parque. Si así lo hace, seguramente, vamos ser herido.

Es una cuestión de consciencia y de responsabilidad. No fue por acaso que una de las amonestación más preciosas de toda la biblia es aquella que Jesús hizo a sus discípulos, cuando estaba en el Getsêmani: “Es tén despiertos y recen para que no caigan en la tentación” (Mt 26,41).

Fue precisamente, en esta pasaje del Evangelio, que la vigilancia del corazón es recordada con insistencia por Jesús. Por tres veces Él pidió a sus discípulos que se uniesen a Él en la vigilancia. La tradición de la Iglesia Católica nos trae lindamente que la vigilancia es la “guarda del corazón”. No es por acaso que, en el libro del Apocalipse, esta escrito: “Miren que vengo como un ladrón. Feliz el que se mantiene despierto y no se quita la ropa, porque así no tendrá que andar desnudo y no se verán sus vergüenzas” (Ap 16, 15).

¿Qué dicen los padres espirituales sobre la falta de vigilancia?

Los grandes directores espirituales de la fe cristiana entienden que la disminución de la vigilancia o la negligencia del corazón es por causa de una grave enfermedad espiritual: la acidia, pero popularmente conocida por pereza. También podemos recordar que, la pereza es un pecado capital, es decir, generado de otros pecados y de otros vicios.

Por lo tanto, mis hermanos, permanecemos atentos y vigilantes. No nos olvidemos de que nuestro adversario, el diablo, esta a nuestra a nuestro lado como un león, buscando a quien devorar. Es en la vigilancia de la fe que resistiremos a él y a toda su investida.

Para concluir, quiero traer una orden que Dios nos da por medio de San Pedro: “ Depositen en él todas sus preocupaciones, pues él cuida de ustedes” (1 Pe 5, 7).

En el próximo artículo, hablaremos de más un gran enemigo nuestro: nosotros mismos.

¡Dios te bendiga!

Gleidson Carvalho
Natural de Valença – RJ (Brasil), pero vivió parte de su vida en Piraúba – MG (Brasil). Hoy, él es misionero de la Comunidad Canção Nova, candidato a las ordenes sacras, licenciado en Filosofía y licenciando en Teología, ambos por la Facultad Canção Nova, Cachoeira Paulista – SP (Brasil). Actúa en el Departamento de Internet de la Canção Nova, en la liturgía del Santuario del Padre de las Misericordias y en los Confesionarios. Presenta, con los demás seminaristas, el “Rosario en Familia” por la Radio Canção Nova AM. (Instagram: @cngleidson)

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