Humildes como Maria

Tenemos un ejemplo materno para seguir: el de María

Humildad tiene que ver con humillación y esa virtud es, nada más, ponernos en nuestro lugar. Nuestra tendencia humana, por culpa de nuestra concupiscencia, nos lleva a ser siempre lo que no somos, pues siempre queremos ser más que los demás, inclusive gente que vive dentro de la Iglesia. Por causa de nuestro orgullo, nunca queremos ser rebajados o colocados en nuestro lugar: lo nada que somos.

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En Dios somos mucho, por iniciativa de Dios y no por nosotros. Fue Él quien nos eligió y lo hizo para que seamos sus hijos. La humildad no es autopiedad, sino colocarnos en nuestro lugar, delante de Dios y de los hombres. En otras palabras, es hacer nuestro papel, nuestra obligación.

Este es un paso muy importante para aproximarnos de Dios: ser humildes. Ser humilde quiere decir asumir la verdad que somos, vivir con la verdad que tenemos. Asumir las maravillas que Dios realiza en nuestra vida. Es vivir colocándonos en nuestro lugar, pero asumiendo que el Señor es quien nos sostiene con su amor de Padre. No llegamos hasta aquí con nuestras propias fuerzas, fue el Altísimo quien siempre nos sostuvo.

Tenemos un ejemplo materno para seguir: el de María. En el cántico del Magníficat, la Santísima Virgen une catorce pasajes del Antiguo Testamento para decir con la Palabra de Dios la opción que el Todopoderoso había hecho por ella. María fue humilde al exaltarlo de una manera que, asumiendo la opción que Él le hizo, todas las generaciones la iban a llamar de bendita. No sólo por ser Madre de Dios, sino por ser la Madre de Dios.

La Virgen María fue electa para ser la Madre de Dios y nosotros para ser hijos de Dios.

Como Padre, nos cuida con amor de predilección. Por eso debo colocarme delante de Dios y agradecerle por su gran amor y por todo lo que realiza en mi vida. Por el solo hecho de estar vivos leyendo este párrafo ya es un gran motivo para agradecer. Nos alegramos por lo que somos y no por lo que todavía no tenemos. El Altísimo realiza maravillas en mi vida y en la tuya, por eso tenemos que colocarnos en nuestro lugar y no dejar que nuestro orgullo guíe las opciones que Dios hizo por nosotros. Somos hijos de Dios. Y como hijos, sostenidos por el Padre, nos colocamos ante Él reconociendo las maravillas que hizo por nosotros.

En este momento, con María, vamos a colocarnos en nuestro lugar delante de Dios, reconociendo las maravillas que realiza en nuestra vida, por eso nuestra alma engrandece al Señor y nuestro espíritu se alegra en Dios nuestro Salvador.

“Mi alma engrandece al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador” (Di la alegría de ser hijo (a) de Dios).

Ha puesto los ojos en la humildad de su esclava”… (colócate en tu lugar, asumiendo la postura de de hijo y a Dios, la del Padre).

…Por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada (Lc 1,48). (Diga ahora las maravillas que Dios ya hizo y hace en tu vida, en tu casa, en tu familia, en tu empleo, en tus negocios, en todo lo que tienes y lo que eres). Amén.

.:¿Por qué mayo es el Mes de María?

Padre Anderson Marçal
Consagrado de la Comunidad Canción Nueva

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