Jesucristo, Rey delante de pilatos

Un espectáculo acabara de empezar. Por los callejones de Jerusalén un acusado famoso caminaba atado por sus manos y por el cuello. Algunos hematomas causados por fuertes bofetadas sumados a algunos resquicios de sangre resecado en su face hacían-lo, hasta cierto punto, un ser desfigurado. En el trayecto de la residencia del sumo sacerdote Caifás, hasta el palacio del procurador poncio pilatos, un pequeño trayecto necesitó ser hecho. De esta vez, aquellos que formaban su cortejo no lo admiraban como antes, no esperaban nada de bueno viniendo de aquel hombre flaco y humillado. Ningún milagro y ninguna palabra profética eran esperadas de él.

Los gritos y ofensas venidos de los sacerdotes, escribas y soldados echaban en aquellas calles estrechas cercadas por casas hechas de piedra. El día había terminado de amanecer y en la medida en que el humillante cortejo avanzaba por las calles, muchos curiosos se iban suspendiendo la cabeza por las ventanas de las casas para ver lo que estaba aconteciendo, al final, ¿Quién no miraría a la cara de semejante conmoción? En verdad la mayor parte de los moradores sabía de quién se trataba el acusado.

Foto: sedmak by Getty Images

Los verdugos tenían prisa. Aquel acusado necesitaba ser juzgado y muerto antes de las fiestas que se aproximaban. Esto bien justifica tal movimiento en las primeras horas de la mañana. Todo hecho al toque de la caja. Minutos después, el cortejo ya se estaba adentrando en la plaza del pretorio. Jesús permanecía en el absoluto silencio, todavía, ningún de sus verdugos consiguen retirar la dignidad que él poseía.

Delante de Pilatos

De un lado, la jurisdicción judaica: de otro, la romana, en el centro, Jesús. En otras palabras, de un lado, agitación, de otro, la precipitación, en el centro, la serenidad. En pocos minutos Jesús ya se encontraba delante del procurador romano Pilatos y, en aquel momento, el Rey verdadero estaba solo. No poseía côrte, ni soldados. Sus discípulos ya no podían escucharlo y, aquellos que lo siguieran días atrás en la entrada de Jerusalén, ya estaban entretenidos con los afazeres más importantes, al final la gran pascua judía estaba por comenzar. Paradojalmente, Dios experimentó el abandono. El no hablaba en una sola palabra, y ni necesitaba lo mismo.

Jesús supo ser amigo del silencio y de la soledad. Cerca de pocas horas aquel mismo silencio será experimentado por toda la tierra, como escribe un autor grego desconocido en su homilía. “Un gran silencio reina hoje sobre la tierra, un gran silencio y una gran soledad. […] La tierra estremeció y quedó silenciosa, porque Dios adormeció segundo la carne” para despertar los que dormían (cf.CIC 635)

En muchos momentos lejos de la vida, sin ningún renuncio, también somos asaltados por la soledad del abandono. Y porque debería ser diferente si hasta Jesús no privó de experimentarlo? En verdad, esta es una maravillosa oportunidad para unir a Cristo abandonado. Jesús muéstranos que lo mejor que podemos hacer en los momentos de soledad no es afastar-se de ella, pero encontrar un sentido para ella. Así, encontrar un sentido para todo lo que nos ocurre, sea de bueno o de malo, hará que jamás perdamos el norte en cuanto permanezcamos en este mundo.

Acompañe Jesús en Su dolor

Cada dia que pasa en movimiento natural de la vida ponemos delante de magníficas oportunidades para acompañar Jesús en su dolor. No es fácil ofrecer a Dios nuestras preocupaciones, mucho menos ofrecer con paciencia los aborrecimientos de la vida. Todavía, es un gran privilegio y una excelente oportunidad para atarnos a la columna de la casa de Pilatos junto Jesús y, con Él, sufrir los golpes del pavoroso “flagrum romano”.

Jesús no cedió a los encantos ocasionales vindos de los gritos entusiasmados de “hosana”. No sucumbió, también, delante del escarnio y de la lluvia de zombarias y comparadas de la parte de los guardas de Pilatos. Con efecto, él sabía que todo aquello no pasaba de excitaciones meramente temporales. Jesús tenía la certeza de que todo aquello pasaría. Su reino, por otro lado, no era como los demás reinos de la tierra, este jamás dejará de existir.

Después del colóquio con Pilatos, Jesús es entregado para ser crucificado. Antes, todavía, Pilatos ordenó que lo flagelaran. Que especie de condenación era aquella que no bastaba la vergonzosa y dolorosa muerte por crucifixión, pero, antes, era necesario también el azotó? Dos serían los motivos. El primer de ellos, por más inusitado que pueda parecer, era para abreviar el sufrimiento del condenado. Después de recibir los dolorosos azotes, cuyos látigos poseían objetos cortantes en sus extremidades, el acusado estaría tan debilitado que había abreviado su sufrimiento en la cruz.

El segundo motivo es aventado por San Tomás de Aquino. Segundo el, Pilatos mandó azotar Nuestro Señor porque presumía que los judeos habría de tener piedad de Él y lo dejase libre pues la punición. Al final, es mucho común que tengamos piedad de alguien al verlo en medio de intensos sufrimientos. Es natural que la cólera disminuya significativamente cuando vemos un enemigo ser rigurosamente punido. Todavía, no fue eso lo que aconteció de parte de los judios. Esto denota que ellos no sentían rabia de Jesús, ellos lo odiaban.

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El odio que movieron contra Cristo

En este sentido, San Tomás de Aquino enseña que la rabia ansía por infligir daño a alguien hasta cierto punto. El odio por su vez, buscar destruye completamente la cosa cotidiana. Así, fue el odio que movió a los jedeos contra Cristo. Mirarlo apenas azotado no lo satisficiera. Mire que Pilatos no tuvo la coragen de azotar a Jesús con sus propias manos. El mando que sus soldados lo hicieran porque sabía que Jesus era inocente. Después de tener su carne rasgada por los flagelos de los soldados, el Rey de los Judeos caía como un vierme ensangrentado. ¡Cuánto dolor!

Cuando pedimos que el Señor reine en nuestras vidas, ¿qué tipo de rei imaginamos? De cierto no es este que se encuentra desfallecido en su próprio sangre en cuya cabeza herida, recibiera una corona colocada a fuerza de pancadas. De hecho, su reino no es como el de este mundo. Si no cerramos a la trascendencia seremos los primeros en gritar como los personajes de la parábola contada por Jesús: “Nosotros no queremos que él reine sobre nosotros” (cf Lc 19,14). En el fundo, es justamente esto que gritamos todas las veces que optamos por el pecado: “Jesús, yo no quiero que reines en mi vida”

Lo que teria llevado un Dios todopoderoso a decir de su majestuosa glória a tanta ignominia? Solamente una única respuesta es posible: ¡Fue su infinito amor! Él fue capaz de se hacer esclavo, para libertarnos de la escravidao; se hizo pecado para permitir experimentar la justicia de Dios, permitió ser humillado olvidándose de su magestad, para darnos acceso a su palácio real, entonces, hizo indigente para resgatarnos del abismo más profundo de la miseria.

Su sufrimiento, todavía, estaba apenas comenzando ….

Dios bendiga usted y hasta la próxima!

Gleidson Carvalho
Natural de Valença – RJ (Brasil), pero vivió parte de su vida en Piraúba – MG (Brasil). Hoy, él es misionero de la Comunidad Canção Nova, candidato a las ordenes sacras, licenciado en Filosofía y licenciando en Teología, ambos por la Facultad Canção Nova, Cachoeira Paulista – SP (Brasil). Actúa en el Departamento de Internet de la Canção Nova, en la liturgía del Santuario del Padre de las Misericordias y en los Confesionarios. Presenta, con los demás seminaristas, el “Rosario en Familia” por la Radio Canção Nova AM. (Instagram: @cngleidson)

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