Jesús Eucarístico, nuestro sostén

Hoy puedes preguntarte así: “¿Qué es eso?” Hay muchas personas que han hecho de todo para que no creyéramos en la presencia real de Jesús en la Eucaristía. Nosotros, que creemos en la presencia del iciendo: “Te levanto, porque tienes un camino largo que seguiSeñor, vamos a decir: “Es Jesucristo, mi sostén, mi fuerza”.

Tenemos que levantar nuestras manos y decir: “He ahí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y nos deja limpios. Él es el alimento en nuestra caminata”.

Sal de esa tristeza por la que estás pasando por causa del desempleo, del marido que te dejó, por “x” situaciones. No pierdas la esperanza, no andes cabizbajo. Debes saber que en la Iglesia más próxima a tu casa, Él estará siempre esperándote para darte fuerza y sostén para levantarte nuevamente.

Ve que maravilla hizo Nuestro Señor Jesucristo. Él quiso continuar presente. Dentro del sagrario está el sostén de tu vida que es Jesucristo. Él dio la vida por ti, muriendo en la cruz. No es sólo una cuestión de memorial. Para nosotros, es Jesús en su divinidad presente. “Venid vosotros que estáis desanimados. Venid a Mí”.Dilo ahora: “Yo voy, yo iré, Señor. A partir de hoy, yo sé donde voy a encontrar fuerza”.

¿Para qué tanta desesperación, para que correr trás tantas cosas, para que ir al espiritismo, si en la capilla más próxima de tu casa el Señor está? Si no tienes fuerza para ir donde Él está, haz como Daniel cuando estaba en el exilio. Como él no podía llegar al templo de Jerusalén, él se inclinaba en dirección al templo y decía: “Dadme fuerza, Señor”. Y vas a escuchar a él diciéndote: “Levántate y ven”. El Señor “se derramó” sobre nosotros, somos libres.

Hoy nosotros podemos contar con el Pan que bajó del cielo. “Aquel que come de mi Cuerpo y bebe de mi Sangre, tendrá la vida eterna”. Cuando recibes al Señor, estás sostenido, porque te haces uno con Él. Y Él te levanta, como Él tomó la mano de Pedro, cuando Él estaba ahogándose.

Aunque tus pecados sean rojos como escarlata, el Señor está aquí para perdonarte. Ya no necesitas quedarte así. Ya no necesitas quedarte “en el suelo”. El Pan del Cielo ya vino y redimió tus pecados. Si necesitas de una confesión ve y confiésate, pues Él perdona nuestros pecados a través del sacerdote. Si ya te confesaste, no debes acusarte más. Todos nuestros pecados fueron perdonados. Tal vez lo único que estés necesitando es la confesión. Él no acusa, porque Él sólo perdona cuando nos dirigimos a Él.

He aquí el Pan vivo que bajó del cielo. He aquí Aquel ante el cual los ángeles, los arcángeles se postran en el cielo. Él es tu Señor y tu Salvador. Él es y será siempre nuestro sostén y nuestra fuerza. Aquellos que están en el desierto diciendo que andan con hambre, aquellos que están bien, felices, alegres, alcen los brazos y adoremos al Señor.

Él está diciendote: “Te levanto, porque tienes un camino largo a seguir”.Te levanta a ti que estás en la depresión, que tienes la enfermedad del SIDA, que tienes cáncer, que estás en cualquier tipo de vicio, desanimado, desorientado. Te levanta, porque tú tienes aun un camino que seguir.

Levántate y ven hacia el Señor, tú que estás perdido en tus pensamientos sin saber para donde ir. Levántate porque el Señor es tu sostén. Él no te abandona.

Adoremos al Cuerpo y la Sangre del Señor presentes en este altar. He ahí la fuerza que bajó del cielo. He ahí Jesús, tu Señor y tu Salvador que bajó del cielo para salvarte.

Gracias, Señor por las misas, por los sacerdotes. ¿Qué sería de nosotros si faltara misa en este mundo? Pero gracias a Ti, Tú vienes en medio de nosotros y nosotros vemos tu gloria. ¿A quien iríamos nosotros? ¡Sólo Tú tienes palabras de vida eterna!

Padre Jose Augusto
Comunidad Canción Nueva

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