La belleza de vivir de la Providencia

Quien ama, cuida

Amar es desear el bien. Cuidar es promover ese bien, es la acción efectiva de la manifestación del amor. Dios ama al ser humano, por eso lo cuida. Y la forma concreta de expresar ese amor y de conducirnos, se conoce como Divina Providencia. Es la propuesta divina de pensar y actuar conjuntamente con el Señor, pues el Padre tiene el control de todo lo que no podemos percibir ni observar y quiere darnos sustento y enseñarnos pero principalmente quiere participar de nuestras vidas.

Para que podamos vivir esa experiencia necesitamos aprender a mirar todos los hechos según la luz divina. Nada sucede por casualidad. Dios habla contigo, te direcciona y te construye en todas las ocasiones, sean estas pequeñas o grandes, alegres o tristes, de encuentros o desencuentros.

Es necesario que nunca dejemos de creer en ese amor/cuidado, aunque todo parezca contrario a lo que interpretamos como bondad divina. Así como necesitamos tener siempre en mente que el Altísimo es lo suficientemente poderoso para sacar algo mejor, aún de los males que vamos a sufrir. Recordemos que oportunidades también siempre surgen de situaciones contrarias.

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No desistas frente a las frustraciones. ¡persevera! Es natural sufrir en una situación de pérdida o al obtener un resultado diferente del que soñamos o pretendemos, pero que esto no te detenga. Es necesario levantar la cabeza y continuar siempre, contando con la fuerza de Dios en ti, la cual se hace presente a través de la Eucaristía, del contacto con la Palabra y en los acontecimientos comunes del día a día. Pues ninguna contrariedad es eterna. En algún momento el Señor mostrará donde está el amor en esa adversidad.

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No te rebeles con los acontecimientos y con la vida, ni culpes al cielo. Aunque eso parezca bueno, puede ser malo si no sirve como crecimiento humano y espiritual. Todo tiene que servir para impulsarnos hacia lo Alto. Que todo sea para la salvación de las almas. Puede ser también que no estés preparado para usufructuar de un bien correctamente, según el verdadero propósito para lo cual fuiste creado, eso sería nocivo para ti.

A pesar de que la Providencia Divina sea un abandonarse en los cuidados de Dios, no podemos cruzar los brazos esperando que todo caiga del cielo. Trabajar es fundamental. Lo divino no depende del esfuerzo de nuestras manos pero a través de él, el Señor quiere agraciar al ser humano con Su benevolencia. Da materia prima, tanto para el plano material como para el sobrenatural para actuar a tu favor.

Finalmente, el deseo de vivir según la Divina Providencia nos acerca a El, que es el Autor supremo de todas las cosas. Lo más bonito de todo eso es que crea un relacionamiento de intimidad del Todopoderoso con el ser humano y realiza verdaderamente el significado del nombre como Lo conocemos: Dios con nosotros, Emanuel. El está entre nosotros, haciendo siempre lo mejor.

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¡Dios provee, Dios proveerá, su misericordia no faltará!

¡Que Dios te bendiga!

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