La Educación de los hijos y las palmadas

Los hijos se educan mediante la fe y la conquista….

Una buena educación para los hijos no se impone con leyes, mucho menos con la ley de las palmadas. ¿Quién va averiguar si en el fondo de un pueblo los padres golpean a sus hijos? Esta ley me parece una más de aquellas tristes “soluciones fáciles para problemas difíciles”, de la que tanto hablo el Papa Pablo VI. Nunca necesite recurrir a un golpe o una palmada para educar a mis cinco hijos; conversamos mucho, los puse de penitencia muchas veces, sin golpearlos o humillarlos. Ninguna ley de ese tipo puede resolver problemas.

Cuando menos educación tiene un pueblo, tanto más son las leyes que crean sus gobernantes, dicen los sociólogos. Lo que necesitamos es educar a los padres, colocar en sus corazones el amor de Dios y enseñarles que los hijos son regalos preciosos que el Señor les confió para que sean educados con cariño y moldeados como preciosos diamantes. Es necesario proteger la familia, luchar contra toda inmoralidad que quiera destruirla o desfigurarla. Solo así vamos a asegurar una buena educación para nuestros hijos, una educación sin violencia y sin intervención del estado.

Los hijos son educados mediante la fe y la conquista, sin importa que hoy sea más difícil su educación, por la inundación de “falsos valores” que entran en nuestras casas por las redes sociales. Sin embargo, con un trabajo dedicado y paciente los padres pueden realizar una buena educación. Pero, para eso, tendrán que “conquistar” a sus hijos, sino, ellos no escucharon su voz ni colocarán en práctica sus consejos. Esa conquista no ocurre a causa de lo que le brindamos a nuestros hijos, sino por lo que “somos” para ellos. ¿Tenemos tiempo para ellos? Jugamos con ellos? Conversamos con ellos? Los ayudamos en sus dificultades? Sabemos acoger a sus amigos? Hacemos de nuestro hogar un lugar agradable? Sabemos corregirlos con delicadeza y firmeza, sin humillarlos? Aprendimos a bajar al nivel de su edad y sentimientos? Los valoramos, estimulamos y elogiamos?

Un día, cuando mis cincos hijos eran todavía adolescentes, leí una frase atrás de un auto que me hizo pensar mucho: “Conquiste a sus hijos antes que el traficante lo haga”.

Ante todo los hijos necesitan “tener orgullo” de sus padres; sin eso la educación estará complicada. Si los hijos tienen mayor amor por el mundo que por sus padres, ellos escucharán más al mundo que a sus progenitores. Es así que los padres “pierden” a sus hijos y ya no escuchan más sus voces.Por eso concluyo que los primeros en ser educados son los padres, para que luego puedan educar a sus hijos. Andres Berge, pedagogo francés, decía que “los defectos de los padres son los padre de los defectos de los hijos”.

Fue Dios quien nos creo; Él conoce hasta la más profunda y escondida fibra de nuestro ser, sea en el campo biológico, psicológico, racional, sensitivo o espiritual. Por eso, querer educar a los hijos sin Dios y sin Sus santas leyes, sería relegar al hombre a un plano más inferior del que verdaderamente ocupa: el de hijo de Dios, imagen y semejanza de su Creador. Dejar a Dios fuera de la educación de los hijos seria comparable a alguien que quiere montar una bella y compleja máquina o estructura sin querer usar y seguir el plan del proyectista. Es obvio que todo saldrá mal.

Educar es una bella y noble misión, por la cual vale la pena gastar tiempo, dinero e inclusive la vida; al final, estamos delante de mayor preciosura de la vida: nuestros hijos. Todo será poco a comparación de la educación de ellos. Por esta razón, no necesitamos de palmadas ni leyes.

Traducido por: Thais Rufino de Azevedo

Profesor Felipe Aquino
Consagrado de la Comunidad Canción Nueva

Deja un comentario