¿La esperanza es una virtud?

La esperanza en Dios necesita hacer parte de nuestra vida

A menudo, tratan la esperanza como sinónimo de optimismo. Es utilizada, así, para designar un sentimiento de que todo va solucionar. Una noción de que las cosas no pueden estar mal como parece o que, sin embargo a todo indique una dificultad de resolución, en el fin todo va bien.

Sin embargo, la esperanza es la segunda virtud teologal. Eso quiere decir que, como virtud, se trata de un habito que debe ser alimentado y fortalecido en nuestra vida. Diferentemente de otro hábitos, esto no puede ser creado por el ser humano, porque competí a Dios dar por medio de la infusión de la gracia santificante. Es teologal también no solo porque es infundido por Dios, pero por tratarse de una virtud que tiene como fin último el propio Dios. Estos hábitos predisponen el hombre a actuar según el designio del Creador, consiguiendo concretizar sus inspiraciones.

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Eso quiere decir que, cuando se espera cosas humanas o materiales, no se trata de la virtud de la esperanza. Se puede, realmente, esperar conseguir un empleo, esperar ir bien en una evolución o concurso, bien como, esperar ser bien recibido por alguna persona en un determinado lugar. Pero, que quede claro, nada de eso trata de la verdadera esperanza, la virtud teologal.

Virtud de la esperanza

La esperanza es aquella virtud que hace esperarnos Dios y Sus promesas. A partir de entonces, quedo claro por que, en los artículos anteriores se revelo que la primera virtud teologal a ser cultivada necesita ser la fe, porque de ella viene la esperanza. De hecho, es necesario conocer Dios, sus características, su inmenso amor por el ser humano, la forma como, por medio de la historia, preparo la salvación de la humanidad para poder esperarlo. Una fe que desarrolla, que provoca el perfeccionamiento de la virtud de la esperanza.

La esperanza, por su vez, hace con que todas las cosas de la vida y el mundo sean puestas en tus debidos lugares. Ella proporciona la meta que explicita para donde todo hombre y mujer deben guiar la propia vida.

Esperar en Dios

Esperar en Dios es, así, no solo una actitud pasiva de quien va recibir algo, pero una seguridad de donde mirar, para donde poner el foco de nuestra atención y actividad. El Salmo que dice “mira para los montes, ¿de dónde vendrá mi ayuda?” (Sl 121), responde apropiadamente: no es del mundo, no es de los hombres, “mi ayuda vendrá del nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra”.

Ricardo de San Victor, en su comentario al Apocalipse de San Juan, explica que una interpretación del “nombre del Señor” es de que esta se refiere a la forma como conocemos Dios, porque se conoce alguien por medio de su nombre. Como es la virtud de la fe que hace conocer Dios, él entiende que se puede, correctamente, entender que el “nombre de Dios” es la fe. Con esta referencia, se ve que las virtudes de la fe y de la esperanza necesitan caminar juntas: aquel que conoce Dios sabe que debe esperar en Él. Para tener la verdadera esperanza, solo con la verdadera fe.

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Acercase de Dios

La virtud de la esperanza es, de este mundo, aquella que hace ver el mundo con otros ojos. Sin embargo no ignores la vida material, ella debe ser puesta bajo la perspectiva de la eternidad y del espiritual. ¿Tal proyecto llevo para Dios? ¿Necesito realmente de eso o de aquello? ¿Estos bienes o actitudes me preparan para la vida eterna y para aumentar el contacto con Dios en mi vida? ¿Dónde pongo mi esperanza? ¿Miro para los montes esperando que un ejercito venga salvarme o espero en el Señor?

Aquellos que no persiguen los títulos, glorías y honor del mundo, pero caminan hacia a la santidad de la vida, saben que son consolados. Tienen una verdadera esperanza, porque la fe enseña que Dios no decepciona quien construye su vida bajo estos principios.

La virtud de la esperanza también provoca (y se alimenta para crecer) de la disposición del hombre de ponerse delante de la enfermedad, de la muerte, de la persecución y de la injusticia cuando provocada por el seguimiento de Dios. Sin embargo, aquel que establece como meta convivencia con Dios y la vida eterna no puede considerar la muerte como un castigo. Lo que tiene la virtud de esperanza, de la misma forma, ve la enfermedad como una oportunidad de renuncia, expiación y entrega que lo aproximará de la meta de la eternidad.

El pecado y la actitudes que acaban con al virtud de la esperanza. Ellos son grabes, porque ponen el ser humano contra el proyecto divino y, por fin, impiden que la mayor de todas las virtudes se manifiesta: la caridad.

Flavio Crepaldi
Flavio Crepaldi es casado y padre de 3 hijas. Especialista en Gestión Estratégicas de Negocios, graduado en Producción Publicitaria y con formación en Artes Escénico. Es colaborador en la TV Canción Nueva desde 2006 y actualmente cursa una nueva graduación en Teología con énfasis en Doctrina Católica.

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