La espiritualidad del Viernes Santo

Dar la vida por los otros como el Señor dio su vida por nosotros

En este día, que los antiguos llamaban “Viernes Mayor”,  día en que celebramos la Pasión y Muerte de Jesús, el silencio, el ayuno y la oración deben marcar este momento. Al contrario de lo que muchos piensan, la Pasión no debe ser vivida en clima de luto sino de profundo respeto y meditación delante de la muerte del Señor que muriendo fue victorioso y trajo la salvación para todos, resurgiendo para la vida eterna.

Es necesario mantener un “silencio interior” aliado con el ayuno y la abstinencia de carne. Debe ser un día de meditación, de contemplación del amor de Dios que nos “dio a su Hijo unico para que quien en El crea no se pierda sino que tenga vida eterna ” (Jn 3,16). Es un día en que las diversiones se deben suspender, los placeres por más que sean legítimos, se deben evitar.

viernessanto

Foto: Daniel Mafra/cancionnueva.com.es

Una práctica de piedad valiosa es meditar la dolorosa Pasión del Señor, si es posible delante del sagrario, en la Iglesia, usando la narración de los cuatro evangelistas.

Otra opción es usar un libro para meditar. Todo nos debe llevar a amar profundamente a Jesus Crucificado, que se dio totalmente para salvarnos de modo tan terrible. Esta meditación también debe llevarnos a  asociarnos con la Pasión del Señor, en el sentido de tomar la desición de “gastar la vida” para la salvación de los otros. Dar la vida por los otros, como el Señor dio su vida por nosotros. “Amor que solo se paga con amor”, dijo San Juan de la Cruz.

La meditación de la Pasión del Señor debe mostrarnos cuan hediondo es el pecado. Es contemplando al Señor en la cruz, destruido, flagelado, coronado de espinas, abandonado, calumniado, agonizante hasta la muerte, que entendemos cuan terrible es el pecado. No es sin razón que el Catecismo dice que el pecado es la “peor realidad para el mundo, para el pecador y para la Iglesia.” Es por esto que Cristo vino a este mundo para ser inmolado como el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29). Solo El podría ofrecer a la Justicia Divina una oblación de valor infinito que reparase todos los pecados de todos los hombres de todos los tiempos y lugares.

El punto alto del Viernes Santo es la celebración de las 15hrs, horario en que Jesús murió. Es la principal ceremonia del día: la Pasión del Señor. Ella consta de tres partes: liturgia de la Palabra, adoración de la cruz y comunión eucarística. En las lecturas meditamos la Pasión del Señor, narrada por el evangelista San Juan (cap. 18), pero también prevista por los profetas que anunciaron los sufrimientos del Siervo de Yavé. Isaías (52,13-53) coloca delante de nuestros ojos “el Hombre de los dolores”, “despreciado como el último de los mortales”, herido por nuestros pecados, aplastado por nuestros crímenes”. Dios murió por nosotros en forma humana.

En este día, podemos también meditar con profundidad las “Siete Palabras de Cristo en la Cruz” antes de su muerte. Es como su testamento:

“Padre, perdonales pues no saben lo que hacen”
“En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso”
“Mujer, he ahí tu hijo… he ahí tu madre”
“Tengo Sed!”
“Eli, Eli, lema sabachtani? – Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?”
“¡Todo está consumado!”
“Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu”.

Por la noche, las parroquias representan la Pasión de Jesucristo con el sermón de la bajada de la cruz, en seguida se da la Procesión del Entierro, llevando un ataúd con la imagen del Señor muerto. Al pueblo católico le gusta estas celebraciones porque une su corazón a la Pasíón y los sufrimientos del Señor. Todo esto nos ayuda en la espiritualidad del día.

No hay como “pagar” al Señor lo que El hizo y sufrió por nosotros; celebrar con devoción su sufrimiento y muerte le es agradable y nos hace felices. Asociandonos así a la Pasión del Señor, cosecharemos Sus frutos de salvación.

Lee más: 
.:Cristo Sacerdote instituyó el sacramento del Amor
.:Jesucristo, Rey delante de pilatos

Profesor Felipe Aquino
Recibió el título de Caballero de la Orden de San Gregorio Magno por el Papa Benedicto XVI, es autor de varios libros y presentador de programas de televisión y radio de la comunidad Canción Nueva. –

Deja un comentario