La familia y la escuela son fundamentales para la vivencia de la fe

La familia y la escuela, pensadas en su sentido genuino y esencial, pero también de forma más amplia, merecen atención especial

Las dinámicas que configuran la interioridad de cada persona, fundamentales para la vivencia transformadora de la fe, dependen de dos ámbitos muy especiales: la familia y la escuela, determinantes para la formación humana.

Por eso mismo, una sociedad que busca nuevas configuraciones y funcionamientos institucionales, debe investir fuertemente en la familia y en la escuela. Ese embestida debe considerar una definición de escuela que no se restrinja a la enseñanza formal, lo que significa contemplar las escuelas formales y muchas otras “escuelas de la vida”, lugares donde las personas también desarrolla modos de ser y de actuar.

Foto ilustrativa: DGLimages by Getty Images

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Es necesario también conceptuar la familia de un modo más amplio.

Obviamente, preservar la familia dentro del sentido incontestable del matrimonio, pero también, considerar grupos sociales que se forman a partir de propósitos comunes – desde los que tuercen apasionadamente por un equipo de fútbol a los que se reúnen en torno de proyectos sociales y culturales, por ejemplo.

Sentido genuino y esencial

La familia y la escuela pensadas en su sentido genuino y esencial, y también, de forma más amplia, merecen atención especial.

Solo así, pueden ser cimentadas basada en los cambios en la sociedad brasileña, haciendo surgir una nueva cultura de vida y de la paz.

Esta cultura presupone el irrestricto al bien común y la justicia y eso depende de las transformaciones en el interior de cada persona, siendo que estas reflejará en sus elecciones, en estos cambios es necesario que el amor sea vector de desarrollo.

Se cultiva, así, sentimientos humanitarios y espirituales, que comprometen consciencias y corazones con el respeto al otro, que es hermano.

Por todo eso, reconociendo la importancia de transformaciones en los funcionamientos gubernamentales y de diferentes segmentos de la sociedad, es fundamental reconocer esta urgencia: dedicar atención especial a la familia y a la escuela.

Entonces vale considerar analíticamente lo que esta ocurriendo en el contexto actual de la sociedad contemporánea: actos de violencia como lo de un joven que disparó contra colegas en una escuela o desatino de atizar fuego en sí y en los demás. Y aún, el dominio ilegal de territorios y sus habitantes motivado por propósitos que dan vidas. Tan destructivamente fuerte, cuanto eses males todos, son las practicas de corrupción en pequeña y gran escala.

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El mejor modelo para la familia y la escuela

La victoria sobre lo que amenaza la vida solo será posible si las familias y las escuelas fueron cuidadas, urgentemente, de una forma mejor.

En las familias y en las escuelas es que pueden ser barradas las delincuencia que generan graves daños a la cultura y la diferentes áreas, perjudicando la humanidad, incluso, en el desarrollo económico. El camino es invertir para que se aprenda con la familia y en la escuela, el ejercicio de la solidaridad y de la bondad.

La familia y la escuela despiertan sentimientos que permiten la comprensión humana sobre lo que es vivir.

Edifican con envergadura el carácter de cada persona, que queda libre de graves cuadros patológicos, como por ejemplo, la pérdida del aprecio por la propia vida, el hábito de guardar y alimentar rencores, resentimientos, celos y disputas.

Sin la adecuada inversión en la familia y en la escuela, la sociedad permanecerá a convivir con el miedo y la desconfianza y, aún, con el egoísmo que se manifiesta en la defensa mezquina de los proprios intereses, siempre perjudicando el bien común.

Hay mucho que modificar, cuando se consideran los hábitos y practicas aprendidos y cultivados en la familia y en la escuela. Es necesario coraje, humildad, disponibilidad para escuchar, seriedad y dedicación en la tarea de comprender mejor y reconfigurar las practicas cotidianas.

Diferentes complejidad surgen como desafíos para el mundo actual, una de ellas las nuevas tecnologías, que en algunas situaciones comprenden lazos familiares y la armonía entre las personas. No menos desafiantes es el contexto urbano, tan herido con la falta de civilidad y respeto.

Estas realidades y muchas otras que necesitan ser cambiadas, requieren dinámicas con fuerza para conducir la sociedad en el camino del bien y de la verdad, y los pasos para recorrer ese trayecto son aprendidos en las familias y en la escuela.

Dom Walmor Oliveira de Azevedo
El Arzobispo Metropolitano de Belo Horizonte (Brasil), Monseñor Walmor Oliveira de Azevedo, es doctor en Teología Bíblica por la Pontifica Universidad Gregoriana. Actualmente miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Congregación para las Iglesias Orientales. En el Brasil, es obispo referencia para los fieles católicos de Rito Oriental. http://www.arquidiocesebh.org.

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