La importancia de la Admiración

12/07/2017

Al admirarse, los enamorados aprenden y crecen en la virtud de la pureza

Foto: Daniel Mafra/cancionnueva.com.es

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Todos los filósofos afirman que la grandeza del pensamiento tiene inicio en la capacidad que la persona posee para dejarse admirar y contemplar.

La admiración no es una actitud superficial; muy por el contrario, admirar es sinónimo de detenerse y observar lentamente aquello que nos llama la atención. En la exhortación Amoris laetitia, el Papa Francisco escribe: “El primer nivel del eros es la capacidad de admirarse” (A.L. 150). La verdadera relación de pareja tiene su punto de partida en la admiración inicial, sana y pura de una mirada, de una sonrisa y una conversación.

Al admirarse, las parejas aprenden y crecen en la virtud de la pureza. Muchas parejas que se casaron, después de conocerse, tuvieron dificultades de estar juntos todos los días, de compartir y vivir juntos. El noviazgo no puede ser superado como si fuera un tiempo de depresión o dominio. El tiempo de noviazgo, que parte de la primera admiración, va creciendo y generando en los novios la alegría de conocerse poco a poco.

Ya podemos percibir que en nuestra sociedad, que los novios ya están vinculados “oficialmente” por una especie de pacto o, por así llamar, de oficial relación, el cual ya es acepto en el medio de la familia y de los amigos.

Novios pasan vacaciones, fines de semana, mucho tiempo juntos. Cuando ellos establecen una relación en ese nivel, pierden la capacidad de admirar, dando mayor oportunidad para las peleas insignificantes que acaba con la relación. Un novio sano y responsable nace en un tiempo oportuno, prudente y discreto.

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Soy consciente de que hoy podemos entrar en contacto con las personas superando las distancias, el tiempo y hasta el espacio; pero, el noviazgo, es vital la serenidad y la consciencia de saber que ese periodo de relación no posee en si mismo ningún compromiso definitivo; por el contrario , es un tiempo que pasa en la jovialidad de la juventud.

Los novios, más que admirar las cualidades o la belleza física de cada uno, deben admirar el contenido de sus conversación, de los asuntos que juntos comparten, de las conquistas académicas y familiares que realizan, especialmente preparando un proyecto de vida que vislumbre el futuro. Cuando el noviazgo es vivido en la serenidad y en la consciencia sana de que un no depende del otro, la admiración se convierte un camino viable para, tal vez, llegar a un tiempo de compromiso y , sin duda, a un futuro matrimonio.

¿Cuando debe comenzar el noviazgo?

Un noviazgo debe tener un comienzo cuando nace la admiración y esta pasa por la confirmación de los miembros de familia. Enamorarse a las escondidas, enamorarse virtualmente no constituí un paso suficientemente fructuoso. El noviazgo debe ser experimentado en el encuentro abierto y reconocido por aquellos que cuidan de los enamorados. Cuidar no es sinónimo de vigilar, controlar y decidir en el lugar del hijo o de la hija. Cuidar significa promover la descubierta de una nueva experiencia en la vida, que, se bien conducida, traerá grandes beneficios para la maduración.

Dejemonos admirar, cada vez más, por las obras del Señor. Dios siempre nos admira. Permitamos que el tiempo de noviazgo sea de conquistas y realizaciones que contribuyen para que el camino sea mejor construido. No acelerar ningún tipo de relación es la primer señal de una vida construida sobre la Roca, que es Cristo.

Vivir el noviazgo en la admiración sensata de quien, un día, deberá tomar decisiones definitivas es una de las mayores conquistas en la vida afectiva. Novios, hagan de este tiempo un período de admiración sencilla y dulce, permitan que la ternura florezca en tu relación con don vivido y acelerado.

¡El tiempo que el noviazgo durar va ser fructuoso siempre! Cada uno debe admirar las esperanzas y determinaciones que el otro tomar, hasta el día en que ya no va ser más decisiones individuales, pero de pareja.

Den testimonio con tu juventud que enamorarse es un tiempo de gracia vivido en el respeto y en la juventud. ¡Eso no es otra cosa admirar!

Padre Rafael Solano
Sacerdote de la Arquidiócesis de Londrina (PR) – Brasil. Maestro y doctor en Teologia Moral por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y pos grado en Teologia Moral y Familiar por el Pontificio Instituto Juan Pablo II de Roma, Universidad Lateranense de Roma. Actúa como consultor de la CNBB sector vida y familia y como profesor de Teología Moral y Bioética en la PUC (PR) – Brasil, Campus Londrina.

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