La importancia del silencio y de la escucha para la sociedad

Sin el silencio y la consecuentemente escucha, las relaciones en la sociedad se convierte una verdadera situación mal, con graves prejuicios para todo el mundo. El más inmediato de ellos es el disturbio en la esencialidad de la escucha. No saber escuchar es causa de demoledora incidencia sobre la aptitud para discernimiento y elecciones. Se instala, así, una verdadera torre de Babel,

Esta perdida de rumbos, al desequilibrio en la competencia del discernimiento, adelanta la humanidad para los extremos configurados en el fundamental, en las polarizaciones, en la tendencia autodestructiva de hacer ataques. Y lo que puede ser visto, en el inicio, como fuego amigo, a lo largo del tiempo aumenta en dinámicas de odio y actitudes violentas que imposibilitan las relaciones entre las personas. La historia muestra lo mucho que pueden ser devastadores los efectos del comprometimiento de la convivencia humana y donde se puede llegar.

Por eso, la necesidad de la inmediata corrección de rumbos, delante de los absurdos que configuran los escenarios de la contemporaneidad – a ejemplos de los vergonzosos contextos que perpetúan la exclusión social – evidenciado realidades que logran el nivel patológicos de convivencias pasivas con los frutos de perversidad e insensibilidades productoras de estos mismo escenarios.

Foto ilustrativa: Bruno Marques/cancionnueva.com.es

Cuando lanzamos una mirada sobre el mundo, particularmente sobre las sociedad brasileña, es lamentable constatar que estos escenarios excluyentes no fueron revertidos en su alto grado de perversidad. Del contrario, ellos tienen grabado de forma preocupante y mala. Los termómetros sociales comprueban lo mucho que se esta alejando de las soluciones, por la carencia de respuestas satisfactorias en razón de la incompetencia humanística y moral vigente en la conducción de las sociedades.

Las consecuencias de la falta de silencio y escucha

El agravamiento de esta situación retarda los procesos y alejamiento de los pobres excluidos de respuesta que esperan, necesitan y que tienen derecho. Se instala así una dinámica civilizadora que produce irracionalidades y que necesita ser superada para dibujar y operacionar nuevos escenarios. Esta es la condición para que el mundo pueda merecer, de hecho, ser la expresión amorosa de su Creador. Lugar de romper que humanizan y enriquecen las interfaces e interacciones entre las criaturas.

Sin la necesaria corrección de rumbos, va quedando lejos y amor que cuenta. Predominan sentimientos confusos y hostil, las opiniones son empobrecidas por no conseguir circular en la indispensable escucha, que es capaz de engendrar entendimientos para el respeto y la competencia afectiva y racional de lidiar con los valores – muchos los propios, cuanto los valores de las otras personas, en la medida correcta.

La perdida de los funcionamientos ético moral, temperados por el argumento que valen las autonomías propias y el uso de las libertades especificas, explica la confusión que se va estableciendo: cada individuo o grupo se reconoce en el derecho de usos y usufructos de valores, tradiciones y experiencias, sin ponderar sobre las consecuencias de las indebidas relatividades y actitudes que comprometen las relaciones, guiando todos al mal.

No se sabe, consecuentemente, responder quien tiene razón y quien necesita dimensionar sus opciones y ajustar sus posturas. Por eso mismo, es imprescindibles abrir el diálogo en la búsqueda de entendimientos. Es fundamental investir en la composición de intercambios, comenzando por la consciencia de los limites y del lugar que se ocupa, consciente de que autonomías y libertades son horizontes largos, pero no sin limites. Esta es la condición para encontrarse hacia el rumbo correcto.

¿Cuál el remedio para una sociedad plural?

No percibir los propios limites en la dinámica de las relaciones con otras autonomías y libertades, correctamente, precipitara a la sociedad, siempre más, en las defensas y justificativas de extremismos, lugar de dinámicas sin posibilidades para encontrarse a las necesarias soluciones. Urgente es encontrar remedio para esta grave enfermedad que esta oscureciendo mentes, incapacitando inteligencias para percepciones y discernimientos, enjaulando la competencia humanística indispensable en una sociedad plural.

La situación es tan grave, que esta en curso, que, por cuenta propia y por articulación de argumentos, que en sí no dejan de tener pertinencias, secundando entendimientos que justifican individuos, grupos o segmentos a pensar dueños de la verdad y con autoridad de balizar en un mundo que necesita mucho más que es visto solo por un individuo y solo de un lugar. Las formas de expresión, especialmente el arte, en su genuinidad, sin riesgo de manipulación o de falsificaciones, con la inherencia de un código propio de validación, pueden y necesitan abrir siempre más un espacio para este diálogo perdido.

Ha de apuntarse como eficaz remedio, con fuerza educativa y terapéutica, el silencio y la escucha que no se restringen a dinámicas de una vida monástica y religiosa. La practica del silencio y de la escucha constituye una disciplina correctiva con fuerza de las relaciones y de los entendimientos. Sin el silencio, también físico, en considerando el mundo ruidoso, los ricos no van escuchar los clamores de los pobres. Sin el silencio que permite una escucha capaz de recuperar sensibilidades, los gobernantes podrán tener buenas intenciones, pero sus elecciones están comprometidas por la falta de clareza y firmeza para formar hacia los rumbos nuevos.

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Privilegios, relaciones y diálogos

Muchos defenderán los que no son justiciados, pero no van ser capaces de bajar de sus cátedras y dejar los privilegios, que incluyen altos salarios y bienes, transformando sus protesto en posicionamientos conceptuales. De la misma forma, la religiosidad puede convertirse en una farsa mágica, porque, sin el silencio, no hay escucha de Dios, que habla – prevalecen solo la justificativas.

Ya en el contexto familiar, sin el silencio y la escucha, hay el comprometimiento de cualidad de las relaciones. No se alcanza la meta deseada, ni se consigue avanzar en la dirección correcta. El silencio cualificado es interior, pero hay de comenzar por evitar las charlas, corregir la presunción de que se sabe de todo o todo lo que se sabe es la verdad única.

El silencio que califica y produce la competencia de la escucha, aquella que hace la puente para el diálogo, para la solidaridad fraterna, para el encuentro del otro, en un abrazo comprometido con el bien y la justicia, dejando de defensas, comienza callar y escuchar más. Así se convierte la fuente de donde viene la sabiduría que esta faltando para el tiempo nuevo.

Dom Walmor Oliveira de Azevedo
El Arzobispo Metropolitano de Belo Horizonte (Brasil), Monseñor Walmor Oliveira de Azevedo, es doctor en Teología Bíblica por la Pontifica Universidad Gregoriana. Actualmente miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Congregación para las Iglesias Orientales. En el Brasil, es obispo referencia para los fieles católicos de Rito Oriental. http://www.arquidiocesebh.org.

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