La máscara mundana del “sexo seguro”

Entiende la máscara mundana disfrazada de “sexo seguro”

En un póster leí: “Día Mundial de la Prevención de la Gravidez en la Adolescencia incentiva el conocimiento sobre la contracepción responsable y moderna”. ¡Me asusté! En ese anuncio, se supone como natural que las adolescentes están teniendo relaciones sexuales y que lo que necesitan es saber sobre los métodos anticonceptivos responsables y modernos.

La máscara mundana del “sexo seguro”2

Foto: Wesley Almeida/cancionnueva.com.es

Esa propagando es solamente una pieza más del “teatro” (para no usar una palabra más fuerte) que estamos viviendo como sociedad. La primera pregunta que me vino, al ver ese cartel, fue esta: ¿Cómo proclamar y vivir el plan divino para el hombre y la mujer, llamados desde el principio a la íntima comunión interpersonal, cuando el slogan más famoso que tenemos referente al sexo es el “sexo seguro”, como si el aspecto más importante de la unión sexual fuera no contraer enfermedades o prevenir una nueva vida? No quiero tratar aquí las mentiras “técnicas” de ese slogan. Quiero tratar su aspecto moral. Para eso debemos responder:

1. ¿Cuál es la imagen del hombre y de la mujer?
2. ¿Cuál es la meta?
3. ¿Cuál es el resultado que esconde ese tipo de slogan?

La imagen transmitida por el slogan es que el hombre y la mujer son puro instinto, y que, al no conseguir contenerse frente al estímulo provocado por el otro, deben estar prevenidos para una relación casual, de ahí la necesidad de llevar un preservativo en el bolsillo o la píldora en la cartera. Queda claro entender porque la preocupación fundamental es la prevención de enfermedades o del embarazo (que también es tratado como una enfermedad). Ya no se logra enseñar qué es, realmente, la relación sexual, y que los jóvenes (¡y adolescentes!) no logran contenerse, por lo menos son engañados, fingiendo que la distribución de preservativos y píldoras pueden ayudarlos.

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La imagen del hombre y de la mujer

La imagen del hombre y de la mujer en el plan divino es bien opuesta a esa. Afirma que el ser humano es un ser libre y, diferente al animal, puede y debe escoger. Es más, cuando Adán vio y dio nombre a todos los animales, no encontró a nadie, entre ellos, para entrar en comunión, para establecer relaciones interpersonales. Más allá de los detalles referentes al carácter mítico del relato, encontramos, en el Génesis, la verdadera esencia del hombre: es creado para alguien, para la mujer, y de ahí la elocuente frase que resume su alegría y exultación: “Ahora sí, hueso de mis hueso, carne de mi carne” (Gn 2,23).

Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen, y el Señor es una eterna comunión de amor de las tres Personas Divinas. Vislumbramos así la nobleza del ser humano y de su llamado a reflejar esa imagen precisamente en la unión de una sola carne, esto es, en la unión por la cual el esposo y la esposa renuevan el amor total, fiel, exclusivo y abierto a la vida, que prometieron en sus bodas. Por eso, fuera del matrimonio, la unión física se priva de las cualidades del auténtico amor y manifiesta así un falso lenguaje del cuerpo (Cf. Audiencia de Juan Pablo II, 22 de Agosto de 1984).

La meta

La meta del slogan “sexo seguro” es aumentar la promiscuidad sexual. Por el aumento de embarazos de niñas y adolescentes, podemos comprobar esa triste realidad. Lógicamente que toda la culpa no recae solamente en esa campaña nacional del Gobierno ni otras parecidas a esa. Toda nuestra anticultura tiendo a eso: músicas pornográficas siendo cantadas a los bebés, novelas como alimento diario de las familias, una dictadura de moda que hacer que las mujeres se vistan promiscuamente. ¿Si eso es plantado diariamente, qué queremos cosechar? ¿Una generación heroica o una generación enferma?

La meta de la unión conyuga en el plan divino es una meta inscripta en el propio cuerpo masculino y femenino, que exige una entrega consciente y libre de toda la persona, no solamente su genitalidad. Separar la persona de su sexualidad es reducirla, tornándola simplemente un objeto para satisfacer su deseo concupiscente, esto es, un deseo malo. Por eso, para que una unión conyugal sea auténtica, es necesario un amor maduro, que, al salir de mí mismo, acepte ser total e irrevocablemente del otro.

Un amor, en palabras de Juan Pablo II, que reconozca el significado esponsal del cuerpo humano, esto es, su capacidad de expresar amor, precisamente aquel amor en el cual la persona se torna un don y, por medio de ese don, realiza el sentido completo de su ser y de su existencia (Audiencia de Juan Pablo II, 16 de Enero de 1980). Pero alguien solo puede tornarse un don a medida que se posee, por eso sin autodominio no hay amor verdadero.

El resultado

El resultado que el eslogan “sexo seguro” produce es una generación esclava de sí misma, pues la pasión se manifiesta a sí mismo como una insistente tendencia en dirección a la satisfacción de los sentidos y del cuerpo (separada de la persona). Y la satisfacción, de acuerdo con el hombre dominado por la pasión, busca extinguir el fuego, pero en vez de eso no alcanza las fuentes de paz interior. El hombre que está ocupado en satisfacer sus sentidos no encuentra descanso ni se encuentra a sí mismo; al contrario, se consume a sí mismo. (Audiencia de Juan Pablo II, 10 de Septiembre de 1980).

El resultado de plan divino es que el hombre y la mujer puedan ver sus cuerpos orientados interiormente por el don sincero de la persona, revelando un valor y una belleza que sobrepasan la dimensión simplemente física de la sexualidad, y en esta donación se realizan como personas al reconocer en el otro un ser único e irrepetible: alguien escogido por el eterno Amor. (Cf. Audiencia de Juan Pablo II, 16 de Enero de 1980).

¡Ah, si el Plan Divino fuera el fundamente de la imagen, de la meta y del resultado, buscado en un slogan de campaña nacional, cómo todo sería diferente!

Fuete: www.teologiadocorpo.com.br

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