La sanación en los vínculos

“Tú no estás lejos del Reino de Dios”

La palabra está en Marcos 12, 28-34. Vamos a comenzar de una manera diferente, vamos a comenzar con el último versículo. “Tú no estás lejos del Reino de Dios”, pero ¿qué es el Reino de Dios? El Reino de Dios es Paz, justicia y alegría en el Espíritu Santo. Ahora imagina tu vida con esta Paz. Paz en el trabajo, en tus relaciones. Imagina tu vida con esta justicia, dando al otro lo que es del otro y recibiendo lo que merecemos. Ahora imagina tu vida con esta alegría, no con la alegría que pasa, que está presente solamente cuando todo está bien, sino aquella que nos acompaña aun en medio de la tribulación, de la dificultad.

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“Escucha Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor”

Jesús nos enseña a vivir este Reino de Dios aquí en la tierra. Nuestra vida tenemos que vivirla bajo la mirada de Dios. Imagina toda la creación de Dios, y nosotros somos como un grano de arena ante todo lo que existe, pero Él en su bondad nos mira, siendo muy pequeños, y nos bendice. “Escucha Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor” este es el primer mandamiento. Podemos comenzar cada día de nuestra vida, declarando que Dios es el único Dios, es el Dios vivo, el Señor de nuestra vida, y podemos vivir el día entero recordando esta verdad y viviendo una vida dignamente. Y a la noche, al acostarnos, declarar una vez más; puede ser que estemos pasando por situaciones horribles, ¡pero hay alguien que se preocupa por ti y ese alguien es Jesús!

Amarás a tu prójimo como a ti mismo

Si tenemos la seguridad de que Dios es nuestro Señor que somos sus hijos, vamos a vivir en la confianza de que, aún en las tribulaciones, estamos bajo la mirada y el cuidado de Dios. El segundo mandamiento que Dios nos da es “amarás a tu prójimo como a ti mismo” cuidando de nuestros hermanos como nos gustaría que cuiden de nosotros. La vida pasa muy rápido y a veces no nos damos cuenta de las necesidades de nuestros hermanos, y Jesús nos pide actos concretos en todo lo que hacemos, con caridad y amor, comenzando por nuestros pensamientos y palabras, porque las palabras tienen fuerza para bendecir o maldecir. Aquello que decimos comienza en nuestros pensamientos, y pensamos aquello de lo que está lleno nuestro corazón; necesitar sembrar cosas buenas en nuestros corazones.

Vamos a vigilar nuestras palabras, no digamos cosas malas a las personas que amamos, que son importantes para nosotros, pues muchas veces nosotros maldecimos nuestra propia vida, y no podemos vivir de esta manera.

Que nuestras palabras sean de bendición y no de maldición

Así como en la parábola del hijo pródigo, cuando el hijo vuelve a la casa, el padre no le dice nada malo, no le da un sermón, pues no era eso lo que el hijo necesitaba en aquel momento, el hijo necesitaba acogimiento, misericordia, y eso fue lo que el padre le dio al hijo, le dio la mejor túnica, colocó un anillo, e hizo una fiesta, era lo que el hijo necesitaba, y si muchas veces no somos capaces de hacer como el padre del hijo pródigo, pidamos al Espíritu Santo esta gracia.

Jesús nos amó hasta el último suspiro

Mis hermanos, puede ser que en nuestras vidas, tengamos muchos dolores y marcas, porque las personas no nos trataron como merecíamos, tal vez nunca hayamos recibido el amor que necesitábamos recibir, pero si vivimos la vida en la verdad, sabiendo que somos hijos de Dios, sabremos que somos amados hasta el último suspiro, porque Jesús nos amó hasta su último suspiro.

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Maria Beatriz Spier Vargas
Coordinadora del Ministerio de Predicación – RCC

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