Los beneficios de la Eucaristía para la vida interior

Tres beneficios de la Eucaristía para una vida espiritual

Incontables son los beneficios de la Sagrada Eucaristía para una vida interior en Dios. Identificar esos favores nos tornan mejores personas y más comprometidas con el Evangelio.

Oración

El Catecismo de la iglesia dice que “La Eucaristía es el memorial de la Pascua de Cristo, esto es, de la obra de salvación realizada por la vida, muerte y resurrección de Cristo, obra que se hace presente por la acción litúrgica” (CIC 1409).

Así en la Eucaristía, somos invitados a participar de la gracia que este sacramento nos confiere: la salvación en Jesucristo por el Misterio Pascual, que también nos conduce a otros beneficios en nuestro interior.

Veamos entonces algunos beneficios de la Eucaristía para la vida interior.

Eucaristía y Silencio

El Papa Francisco, en una homilía en la Casa de Santa Marta, afirmó que es necesario “guardar un poco de silencio para escuchar a Dios, que nos habla con ternura de Padre y de Madre” Pues, para escuchar esa voz tierna, es imprescindible un camino de vida interior.

Ante un mundo modernizado, con avances tecnológicos y de rápidas transformaciones, podemos notar que el hombre se encuentra perdido muchas veces, en el activismo, en la búsqueda frenética por un status, posición, poder y tantas otras realidades, que le hace mirar más hacia lo exterior que hacia su interior. De esa forma, descuida el silencio que lo lleva a la interioridad, que no es simplemente dejar de hablar o evitar ruidos, si no una postura profunda de quien quiere escuchar a Aquel que tiene mucho que decirnos.

En la Eucaristía, somos provocados a escuchar al Señor en el silencio de nuestro corazón, porque El quiere hacer morada en nosotros. Con eso, en la vida interior, vale recordar lo que decía San Agustín, que “En lo más hondo de nuestro santuario interior está Él. Él preside nuestra más íntima interioridad y es superior a todo cuanto hay en mí de superior”. Imaginemos entonces, la intimidad que tenemos al encontrarnos en comunión con el Cuerpo y la Sangre de Jesús, pues, lo íntimo de nuestro interior recibe a Aquel que está en lo más íntimo de nosotros.

La Palabra dice: -después tomó el pan y dando gracias a Dios lo partió y les dio diciendo: Esto es mi Cuerpo, que será entregado por ustedes” (Lucas 22,19). Jesús, en la última cena con sus discípulos, nos da su propio Cuerpo y Sangre.

Eucaristía y Oración

Jesús siempre mostró el camino de la oración. Varias veces, El se retiro para estar con el Padre, como es narrado en el Evangelio, que luego después de la primera multiplicación de los panes, El “subió a la montaña a solas para orar. Anocheció y Jesús continuaba allá solito. (Mateo 14,23). Así, en la vida interior en Dios, es importante comprender que la oración es “la elevación del alma a Dios y la petición a Dios de los bienes convenientes” (CIC 2559). O sea, orar es colocarse en la presencia del Señor, y estar, es escucharlo hablar y dejarse envolver por El.

De esa forma, la participación en la Eucaristía nos beneficia en la vivencia interior de la oración, pues el alma se eleva delante de un Dios que es cercano. Esa experiencia acontece en un espacio concreto y real, que es en la Iglesia, pues “La Eucaristía y la oración son el culmen de la vida de la iglesia, porque en ella Cristo asocia a su Iglesia y todos sus miembros a su sacrificio de alabanza y de acción de gracias, ofreciendo al Padre de una vez por todas en la cruz; por este sacrificio, El derrama las gracias de la salvación sobre su Cuerpo, que es la Iglesia” (CIC 1407)

Así, en la Eucaristía, somos beneficiados con el mejor lugar para encontrarnos con Dios, en nuestro corazón. Qué bueno sería que todos tuviéramos la claridad de Santa Teresita del Niño Jesús que decía: “La oración es un impulso del corazón, y una simple mirada lanzada al cielo, un grito de reconocimiento y amor en medio de las pruebas o en medio de la alegría” (CIC 2558). Pues la oración en la vida interior, tiene como reflejo: el amor y la alegría.

Eucaristía y Santificación

San Juan Pablo II, en su Encíclica Ecclesia de Eucharistia dice:”La Iglesia vive de la Eucaristía” de tal forma que, los que viven de la Eucaristía caminan con la iglesia en un proceso de santificación, porque la Eucaristía es fuente de santidad y vida. La biblia nos enseña en 1Juan 2,6 que “aquel que afirma permanecer en El, debe vivir como El vivió”, porque vivir como Jesús, pensar como Jesús, hablar como Jesús es buscar ser semejante a Él. Así, seguir los pasos de Cristo solo es posible mediante su gracia, ya que “Todo lo que Cristo vivió fue para que pudiésemos vivir en El y para que El viva en nosotros”.

Nosotros somos llamados a ser una sola cosa con El; El nos hace partícipes como miembros de su cuerpo, de todo lo que El vivió en su carne por nosotros y como modelo nuestro (CIC 521). Por lo tanto, hagamos nuestra parte y estemos unidos a Cristo en la Eucaristía, en comunión con Su Cuerpo y Sangre que nos santifica.

Jesús por su Pasión, Muerte y Resurrección, nos dio la salvación para que podamos, así alcanzar todos los beneficios que la Eucaristía nos concede diariamente al participar de tan grande Misterio de donación total de Dios al hombre, para vivir una verdadera vida interior que de frutos de santidad.

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Márcio Leandro Fernandes
Filósofo y Misionero de la Comunidad Canción Nueva

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